Mucho antes de que la voz humana y los instrumentos musicales del hombre produjeran sonidos armoniosos, la naturaleza ya emitía sus cadencias, esas melodías surgidas del agua cantarina en la quebrada, de las olas que se aquietan en la playa, de las palmeras susurrantes al vaivén del viento, del canto de los grillos, los cacareos y los gorgeos, del rumor del bosque y de la lluvia, porque todo en la naturaleza es un concierto.
Seguramente
esos sonidos inspiraron la creatividad del hombre. Las flautas de hueso de la
prehistoria demuestran el interés del hombre primitivo por crear sonidos.
La
música ha marcado las épocas, ha sido moda, sus expresiones han sido efímeras o
trascendentes. Una en particular identificamos con la plenitud y con lo culto, la
que llamamos clásica. La música del período clásico constituye para muchos,
como yo, la cumbre de la creatividad, que conduce la emoción a su apogeo, que
transporta al hombre de lo terrenal a lo divino.
La
música llena todos los ámbitos de la vida humana está presente en lo intelectual
y lo mundano, en lo frívolo y en lo trascendente, en lo religioso y lo profano.
La música es arte. Es la bella expresión de los sonidos. Sin belleza no hay
música, como tampoco hay poesía cuando falta el ritmo y la armonía, así el
gusto de una humanidad en decadencia tenga otras concepciones.
La música es parte fundamental del humanismo, como ilustración, como vivencia.
Luis María Murillo Sarmiento MD.