viernes, 14 de noviembre de 2014

FÉLIX RAFFÁN GÓMEZ, EL HOMBRE Y EL POETA

Conocí a Félix Raffán Gómez, como a tantos amigos de mi padre, en alguna esquina bogotana; en aquéllos años de infancia en que de la mano de papá atravesaba calles y recorría una ciudad concentrada en lo que hoy apenas es el Centro y Chapinero.

Solo con los años vine a saber quién era aquel señor de gabardina café con quien mis pasos terminaron por cruzarse en forma rutinaria. Fue para mí, primero, el periodista, luego, el poeta.

“Para mi noble amigo Luis María Murillo, varón excepcional de la historia científica de Colombia, quien ha hecho de la investigación un dogma de fe y de la amistad sincera un sacramento”. Esta dedicatoria a mi padre, en sus Poemas de puño y letra, en marzo de 1974, me introdujo en una nueva dimensión de aquel hombre que ya como periodista era importante.

Muchos poemas de aquella obra eran mínimos, como el mismo los había titulado, breves y hermosos invitaban a la degustación exquisita, se bebían raudos, se disfrutaban con avidez, se terminaban de leer en un instante. Los había hallado por causalidad, revisando la biblioteca de papá, tras su muerte, seis meses después de la dedicatoria.

Tras aquella aflicción, me seguí encontrando, y por mucho tiempo, a aquel hombre admirable, cuando nuestros pasos se terminaron por cruzar regularmente al ser vecinos del mismo barrio. “A fuego lento”, solía decirme al responder mi saludo. Y “a fuego lento”, terminé, como él, por definir la vida. 

Para mí la memoria de Félix Raffán es entrañable, por aquellos recuerdos, desde luego, pero también por ser el padre de uno de mis amigos más preciados, Fernando Raffán Sanabria, condiscípulo en la facultad de Medicina del Rosario, médico anestesiólogo y prologuista de una de mis obras.

Quiero que conozcan, recuerden y admiren a Félix Raffán Gómez,

La vida de un hombre como él llena extensas páginas, yo la resumiré, para ser breve, en pocas líneas, pero sembrando la inquietud para que se profundice en su vida y en su obra.

Florida, Valle del Cauca, vio nacer a Félix Raffán el 17 de julio de 1918. Su alma, brotada para menesteres intelectuales, rápidamente se vio entregada al periodismo, la educación, la literatura y el derecho.

Fue redactor estudiantil, obvio oficio para su vocación temprana. Tras sus estudios secundarios en el colegio Santa Librada de Cali y en el Universitario de Bogotá estudió derecho y se graduó de abogado en el Externado de Colombia en 1947. Ávido intelectual, también estudio en la Universidad Libre filosofía. Fue juez y profesor universitario. Estudiantes de la Javeriana, Inpahu y Los Libertadores recibieron sus lecciones.
Siempre fiel a sus inclinaciones periodísticas, dirigió, simultáneamente con sus estudios universitarios, revistas y medios informativos. Fue jefe de redacción del diario La Razón de Bogotá, entregando en sus páginas la primera notica escrita sobre el asesinato de Gaitán. Fundó el periódico El Liberal del Valle del Cauca y se enroló, por invitación del presidente Eduardo Santos, en El Tiempo, diario bogotano con el que compartió más de treinta años de su vida. Entre tanto a periódicos extranjeros como El Telégrafo, de Guayaquil; La Estrella, de Panamá; The New York Times y el Excelsior, de México, llegaban sus colaboraciones.   
En solitario, o secundado por parecidos quijotes, fue fundador de revistas, periódicos, centros de estudios, asociaciones y academias, emparentados siempre con sus nobles oficios intelectuales, algunos fugaces, otros perdurables, como el reconocido CPB, Círculo de Periodistas de Bogotá. De sus andanzas literarias como el Círculo Literario de Bogotá y el Centro Poético de Bogotá, debo confesar que desconozco su suerte.

Su poema “Paisaje”, galardonado con el premio Pluma de Oro de la Academia de Letras Castellanas de Nueva York será siempre mención obligada de sus letras, pero sus escritos son muchos más, e igual de trascendentes. Sus libros alcanzan la veintena. A más de los poéticos, los hay didácticos, sociológicos y biográficos. Son algunos de sus títulos: Poemas de puño y letra, Agua y cántaros, Transparencia, Canción de la sangre, La profesión periodística en Colombia, Poemas didácticos infantiles y los derechos del niño, La vida increíble del aviador Valdés Tavera y El caballero del espíritu (biografía de Juan Lozano y Lozano).

Un día de 1996, el 22 de abril exactamente, debimos despedirlo de su trasegar terreno. El Día del Idioma fue inhumado. Oculto mensaje del destino al despedir ese día a quien a las letras consagró su aliento. Una biblioteca estatal y un colegio de Florida (Valle) lo recuerdan, y más que eso, como todo hombre que trasciende, helo aquí, hoy, compartiendo su obra con nosotros.

POEMAS DE FÉLIX RAFFÁN GÓMEZ

PAISAJE RURAL

Paz fluorescente del día
sobre tierras de cobalto,
atisbo de lábil salto,
tallado en la lejanía.
Rompe la esquela del día
la negra espada de un vuelo,
mientras la raza en desvelo
musita fértil plegaria
a la placidez agraria
que lanza aromas al Cielo.

LA LÁGRIMA

Imagen del amor
o de la pena,
miniatura del hombre
y de la mar,
expresión transparente
de la vida,
y antítesis de oscura
claridad.

NOCTURNO

La luz de la luna llena
aclara la voz del grillo
que gime cerca a la charca
con su dolor sin alivio.
Entre tanto el agua mansa
sueña en ser nube de estío.

ANSIEDAD

Clepsidra rota en que vertí la arena
de mi arduo batallar hacia el olvido,
Espera inútil del amor transido
ante el fuego silente de mi pena.
Noche sin sueño bajo la serena
resignación tenaz de lo perdido;
como los niños pobres he nacido,
condenado a mirar la dicha ajena.
Mi vida es un feral desasosiego,
va izando la inquietud de su bandera
en la roca del terco laborar.
Y ansía lo imposible como un ciego
que con las manos contemplar quisiera
los paisajes espléndidos del mar.



SONETO A UNA CRUZ DE PIEDRA

Marmórea flor para signar la altura
entre el cielo y la rosa vacilante,
castillo del amor, que cada instante
funde la llama con la noche oscura.
Medida del dolor y la amargura,
eternidad gozosa y anhelante,
génesis de la fuente rutilante
donde se igualan paz
y luz ventura.
Signo de redención y de armonía
para romper tinieblas y pavura,
cual la brillante plenitud del día.
Aquesta cruz de piedra, es un mensaje
puesto en la cima de la roca dura
como una bendición sobre el paisaje.

ORACIÓN AL PAN

Padre pan que mitigas el hambre
al labriego, al mendigo, al zagal;
al penado que envidia las nubes
y al buen santo que encarna la paz.
Padre pan que te entregas al mundo
en substancia de trigo candeal,
y te empapas en zumo de vides
en un rito de amor celestial.
Padre pan que te das al obrero
en anhelos de suma ansiedad,
al enfermo y la madre que espera
un milagro de amor germinal.
Padre pan que vigilas el sueño
de los niños en cruda orfandad,
sé con ellos calor generoso
y en su cuna no faltes jamás.
Padre pan, tu que llenas despensas
a los ricos, al rey y al sultán,
dános siempre la gracia de verte
presidiendo el mantel familiar.
Padre pan que apaciguas el odio
y eres nuestro y ajeno a la par,
elimina la angustia del hombre
con raudales de eterna bondad.
Padre pan que ennobleces la vida
y cimientas la paz del hogar,
resplandece en la mesa del pobre
como Dios en la luz estelar.



BIBLIOGRAFÍA

Echavarría, Rogelio, Quién es quién en la poesía colombiana, en Biblioteca Virtual de la Biblioteca Luis Ángel Arango. 
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/quien/quien18a.htm visita 22/10/2014

Félix Raffán, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-283323 23.4.1996

Perry, Oliverio. Quién es quién en Venezuela, Panamá, ecuador y  Colombia, Editprial ARGRA 1952 pág 922

Perry, Oliverio. Quién es quién en Colombia, Editorial ARGRA, Cuarta edición, 1970 pág 340

Raffán G, Félix Poemas de Puño y Letra,

RAFAEL POMBO, POETA PARA NIÑOS Y PARA TODAS LAS EDADES - PERFILES DEL POETA

El año en su carrera rauda se termina, y este octubre, no es más que el anuncio de otra Navidad que se avecina. Ya veo al final del mes a los niños disfrazados, desfilando por las casas… pidiendo caramelos. Cuánta ternura encierran sus vidas inocentes. Cuánto futuro su historia inexplorada. Ellos son el bien de la patria… o su desgracia. Todo depende del buen abono que nutra la semilla. Dediquémonos a ellos con la responsabilidad y el amor que el fruto fresco nos demanda. Sembremos virtud y hagámoslos felices, de pronto, así, forjemos una Colombia con buenos ciudadanos.

Hagamos, hoy, de los niños, el centro de nuestra atención. Honrémoslos. Dediquemos esta tertulia a ellos y a quienes enriquecieron el mundo de la infancia.  

Yo recordaré a un poeta que ha sido por tradición el de los niños: Rafael Pombo, el de la niñez de los abuelos, el de la niñez de nuestros nietos; poeta de los niños, y poeta de los viejos, en fin, poeta de todas las edades. Porque es el de la infancia de numerosas generaciones, pero también, porque su poesía llena todo el espectro de la existencia humana.

Tal fue el hijo de Ana María Rebolledo y Lino de Pombo, personajes de la aristocracia payanesa cuyas tumbas, convertidas en una sola morada, topé en recorrido reciente por la galería central del Cementerio Central de Bogotá. Allí también se encuentra el mausoleo del poeta bogotano. El que nació el 7 de noviembre de 1833 y murió el 15 mayo de 1912.

Fue Pombo un poeta sin hijos, que cantó a los hijos de los millones que sí los engendraron. Y cuyos cuentos y fábulas seguirán aguardando que nuevas criaturas asomen a la vida.

Sin embargo su obra es más que poesía infantil. Descubro en el autor un poeta integral, capaz de circunscribir con sus letras todos los tópicos que pueden albergarse en un poema. Pombo es tierno, infantil, melancólico, filosófico, naturalista, crítico, intelectual, burlón, belicoso, ético, aleccionador, político. Él ilustra como ninguno cuánto un poeta puede hacer con los versos.

Fue versátil, multifacético, e incursionó en multitud de actividades. Fue poeta -si de enumeración se trata no sobra repetirlo-, diplomático, crítico, periodista cultural y político, soldado juvenil y revolucionario, políglota, libretista de ópera, traductor… hasta homeópata.

Fue versado en el latín, el alemán, el francés, el inglés, el italiano, el portugués, fue traductor de Byron y de Horacio. Un traductor singular, capaz de superar con su creatividad el texto original. Eso no lo saben quienes no conocen, por ejemplo, el texto inglés del siglo XVIII que dio origen a Simón el Bobito. Hasta plagiario lo llamaron. ¡Terrible desatino! Cuando comparo la fuente original y la genialidad del bogotano, descubro que convierte una sencilla canción de cuna de tres estrofas, un poema acaso insípido, en un formidable poema infantil de 15 estrofas.

Rafael Pombo nos dejó alrededor de dos centenares de fábulas y cuentos, cuya enumeración en esta sesión no tiene objeto: sobra cuando nuestra mente los guarda inalterables. Porque desde la tierna infancia, con la misma familiaridad con que brota nuestro nombre, brotan los versos tras la sola mención de las palabras  introductorias del poema. ¿Quién no terminaría estos versos?: “Pastorcita perdió sus ovejas”… “¿y quién sabe por dónde andarán”. “El hijo de Rana”… “Rinrín Renacuajo, salió esta mañana muy tieso y muy majo”. “Simón el Bobito llamó al pastelero:”…“¡A ver los pasteles! ¡Los quiero probar!”. “Era una pobre viejecita”… “sin nadita que comer”. “Mirringa Mirronga, la gata candonga”… “va a dar un convite jugando escondite”.

Pombo fue genial, y un prodigio juvenil. Algunas de sus afamadas obras como “Horas de tinieblas”, “Los filibusteros”, los poemas suscritos por Edda, brotaron antes de que el poeta cumpliera los 23 años.

La vida y obra de Rafael Pombo es pródiga en contrastes. Vivió diecisiete años en Estados Unidos, once de ellos como diplomático en Nueva York, y fue un antimperialista consumado. Claro, eran los tiempos del filibusterismo, aquella práctica abusiva que proclamaba la doctrina del Destino Manifiesto,  resumida en la muy conocida frase “América para los americanos”, con la que Estados Unidos se apropió de muchos territorios.

Fue tildado de agnóstico y ateo, creo que en superficial interpretación de sus reclamos por males y dolores de este mundo. Yo encuentro, en cambio, en su profusa poesía moral y religiosa, muy poco conocida, un hombre profundamente religioso, creyente y confundido. Un hombre que cree en Dios, pero le asusta; un hombre que cree en su poder, pero llega a desconfiar de su bondad. Que espera más de Dios ante la imperfección y la desolación del mundo. Tanto habla de Dios que no lo niega; y que llega a afirmar en su reclamo: “la imperfección que no sosiega prueba al Perfecto, como el cuerdo al loco”.

Pombo fue poeta de lo social en cuanto sus versos se convertían en crónica de lo trascendente e intrascendente de su tiempo. Traspiraba versos, plasmaba y enjuiciaba la realidad con ellos, escribía versos de circunstancia. Ese vicio de hacerle versos a lo trascendente como a lo frugal, fue incomprendido, y terminó en la burla pública. Pero de la burla justamente se pasó al desagravio. Esa fue la historia de su coronación. Jesús del Corral y Alfredo Gómez, periodistas amigos suyos, afligidos con las burlas al poeta decidieron promover un homenaje nacional para compensarlo. La respuesta fue multitudinaria, Pombo fue coronado  el 20 de agosto de 1905 en el Teatro Colón como Poeta Nacional, sus sienes lucieron una corona de oro donada por el presidente de la República Rafael Reyes.

La pluma de este poeta, he dicho, fue multifacética. Así podemos encontrar el Pombo infantil de Simón el Bobito:

“Hizo Simoncito un pastel de nieve / Y a asar en las brasas hambriento lo echó, / Pero el pastelito se deshizo en breve, Y apagó las brasas y nada comió // Se lavó con negro de embolar zapatos / Porque su mamita no le dio jabón, / Y cuando cazaban ratones los gatos / Espantaba al gato gritando: ¡ratón!”.

El Pombo moralista de “El sermón del caimán”:

“Iba un paisano caimán / Más hambriento que alma en pena / Corriendo tras un gañán / Que sorprendió de holgazán / A orillas del Magdalena. […] // En zigzag trotó el patán, / Y fue táctica maestra / porque en girar no es muy diestra / la mole de don caimán. […] // Este colérico al fin / Gritó al gañán… / Ande usted siempre derecho, cual lo exige la virtud… // La virtud del monstruo aquel / Es la de todo malvado, /  Provechosa sólo a él / Para enlazar su cordel / Al cuello del hombre honrado”.

El Pombo pedagogo de “Abecedario retahíla” y “Alfabeto imaginario”:

N: “Luego viene doña N /  Con trabajo, / Que entre dos varillas tiene, / Punta arriba, / Punta abajo, / Una viga atravesada / Como un codo, / Que no cupo de otro modo”.
Ñ: “Y la Ñ es igualita, / Con un pero, / Que salió como a visita / Y se puso su sombrero”.
K: A la K se le quebró / El palo de la derecha / Que como punta de flecha / Contra el centro se dobló”.
T: “Cruz sin cabeza es la T / O ancho martillo de herrero / O lezna de carpintero / Como la usó San José”.

El Pombo romántico de “Mi amor” (1855). Aquel bardo cuasiadolescente que bajo el seudónimo de “Edda” fue una poetisa ovacionada. Seguido en sus versos y suspiros por jóvenes enamoradas que ni remotamente imaginaron tras de aquellos versos el latir de un pecho masculino:

“Era mi vida el lóbrego vacío, / Era mi corazón la estéril nada; / Pero me viste tú, dulce amor mío, / Y creóme un universo tu mirada. […] // Si esto es amor, ¡oh joven yo te amo! / Y si esto es gratitud, ¡yo te bendigo! / Yo mi adorado, mi señor te amo; / Que otras te den el título de amigo”.

El Pombo naturalista de “Quién supieres pintar”:

“¡Oh cielo hermoso! ¡Oh hermoso mundo! / Quien te pudiera pintar así, / Con esos montes, con esas aguas, / Con esa magia de ardientes fraguas / ¡Do el sol se funde para morir!”.

El Pombo filosófico de “Hora de tinieblas” (1855):

Oh, qué misterio espantoso / ¡Es este de la existencia! / ¡Revélame algo, conciencia! / ¡Háblame, Dios poderoso! / Hay no sé qué pavoroso / En el ser de nuestro ser. / ¿Por qué vine yo a nacer? / ¿Quién a padecer me obligue? / ¿Quién dio esa ley enemiga / De ser para padecer? // ¡Sabios funestos, callaos! / El caos físico ha cesado, / Pero el que lo hizo ha dejado / Al espíritu en un caos. / ¡Pobres hombres! revolcaos / Mintiendo felicidad; / Yo entre tanta oscuridad / Rebelde contra mi suerte, / Ansío deberle a la muerte, / O la nada o la verdad”.

El Pombo religioso de “La medida del pecado”:

“Contra un Dios infinito hemos pecado; / Por Él nuestro pecado es infinito. / […] // No sólo me creó. Por culpa mía / Bajó a morir clavado en un madero / Y sigue allí muriendo cada día; // Y libre por él, yo, su heredero / Ingrato y alevoso todavía / Con diarias culpas en su cruz lo hiero.”

O el religioso de “La fe inerte”:

“Peor que el que no cree, ni creyó nada / Es el que cree y calla, y no practica; / Porque el otro, a sabiendas, justifica / Y a ser su vil comparsa se degrada. // Quizá Dios de aquel mísero se apiada; / Donde no hay luz la ceguedad se explica. / Pero éste la hubo, y no la testifica, / Y ella en su contra dispondrá indignada.”

El Pombo antimperialista de “Los filibusteros” (1856):

“Venid a conquistarnos, vosotros, heces pútridas / de las venales cárceles del libre Septentrión; / Venid, venid, apóstoles de la sin par república / Con el hachón del bárbaro y el rifle del ladrón”.

El Pombo político, contra la dictadura de José María Melo (1854):

“Seis meses ya de infamia y de vergüenza, / ¡Seis meses de rapiña y tiranía! / Seis siglos para ti Granada mía / Que eternos en tu frente pasarán.”

El Pombo de situaciones de la boda de sus amigos Ignacio Osorio y Antonia Orrantia:

“De dos amantes venenos / Se hizo un néctar conyugal, / Ya el singular es plural /, Ya son propios sus ajenos. / Hay una soltera menos, Hay una casada más; / Ya es de veras un quizás, / Y hacen dos una existencia: / ¡Cuánta extraña consecuencia, / Más las que vengan detrás!”.      
                                                                                        
El Pombo epistolar:

“Sr. D. Manuel Pombo
Octubre 3 - 49
Con mucho agrado recibí la suya / Fechada en 19 del pasado / En la que dice Ud. que ya me encuentra / en escribirle más formalizado, […] // Esta por ir en verso le suplico / La aprecie en un valor por duplicado / Pues quiero expiar a costa de la musa / lo que una distracción haya causado; / Y le encarezco que correspondencia / Para más gusto en verso establezcamos”.

Pombo es inagotable, básteme decir que su “Poesía inédita y olvidada”, título con que Héctor Orjuela bautizó los dos volúmenes que el Instituto Caro y Cuervo publicó en 1970 con la obra menos difundida del poeta bogotano, sobrepasa las 1300 páginas. Así, que justo es que esta nota termine y que a quienes motivó su lectura vayan calmadamente en pos su vida y de su obra.


Luis María Murillo Sarmiento MD.
Vicepresidente Centro Poético Colombiano
Biblioteca Nacional de Colombia
3 de octubre del 2014

Bibliografía
Orjuela, Héctor. Rafael Pombo – Poesía Inédita y Olvidada Tomo I, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1970
Orjuela, Héctor. Rafael Pombo – Poesía Inédita y Olvidada Tomo II, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1970
Pombo, Rafael. Cuentos pintados, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1955

martes, 2 de septiembre de 2014

EL HIPERTROFIADO DERECHO DE LAS MINORÍAS

Con la complicidad de leyes y fallos judiciales las mayorías terminarán siendo oprimidas por las minorías, y los incluidos por los discriminados; proceso regresivo, absurdo, y contrario a las conquistas de la democracia. Pero nada extraño en todo caso: El hombre común no busca el equilibrio, la equidad y la justicia que pregona, sino el predominio de sus intereses. Por ello hoy en Sudáfrica son los blancos los que padecen la discriminación; o en Colombia son los hombres los que mueren ante la indiferencia de las feministas, que solo condenan los homicidios de mujeres, cuando son nueve veces más los hombres que son asesinados. Tal vez si la humanidad tuviera que luchar contra otra especie se uniría, de lo contrario, está condenada a solo defender el interés de sus fracciones. 

Los signos que advertimos son clara manifestación de que la dictadura de las minorías ha comenzado, y de que los tenidos por discriminados intimidan. Y lo hacen con la complicidad de no pocos legisladores y magistrados pusilánimes, y con el apoyo de la masa, que es ingenua o poco reflexiona.

La minoría suele ser reducida en número, pero desmedida en apetitos. Todas anhelan preponderancia sobra la mayoría. A ese paso la excepción resultará más deseable que la regla. 

Veamos por ejemplo la homosexualidad. No es normal, pero tampoco es un pecado. La persecución, la ejecución, la tortura y la humillación que en el pasado sus afectados padecieron, con toda razón son hoy inadmisibles. Sin embargo, no parece justo que a la tolerancia de la sociedad con los homosexuales ellos respondan con impertinencia y con comportamientos que convierten el recato en insolencia, cual si nos reprocharan la normalidad a los heterosexuales. Sus derechos no son ilimitados, y reclamar igualdad resulta difícil basándose en tan protuberantes diferencias. A puerta cerrada deben ser libres de hacer cuanto les plazca. Que les formalicen su contrato de convivencia y les den los privilegios que reclaman, en nada me molesta. Pero sí me resulta entre extravagante y divertido el terco empecinamiento de posar de matrimonio; y francamente grave, su obstinación en la adopción de niños. 

Lo natural es que un hijo tenga padre y madre, que a la vez sean de diferente género y se complementen. Su formación indudablemente lo demanda. Dos padres o dos madres son un inaceptable despropósito. Por más que tergiversemos el concepto tenemos que admitir que dos hombres o dos mujeres definitivamente no procrean: son las leyes naturales más poderosas y más sabias que las míseras mortales… por más que una corte “omnipotente” lo pretenda. 

Los hijos son un fin, no son un medio. El objetivo de la adopción no es complacer a unos adultos, sino garantizarle a los pequeño sus derechos. Someter a un niño al cuidado de dos padres o dos madres, negándoles la presencia de la figura parental del otro sexo es un absurdo. Muchos adultos afirmarán que jamás hubieran aceptado un hogar en tales condiciones, ¿qué hace suponer que el niño dado en adopción a una pareja homosexual sí deba hacerlo? Ante la duda la abstención es un criterio sabio. Lo más natural es lo que debe al niño proveerse, no la opción experimental y por capricho, en la que no hay más que ligeras conjeturas. 

Tal tipo de adopciones es un experimento que viola autonomías. La del niño que no puede expresarse, pero que debe interpretarse y decidirse a la luz de lo natural, lo habitual y lo probado, y no bajo el criterio de lo extraño, irregular e improvisado -no es el niño un conejillo de indias-; y la de los padres biológicos -ellos más “dueños”, que los extraños, de esa vida- cuya determinación se ignora negligentemente. 

En otro ejemplo de esta dictadura que postulo, traigo el caso de las negritudes. Recientemente en Cali un aviso dio para el linchamiento moral, que también hubiera sido físico, del autor de ese clasificado. Buscaba el desafortunado médico una colega joven de piel blanca. El personero, una organización antirracista –esto es, que practica la discriminación de otra manera- y muchos irascibles afectados pidieron la suspensión de la licencia profesional del implicado, la expulsión de la clínica en la que laboraba, amén de infinidad de agravios y amenazas. El autor del clasificado, amedrentado y humillado por la turba, no tuvo otra opción que doblegarse y ofrecer disculpas. 

Yo me pregunto de qué discriminación se estaba hablando. Porque buscar colega femenina discrimina al hombre, y pretenderla joven le niega la oportunidad a los maduros. Pero ni hombres ni profesionales viejos protestaron. ¿De dónde tanta exasperación de los negros y quienes los defienden? Si un médico negro el clasificado hubiera demandado, los no negros no hubieran protestado. En cambio intuyo que si se hubiera buscado hombre y no mujer, las feministas se habrían abalanzado. 

Estamos llegando a un estado extremo de irracionalidad en los conceptos. Una cosa es el respeto hacia a aquellos con quienes diferimos, otra, en nuestro entorno privado tener que soportarlos. ¿Si alguien busca pareja y la demanda blanca comete un exabrupto? ¿Deben aplicarle las leyes contra la discriminación? “No” es la respuesta de un juicio ponderado. Pero habría que ver la reacción de un enjambre hipersensible y quisquilloso. Si voy a compartir un consultorio debo hacerlo con quien mejor me siento. No pueden aplicarme normas que rigen para los sitios públicos. Yo, espontáneamente siento aprecio por los negros –no digo afrodescendientes, porque si África es la cuna de la humanidad afrodescendientes somos todos- pero debo entender que no todo el mundo les tenga simpatía. La simpatía como el amor y todo sentimiento, es ajeno al querer de las personas. Y por ello no se está agraviando a nadie. 

En materia de discriminación y minorías más que el derecho, que ya ha hecho lo debido, deben intervenir el buen juicio, la urbanidad y la moral. El respeto debe marcar la pauta. La mayoría no debe ser soberbia con quien se encuentra en desventaja, y la minoría debe respetar para que la respeten.

Luis María Murillo Sarmiento M.D.

miércoles, 6 de agosto de 2014

LA FUNDACIÓN DE BOGOTÁ, EN POS DE LA VERDADERA HISTORIA

Entre el relato cotidiano y la avidez por los detalles y hechos precisos, propios de quienes llevamos la pasión de Heródoto en las venas, hay un mar de curiosidad y desazón, que no se aquieta sin la colocación precisa de las piezas. 

La fundación de la “muy noble, muy leal y ciudad más antigua del Nuevo Reino1” -, la Bogotá que palpita en nuestros corazones, puede ser la sencilla historia de un seis de agosto, de doce chozas y tres conquistadores, que a todo bogotano le enseñan en la escuela. Pero puede ser, también, una historia más profusa, con versiones y detalles vagos o imprecisos, en la que debo acudir a conjeturas tras analizar hechos que pareciendo los mismos no coinciden. 

El acta de fundación nadie la encuentra, los archivos del cabildo ya no existen, hasta lo que quedaba en el Archivo Municipal se lo llevó el incendio que consumió las Galerías de Arrubla en 19002. Además se perdió cuanto escribió Jiménez de Quesada. Seguramente en su “Relación de la conquistas del Nuevo Reino de Granada” y en su “Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino” estaban los detalles que me hacen falta para hacerme a una historia irrebatible. 

En ausencia de documentos oficiales y de una fuente directa de los hechos toca conocerlos a través de los cronistas. No fueron de la fundación testigos presenciales, pero recogieron una tradición reciente en su momento. Se heredaron unos a otros las noticias y si lo que afirman no es auténtico ya la historia lo tiene como cierto. Han sido los más estimados, y fuente de mis indagaciones, Fray Antonio Medrano (-1572), Juan de Castellanos (1522-1607), Fray Pedro de Aguado (1538-1609), Juan Rodríguez Freyle (1566-1642), Fray Pedro Simón (1574-1628) y Lucas Fernández de Piedrahita (1624-1688). 

En relación con nuestra historia vale la pena tomar en cuenta ciertas consideraciones que demuestran que aquellos solamente pudieron conocer los acontecimientos por terceros: Pedro Simón tenía cinco años cuando murió Jiménez de Quesada y Lucas Fernández de Piedrahita nació 45 años después de este suceso. Y para la fundación de Santafé, Castellanos era un niño, Pedro de Aguado era de brazos, Rodríguez Freyle, Pedro Simón y Fernández de Piedrahita aún no habían nacido. En cuanto a Antonio Medrano buena parte de su vida de es un misterio, fecha y lugar de nacimiento, por ejemplo, son desconocidos. Sin embargo, antecedió a los demás cronistas en el Nuevo Reino de Granada, participó en las conquistas y acompañó a Jiménez de Quesada. Debió conocer de boca del fundador la verdadera historia. 

El Archivo General de Indias3 no aporta más que lo que afirman los cronistas. El historiador Juan Friede, ucraniano del siglo XX, nacionalizado en Colombia, en “Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá” aborda los misterios de la fundación tras detallado análisis de los documentos relacionados encontrados en el archivo mencionado. 

La realidad suele ser una tradición que damos por sentada. Cuando es difícil soportarla en pruebas fehacientes, recurrimos a los testimonios, y en muchos casos, como en este de la fundación de Bogotá, el testimonio es uno mismo que salta de autor en autor, de texto en texto y de siglo en siglo, irremediablemente. 

Vemos por ejemplo que José Manuel Groot (1800-1878) en su “Historia y cuadros de costumbres” retoma a Lucas Fernández de Piedrahita, y este se vale de Juan Castellanos, del “Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino” de Jiménez de Quesada, y de los escritos de Pedro de Aguado y Antonio Medrano para escribir la “Historia general de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada4”. 

Aguado retomó la historia escrita por Medrano cuya publicación truncó su muerte. La completó y perfeccionó, dice Pedro Simón. Nació así su “Recopilación Historial”, obra cuya autoría, en cabeza de Aguado, debe razonable y justamente atribuirse a los dos religiosos y cronistas. 

Rodríguez Freyle cuenta la historia de la fundación en “El Carnero”, obra que de por sí tuvo por título original el de “Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del mar Océano y fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza, se hizo arzobispado5”. 

Prosiguiendo en esta sucesión de trascripciones, los textos de Aguado fueron fuente para los de Fray Pedro Simón, quien particularmente reprodujo los de Juan de Castellanos, a quien le cabe el título de cronista más copiado. En una época en la que probablemente poco se hablaba de copias y de plagios, la obra de Castellanos, “Elegías de varones ilustres de Indias6”, escrita en verso, es ingeniosa y única. Dan fe de ello sus más de cien mil endecasílabos. 

Fray Pedro de Aguado, tomado por el más antiguo de los cronistas del Nuevo Reino -sospecho que puede ser Medrano-, era como Medrano religioso franciscano, llegó a finales de 1561 al Nuevo Mundo y en agosto de 1573 era provincial del convento de San Francisco en Santafé. De Juan de Castellanos se sabe que pasó por Santafé en 1551 y en 1560, y que murió en Tunja en 1607, parroquia a la que sirvió durante 45 años. Fray Pedro Simón llegó al Nuevo Reino en 1604. Los otros dos cronistas son neogranadinos, nacieron en Santafé de Bogotá. Juan Rodríguez Freyle en 1566 y el obispo Fernández de Piedrahita en 1624. 

Y volviendo a la fundación de Bogotá, ¿en dónde comienza la ciudad, entonces? ¿En el Chorro de Quevedo? ¿En la Plaza de las Yerbas? ¿En la Plaza Mayor, hoy de Bolívar?

Ordenando los hechos y haciendo la correlación debida creo que la sucesión es como sigue: 

Llega el fundador al primer pueblo muisca el 12 de marzo de 1537. Es Bacatá, el mayor de los dominios de los muiscas. En sus feudos está Chía, pueblo en el que pasa esa Semana Santa. Marcha a Suba, en donde permanece quince días. Desde sus cerros, con su vista, domina la Sabana. El valle del cacique Bogotá, que es el que observa, lo inspira a darle el nombre de otro grabado en sus recuerdos. Valle de los Alcázares, lo nombra. Muchos sucesos acontecen. Hay expediciones, enfrentamientos, ambiciones, titubeos hasta la pacificación del territorio7. Tras ello, en búsqueda de un nuevo sitio para asentar la tropa, Pedro Fernández de Valenzuela, enviado por Jiménez, encuentra el lugar en Thybzaquillo (Teusaquillo), sitio de recreo y mirador del zipa. Allí se instalan. El sitio será luego la plaza del Chorro de Quevedo8 -o sus inmediaciones-, hoy oriente la de carrera segunda y norte de la calle trece. Es apenas el asentamiento militar, la instalación de un campamento. Un nombre le da al futuro pueblo: lo llama Nuestra Señora de la Esperanza; Santa María de la Esperanza, afirmarán algunos. Pero Bogotá aún no se ha fundado. Así que descartemos como lugar fundacional el Chorro de Quevedo. 

Gonzalo Jiménez de Quesada ha de marchar a España a dar cuenta de su descubrimiento, pero considera que antes debe dejar “asentada y poblada alguna ranchería á modo de pueblo, en donde quedasen avecindados los españoles que dejaba” -escribe Fray Pedro Simón en “Noticias Historiales”-, para que las tierras del cacique Bogotá las dejasen libres a los indios. Ordenó explorar el territorio y encontrar el mejor sitio para asentar las casas. Lo escogieron en esa aldea llamada Teusaquillo. Jiménez en presencia de indios, capitanes y soldados se apeó del caballo y dijo –según Simón-: “que tomaba posesión de aquel sitio y tierra en nombre del invictísimo Emperador Carlos Quinto para fundar allí una ciudad en su mismo nombre […] desnudó la espada diciendo: que saliese si había alguien que lo contradijese á aquella fundación. […] No habiendo quien saliese á la defensa, envainó la espada y mando al escribano del ejército hiciese instrumento público que diese testimonio de aquello con testigos9”. 

El sitio corresponde a lo luego se conocerá como Plaza de las Yerbas, y siglos después como Parque de Santander. 

En los días siguientes se erige una ermita y doce casas de paja en recuerdo de los doce apóstoles, dice Pedro Simón, aunque Juan de Castellanos afirma que las doce tribus de Israel las inspiraron. El Día de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 1538, se funda la ciudad, si bien alguna posibilidad dejan los historiadores de que haya sido en 1537, dado que las crónicas señalan que fue cinco meses después del arribo de Jiménez de Quesada a territorio muisca -¿por qué no pensar que su llegada se produjo en marzo de 1538?-. Lo que no deja duda es que el fraile dominico, Domingo de las Casas, probablemente primo o hermano de fray Bartolomé, el “Protector de Indios”, dijo la primera misa y que la ciudad recibió su nuevo nombre: Santafé. 

La ermita de paja, primera iglesia de la ciudad, fue reedificada y tomó el nombre de capilla del Humilladero. En 1877 la demolieron. La que hoy vemos en la Plaza del Chorro de Quevedo, apenas la recuerda, no es la misma, como algunos piensan, ni es contemporánea, ni ocupa el mismo sitio. Se llama San Miguel del Príncipe y escasamente en 1969 la erigieron. 

Seis meses después de aquel histórico día de la Transfiguración, en febrero de 1539, el arribo de dos conquistadores, uno del sur, español y victorioso, Sebastián de Belalcázar, fundador de Guayaquil, Quito, Cali y Popayán; y otro de oriente, alemán y maltrecho, Nicolás de Federmán, inquietan a Jiménez de Quesada. El encuentro es amistoso. Sin ánimo bélico zanja Jiménez toda diferencia con los recién llegados. Les ofrece castellanos de oro y otros privilegios, y acuerda con ellos que la Corona decida quién debe gobernar lo conquistado. 

Seducido por la reflexión de Belalcázar, de los tres, el que más pueblos ha erigido, don Gonzalo se hace a la idea de también él fundar ciudades, y toma por tarea la una segunda fundación de Santafé, pero con la formalidad jurídica. La del 6 de agosto había pasado por alto los requisitos exigidos por las autoridades españolas, como demarcación de cuadras y de calles, repartición de solares y designación de autoridades. Jiménez en esta oportunidad señala calles, plazas y solares, ubica la iglesia, y designa alcaldes, regidores y alguacil mayor10. Y lleva a cabo el 27 de abril de 153911 la fundación jurídica, en terrenos de lo que será la Plaza Mayor, hoy de Bolívar. Asisten a ella los tres conquistadores. Se mantiene el nombre: Santafé, en homenaje a la Santafé de Granada, de la que Jiménez fue vecino12. Y Nuevo Reino de Granada llama a la tierra conquistada. Santafé de Bogotá por largo fue abreviado en cinco letras, “Stafe”, en muchos documentos coloniales. 

En julio de 1539 los tres conquistadores, en Cartagena, se embarcaron para España.

Entre las dos plazas fundacionales, hoy el Parque de Santander y la Plaza de Bolívar, se desarrolló la ciudad en los años postreros de la Conquista y los siguientes de la Colonia. 

El emperador Carlos V reconoció, mediante cédula real, el 27 de julio de 1540, a Santafé como ciudad, y ocho años después le otorgó el título de “muy noble, muy leal y ciudad más antigua del Nuevo Reino”, y le confirió un escudo con un águila negra “coronada de oro que en cada mano tenga una granada colorada y por orla unos ramos con granadas de oro en campo azul, según va pintado e figurado” 

Al regocijarnos, en esta efeméride, con esta ciudad que a la vez que nos da dicha, nos angustia y nos desvela, retomemos los versos de Juan de Castellanos, para con ellos cantarle a la Sabana: 

¡Tierra buena, tierra buena! 
¡Tierra que pone fin a nuestra pena! 
Tierra de oro, tierra bastecida, 
Tierra para hacer perpetua casa, 
Tierra con abundancia de comida, 
Tierra de grandes pueblos, tierra rasa, 
Tierra donde se ve tierra vestida, 
Y a sus tiempos no sabe mal la brasa: 
Tierra de bendición, clara y serena, 
¡Tierra que pone fin a nuestra pena!

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO MD


* 1. Título dado a la Santafé de Bogotá por rey Carlos I de España y emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico. 
2. Edificio que albergaba un centro comercial y la sede municipal de Bogotá. Hoy su sitio lo ocupa el Palacio Liévano. 
3 El Archivo General de Indias de Sevilla creado en 1785, centraliza los documentos relacionados con la administración de las colonias españolas. 
4 En los capítulos segundo y cuarto del sexto libro se refiere a la fundación de Bogotá. 
5 El cronista mezcla, a mi parecer, sucesos de las dos fundaciones y da por fundada la ciudad el 6 de agosto de 1539. Puede ser un error de trascripción. La que se tiene por fundada en esa fecha es la ciudad de Tunja, y Rodríguez Freyle la ubica un año después, el 6 de agosto de 1540. 
6 La obra, que nació después de 1568, se refiere a la fundación de Bogotá en su cuarta parte: “Historia del Nuevo Reino de Granada”. 
 7 En los capítulos sexto y séptimo del libro tercero de la primera parte de la “Recopilación historial” de Fray Pedro de Aguado el itinerario se narra con detalle. 
8. Llamada así desde 1832 cuando el padre Quevedo adquirió el terreno e instaló la fuente. 
9. Capítulo XXXVI de la “Segunda noticia historial” en la segunda parte de “Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales” de fray Pedro Simón. 
10. Capítulo VII de la “Tercera noticia historial” en la segunda parte de “Noticias historiales de las conquistas de Tierra firme en las Indias Occidentales” de fray Pedro Simón. 
11 El mes lo consigan varias crónicas, pero del día -27- solo da fe el capitán Honorato Vicente Bernal, testigo directo y acompañante de Nicolás de Federmán, según señala Juan Friede en el capítulo VII de “Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá” 
12. En Santafé de Granada vivió, más no hay pruebas concluyentes de que allí haya nacido. 

BIBLIOGRAFÍA 
Apuntes de la historia de Bogotá. Archivo de Bogotá 
http://portel.bogota.gov.co/archivo/libreria/php/decide.php?patron=01.0902 Arciniegas, Germán. Los nombres de Santafé y Bogotá. Biblioteca Virtual Banco de la República 
http://www.banrepcultural.org/node/32531 
Biografías y vidas. Gonzalo Jiménez de Quesada 
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jimenez.htm 
Escudo de Bogotá 
http://es.wikipedia.org/wiki/Escudo_de_Bogot%C3%A1 
Fernández de Piedrahita, Lucas. Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada. Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional de España 
http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000079187&page=1 
Fray Antonio Medrano. Biblioteca Virtual Banco de la República 
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/rehis1/rehis1.htm 
Fray Pedro Simón, Noticias historiales, primera parte 
https://archive.org/details/tierrafirmeindias01simbrich 
Fray Pedro Simón, Noticias historiales, segunda parte 
https://archive.org/stream/tierrafirmeindias02simbrich 
Fray Pedro Aguado. Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/rehis1/rehis2a.htm 
Fray Pedro de Aguado, Recopilación historial, primera parte
https://archive.org/stream/recopilacinhist00aguagoog#page/n323/mode/2up 
Rodríguez Freyle, Juan. El Carnero 
http://www.biblioteca.org.ar/libros/211557.pdf 
Friede, Juan. La definitiva fundación de Santafé en abril de 1539. Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/desnue/pag97-105.htm 
Friede Juan. Misterios alrededor de la primera fundación de Santafé. Archivo General de Indias, Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/desnue/pag78-89.htm 
Fundación de Bogotá, Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/hiscua/hiscua13.htm 
Fundación de Bogotá, Universidad Distrital 
http://www.udistrital.edu.co/universidad/colombia/bogota/historia/ 
Fundación de Santa Fe de Bogotá, Colombia aprende 
http://www.colombiaaprende.edu.co/html/home/1592/article-130134.html 
Historia de Bogotá 
http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Bogot%C3%A1 
Jiménez de la Espada, Marcos. Juan de Castellanos y su historia del nuevo Reino de Granada
https://archive.org/stream/juandecastellan01espagoog#page/n11/mode/2up 
Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias 
http://books.google.es/books?id=vnEGAAAAQAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&c
ad=0#v=onepage&q&f=false 
Juan Rodríguez Freyle. Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/rodrjuan.htm 
Las iglesias más antiguas de Bogotá
http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Iglesias_m%C3%A1s_antiguas_de_Bogot%C3%A1 
León Soler, Natalia. Bogotá: De paso por la capital. Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/node/73265 
Medrano, Aguado y su época. Biblioteca Virtual Banco de la República
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/rehis1/rehis4.htm 
Pardo, Isaac. Juan de Castellanos 
https://archive.org/details/juandecastellano00pard 
Pedro de Aguado 
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_de_Aguado 
Rodríguez Freyle, Juan. Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del mar Océano y fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo arzobispado
https://archive.org/stream/conquistaidescu00freygoog#page/n6/mode/2up

sábado, 10 de mayo de 2014

LA POESÍA, UNA MANIFESTACIÓN INEXTINGUIBLE*



Nuestro mundo no es propicio para la expresión de las más altas manifestaciones del espíritu. Nuestro mundo es primordialmente el dominio de lo material. Los intereses del hombre que lo puebla rondan lo práctico, lo positivo, lo utilitario y lo corpóreo.
Expuesta la especie sapiens a la extinción y a los rigores de la naturaleza resulta entendible que emerja bajo estos patrones.  Su lucha por la subsistencia es inevitablemente material e instintiva, pero satisfecha la necesidad primordial sigue uno percibiendo una proclividad a dominar y poseer que no resulta imprescindible. 
Fortuna y poder afirman al hombre en el mundo, lo revelan exitoso ante una selección natural que recompensa a los ‘mejores’, pero remotamente lo descubren como ser superior capaz de proclamar su espíritu. El hombre corporal es apenas la dimensión más primitiva de la condición humana. Más que el ser devela el poseer.
Lo elaborado, lo cultivado, lo irreprochable, lo virtuoso, lo exquisito, en fin, las manifestaciones intangibles, denotan, en cambio, al hombre trascendente. Descubren el valor del poseedor y no el de lo poseído. Pero trascender es un proceso selecto, luego resulta vocación de pocos, y esfuerzo, arduo y apático para la mayoría. Siempre habrá más materialistas que quijotes
No obstante, encuentro entre esos dos polos que caracterizan la condición humana un ingrediente natural que los conecta: el sentimiento. Tan primitivo como el instinto, el sentimiento se erige, a mi parecer, como la primera manifestación espiritual del hombre. La inicial, la precursora, la puerta de entrada a  ese algo superior, que denomino espíritu, que pone freno a la ambición material, que modera los impulsos egoístas y que busca el bien como fin esencial de la existencia.
El sentimiento al hacer consciente al hombre de sus dichas y dolores, lo hace sensible, humano, en la mejor acepción de la palabra, lo relaciona con sus semejantes, lo hace trascender de su mundo material. Es la antesala a un mundo espiritual sin lindes.   
El mundo de los sentimientos subyace en el poema, luego la poesía traduce el mundo espiritual del hombre. Al expresar el sentimiento la poesía encumbra al hombre, luego es la poesía más que una manifestación literaria circunscrita a unos pocos eruditos. La poesía es una manifestación universal que habita en todo ser que tenga sentimientos. Y no hay, por perverso, corazón exento de ellos. El hombre puede ser esclavo de lo material, pero también de los afectos. Tener sentimientos resulta inevitable.
Aventurándome en mi reflexión evolutiva afirmaré que existe un sentimiento poético que precede a la poesía misma, y que existió un momento en la evolución del hombre en que ese sentimiento incorporó el lenguaje. De esa unión del sentimiento y el lenguaje debió brotar la poesía. Luego procede la poesía de los mismos albores de la humanidad. Arriesgada hipótesis, que aunque especula sobre un recóndito pasado no parece incoherente.
Vistas así las cosas, encontramos la poesía inmersa en varios escenarios. En forma simplificada, en uno universal y popular, en uno letrado, y en uno escolar y académico.  
Anoto del primero que la poesía se difunde en boca de la masa, volviendo popular lo culto. Pero además se enriquece con el sabor del pueblo, con sus giros y vocablos, con sus costumbres, con el testimonio de su tiempo. La lírica popular, como la copla, por ejemplo, también se vuelve prueba, evidencia histórica, social y antropológica. La poesía en este escenario tiene con la multitud su porvenir asegurado.
Cosa distinta ocurre en nuestro medio con el ambiente escolar, esquivo para ella. Al conocimiento tangencial de los autores se suma la indiferencia con su obra. Los centros literarios de antaño, que congregaban a los estudiantes todas las semanas con las mejores expresiones de su talento retórico, desaparecieron. Los colegios mandaron al exilio la declamación y los poemas.
Las artes forman la personalidad, son más que un pasatiempo. Pero hay que experimentarlas para que forjen el espíritu: la fría información que de ella dan los textos no sirve para nada. Un mundo en decadencia espiritual no puede seguir pasándolas por alto.
El futuro de la poesía en este ambiente dependerá de los ‘sabios’ que rigen las políticas de educación en los colegios. Por lo pronto es desalentador el panorama, y no por sustracción de vocaciones. Quienes trabajamos talleres con los niños sabemos que hay suficiente inspiración para que la literatura, y en particular la poesía, pervivan.
La poesía que habita en el más selectos de los mundos, el los estudiosos y los que la cultivan, tendrá siempre un destino asegurado mientras no sucumba el escritor a la tentación de la vanidad y el narcisismo. Su universo exclusivo y circunscrito vuela al infinito. De de sus raíces brota la devoción por los predecesores, de  su cantera emerge la producción poética en su manifestación más depurada, de sus autores nacen los versos que consagrará el futuro. Han de ser estos círculos los guardas del idioma, faro en el sendero oscuro, trayecto y trayectoria,  celo que mantenga la flama inextinguible.
A pesar de las nostalgias que con base en el presente el devenir presagia, debemos admitir que la poesía sobrevivirá a quienes hoy la cultivamos, porque es una manifestación inagotable que no sucumbirá mientras subsista el sentimiento, ni fenecerá mientras la lengua exista.
¡La poesía persistirá mientras exista el hombre!
LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD

*Palabras pronunciadas el 18 de septiembre del 2013 en el encuentro preparatorio del XX Récord Nacional e Internacional de Poesía.