jueves, 20 de marzo de 2008

LASCIVIA Y CASTIDAD: LA MÁSCARA DE LA FALSA VIRTUD

El gobernador de Nueva York Eliot Spitzer tuvo que renunciar tras el escándalo que suscitó el conocimiento de su afición por trabajadoras sexuales exquisitas. David Paterson el sucesor no resultó más casto, pero si más inteligente. Revelando con franqueza sus infidelidades, previno que medios de comunicación impertinentes hurgaran donde no debían. Hizo bien en adelantarse a los rumores. Mañana otro famoso estará en los titulares de los diarios. Hace 10 años estuvieron el presidente Clinton y Mónica Lewinski, y hace 45 John Profumo, Ministro de Defensa de la Gran Bretaña, y Christine Keeler, la amante que lo puso en apuros, en un fascinante enredo de infidelidad y de espionaje. Conocidos o en secreto, esos son comportamientos propios de la humanidad desde que puso su pie sobre la Tierra, de pronto deba salvar la reputación de Adán, que debió ser fiel por falta de materia: sólo una mujer –Eva- rondaba el paraíso.

Ese es el hombre, lo digo poniendo la cara por todos los machos de mi especie. Aunque no sobra advertir que nada los hombres lograríamos sin la maravillosa complicidad de las mujeres. Pero como no he de ser yo quien se arriesgue a adelantar un juicio sobre su conducta, expondré mi raciocinio tocando apenas el lado masculino.

He de decir que en la lista de escándalos sexuales y conductas como ahora las llaman “impropias o indebidas”, hay nombres que tienen cabida por derecho propio, derecho que se los da la bien adquirida reputación en otros campos -la política o la literatura por ejemplo-, pero en honor a la verdad los nombres de todos los hombres merecen la inclusión en el listado.

¡Dejemos de posar de santos! ¡Dejemos de hacerle el juego a tanta hipocresía! Los hombres somos infieles por naturaleza, infieles sin remedio. En la intimidad, las andanzas de los gobernadores de Nueva York no nos sonrojan. Nada hay en ellas que pueda sorprendernos. Por poco son un déjà vu en que se esconden nuestros íntimos deseos, en ocasiones un gozo que nos causa envidia, en últimas una acción de la que también somos culpables. Y todo por el error de una cultura que declaró monógama a una especie que no tiene los genes para serlo. Esa es la realidad, lejana del ideal que pretendemos, frustrante si se quiere, pero incontenible. Ante el deseo del macho la religión y la moral quedan pequeñas. Qué difícil es reglamentar lo que por ley natural viene reglado. Se trata de un fenómeno propio de la biología. Su explicación es fisiológica, su represión moral y religiosa. Y como el dogmatismo siempre se estrella con la ciencia, el resultado es una sociedad que se debate entre el instinto y la sumisión a unos valores.

En toda esta cuestión no es la irremediable expresión del instinto lo que más molesta, sino la doble moral de los que juzgan y en gran medida de los que son juzgados. Los que juzgan, porque en secreto habitualmente practican lo mismo que critican; y los juzgados, porque con frecuencia mienten o terminan ante el peso de las pruebas dándose los golpes de pecho que exige el espectáculo. Ninguno tiene el valor para hacer que su vida privada se respete, pese a tener como un as a su favor la noción de que en materia de conductas sexuales y placeres no hay ser humano –por santo que parezca- que no sea vulnerable.

No hay más que morbo al descubrir la vida privada de los hombres públicos. La infidelidad y el deseo carnal se gestan desde el mismo pensamiento. Y en esa ideación es en la que hasta los mismos puritanos se desbocan.

Va siendo hora de que la humanidad que todo lo trasgrede, se quite la máscara de la falsa virtud, y actúe en coherencia. No luce bien que el gobernador de nuestro cuento persiguiera como autoridad la prostitución a la que en privado se entregaba. ¡O la acepta o la rechaza! Tampoco luce que el mundo se haga cruces en público renegando de la pornografía cuando sus portales de internet no dan abasto con tantos visitantes, y el mercado del sexo se rebosa en millones de ganancias. ¿Será que todos ojeamos mientras no exista una mirada escrutadora?

No nos digamos mentiras, el sexo es lo que más disfruta el hombre, aunque muchos no tengan el valor de confesarlo. Es, desde luego, la expresión más primitiva, menos evolucionada de su ser, acaso porque tiene la obligación de perpetuar la especie, pero tan respetable como su actividad mental más encumbrada.

La ley que con frecuencia frente a la moral se queda rezagada -al fin y al cabo es una especie de ética de mínimos-, parece en este tema más sensata. En general nuestro mundo occidental respeta la intimidad de las personas y castiga en esencia lo absolutamente condenable: el abuso sexual y la violencia. En lo moral, no tiene sentido plantear en abstracto principios de buen comportamiento. Sólo hasta conocer lo racionalmente exigible a la naturaleza de quien es su objeto, se puede argumentar con coherencia. El resto es charlatanería de tinte maniqueo.

¡En definitiva seamos más sinceros y menos timoratos!


LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

viernes, 7 de marzo de 2008

CHÁVEZ Y CORREA CÓMPLICES DE UN PROYECTO EXPANSIONISTA

Toda acción humana por magistral que parezca es imperfecta. Siempre lo oculto resplandece. Hubo un tiempo en que a pesar de nuestra desconfianza tocó creer en la amistad de Chávez y en la franqueza de Correa. Hoy uno con cinismo se ha quitado la careta, el otro la perdió ante el peso de las evidencias. Grave es el conflicto generado; las consecuencias nada predecibles. Pero la verdad sale fortalecida. No es para Colombia despreciable la ganancia: nada peor que confiar en quien nos está engañando, que dar la espalda a quien espera eliminarnos. Las palabras almibaradas de la diplomacia en estos casos no sirven para nada. Si antes hubiera actuado el mundo, Hitler no hubiera sido más que un personaje imaginado, el protagonista acaso de un best seller. Pocos presintieron la amenaza; el resto de la historia es dolorosamente conocido. El presidente venezolano como el ecuatoriano deben ser denunciados ante la Corte Penal Internacional: su apoyo a los grupos terroristas también es terrorista.

Que dejen Chávez y Correa de dramatizar y de pedir explicaciones, somos las víctimas de las Farc las que debemos exigirlas. No es la violación del territorio la que les preocupa, sino el revés que las incursiones de nuestras fuerzas representan para sus oscuros intereses comunistas.

¡Que no quepa duda! El presidente Chávez es un fenómeno desestabilizador en América Latina, no es persona grata para los colombianos; cuando a nosotros se refiere como su pueblo hermano, sabemos de qué Caín provienen las palabras. Los enemigos del “imperio” (norteamericano) a que él con tanta frecuencia se refiere, son realmente los desafectos de su imperio, del imperio que Chávez espera construir pasando por encima de la soberanía de nuestros pueblos. Chávez representa un peligro expansionista y al final totalitario. Y habrá que controlarlo con las armas que la situación demande, porque la libertad que nos dejó ese gran venezolano, el Libertador Simón Bolívar, no se habrá de perder por el delirio de un fantoche que muy lejos está de parecérsele.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

domingo, 2 de marzo de 2008

EL GOLPE A LAS FARC, UN PARTE DE VICTORIA DE COLOMBIA

No puedo como colombiano dejar de dar parte de victoria al mundo: Ha sido abatido uno de los mayores criminales de Colombia. Con la muerte de alias ‘Raúl Reyes’ segundo hombre en importancia de las Farc, llega un mensaje contundente: no es imbatible el grupo terrorista. Ya la marcha mundial del 4 de febrero las había notificado: el pueblo no las quiere. Nadie –racional- puede amar a su verdugo.

No pudo sin embargo el mal vecino –el presidente Chávez- comprender en su psicosis los rostros de satisfacción de tantos colombianos. No eran de alegría por la consumación de una venganza, eran de alivio, de liberación de una carga con la que se dejó vislumbrar una esperanza. El primero de marzo del 2008 evoca el 2 de diciembre de 1993 cuando cayó Pablo Escobar Gaviria, otro terrorista que puso a temblar a un pueblo con sus sicarios y sus bombas. Y cientos más son las víctimas de Reyes.

Sólo el émulo desfigurado de Bolívar podía ser capaz de condenar nuestra conquista. Pero ya su tono arremetedor no nos inquieta. La cobardía se suele agazapar en la animosidad de los bocudos. Sus insultos no demandan el vigor de una respuesta. Ordinariez, torpeza e ignorancia son el pilar de su discurso.

Buscar una confrontación con Colombia es la mayor expresión de incompetencia. Si a tal enfrentamiento condujera, me atrevo a pensar que entre dos fuegos quedaría atrapado, el de los venezolanos que no están dispuestos a acompañar esa aventura y el de tantos colombianos que a fuerza de su persistencia hemos comenzado a abominarlo. Podría ser el final de su gobierno a manos de un golpe de sus propios militares. Nuestros pueblos son hermanos, sólo el “dictador de Venezuela” cultiva enemistades. No creo que los militares venezolanos estén interesados en una guerra inútil y absurda con Colombia.

La mediación de Chávez en la liberación de secuestrados, es más que humanitaria: artera. Oculta otro interés: la participación de las Farc en su proyecto. Pero ni él es el líder para América Latina -que en dirigentes como el presidente Lula tiene mejor mañana- ni las Farc tienen futuro, pues son terroristas y están en la pendiente de su decadencia.

Muy al contrario de lo que imagina el presidente Chávez, Colombia se siente agradecida con sus fuerzas armadas y con su presidente, y nuevos golpes reclama contra esos terroristas.

A las Farc, si dejan de ser tan obstinadas, sólo les queda negociar con el gobierno una salida decorosa. Reinsertados de otros movimientos subversivos, hoy reconocidos dirigentes, han demostrado que en Colombia más consigue la democracia que la fuerza de las armas. En cuanto a Chávez, en su futuro adivino la hecatombe.

Y si pensamos en Ingrid Betancourt y los demás rehenes, valdría la pena imaginar que muchos guerrilleros de menor rango han persistido en sus acciones por la obstinación de quienes los comandan y el temor a las retaliaciones, y en este momento de acefalía transitoria podrían optar por desertar llevando consigo a la libertad a los cautivos.
¡Gloria al bravo pueblo! que tiene que soportar a su tirano.


LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

viernes, 8 de febrero de 2008

REEELECCIÓN Y REVOCATORIA DE MANDATO SON OPCIONES DE LA DEMOCRACIA

La reelección es una opción absolutamente democrática. Se confunden o pretender confundir quienes la presentan como una manifestación de despotismo. Y será democrática mientras resida en el pueblo el poder de decidir quién lo gobierna. Es además el complemento racional y necesario de la revocatoria de mandato, cuya implementación los colombianos en su momento celebramos. Entre ratificar y revocar, debe oscilar, por lógica, el fiel de la balanza. Obstaculizar la reelección tiene una clara intención personalista; más allá de la persona que será favorecida, debería primar el derecho de los ciudadanos que quieren reelegirlo.

Las suspicacias que se levantan contra el actual mandatario de Colombia son más la expresión de ocultos intereses; bien subterfugios de una oposición ansiosa de cerrar el paso a quien lidera, bien la rivalidad de potenciales candidatos que anteponen sus ambiciones –habitual en la política- a los intereses de la patria. Reelegir es apenas la propuesta, la aprobación está en manos de las mayorías. Esa es la democracia.

Es cierto que no debe ser la reelección un privilegio individual, sino un derecho que se conceda a todo ciudadano. Válida para todo gobernante sin importar su jerarquía –presidente, gobernador o alcalde–, hoy parece que sólo a una persona beneficia. Pero se entiende que en un país en el que la impopularidad abrasa la espalda de sus gobernantes al término de su mandato, la reelección haya sido un asunto de poca trascendencia, y haberla planteado conociendo de antemano la derrota en las urnas de quien la pretendiera no tuvo sentido hasta que apareció el suceso renovador del presidente Uribe. Hombre de temple, trabajador como ninguno, dispuesto a restaurar una autoridad traspapelada, frentero ante una guerrilla que se perdió en los vericuetos de la delincuencia; un presidente que ha devuelto la seguridad que parecía perdida en la pusilanimidad de los gobernantes anteriores. Seguridad que es el pilar de su gobierno, que se traduce en halagadores indicadores económicos, en inversión foránea que crea industrias y servicios en Colombia, que hace y deja riqueza para impulsar el desarrollo de esta tierra. Esta exposición somera, pero producto de un análisis de mayor hondura, me hace unirme a las voces que reclaman la segunda reelección del presidente Uribe. No basta que otro candidato encarne sus mismas intenciones, pues no veo el carisma que mueva las mismas multitudes. Además un traspiés ante las Farc en momentos en que por fin adivinamos su derrota haría despertar y con más furia al monstruo arrinconado.

Percibo en el ámbito dirigentes con ínfulas de estadistas que pueden devolver al país al rumbo equivocado; veo políticos con pulso poco firme, dispuestos a tranzar con delincuentes; reparo en aspirantes con buenas intenciones, pero propicios para un país menos convulsionado.

Confieso el pragmatismo que me anima: si alguien ha mostrado acierto en su gestión, ¡que la culmine! Mientras no tenga certeza de que alguien lo pueda hacer mejor, mi voto es por Uribe. Y si precisa el presidente de una hecatombe para lanzarse a su tercer período, preciso yo de una hecatombe que lo derribe del pedestal en que hoy asienta para revocar mi decisión de acompañarlo.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

jueves, 7 de febrero de 2008

LA RACIONALIDAD DEL TRABAJO

Una investigación de la Agencia de Salud Pública de Barcelona que demuestra la afectación de la salud por el exceso de horas laborales, me da pie a retomar un tema que ha sido para mí una inquietud constante. Una inquietud que me deja sinsabores de frustración y de infortunio.
El estudio permite concluir que el trabajo tiene límites y que rebasados éstos la salud se perjudica. Más de 40 horas de trabajo semanal no son recomendables. Ansiedad, depresión, insomnio, hipertensión, son algunas de las consecuencias. ¡Fácil preverlo sin necesidad de estudio! Y pienso que no es en sí el trabajo sino las condiciones. De algo que hacer siempre precisa el hombre. De algo que colme sus aspiraciones, de algo que le dé satisfacciones, de algo humano que lo deje ser y realizarse. Pero no es el trabajo inclemente solamente el producto de la necesidad y la pobreza, de la explotación inmisericorde, y de la aceptación inevitable de condiciones laborales infrahumanas para sobrevivir, lo es también de la ambición que lleva al hombre a la pérdida de la moderación y la cordura, a perseguir sin límite el poder y la riqueza. En este orden de ideas, resultan o están más enfermas las mentes que los cuerpos. La consigan del mundo actual es producir sin tregua. Desde la tierna edad la formación va pervirtiendo el norte verdadero. Desde la irracionalidad de los colegios que atiborrando a los niños de tareas innecesarias les roban sus horas de familia y los van preparando para un mundo en que la satisfacción espiritual y afectiva es la menos importante.
Pero para que voy a repetirme, si creo que siguen siendo válidos los juicios que en prosa y verso expresé hace años.

“Vivir para el trabajo,
trabajar para vivir,
círculo sinfín,
absurdo de la vida.
¿Por el trabajo sometido
puede el hombre cultivar su espíritu?
¿Dedicarlo a la reflexión,
a la contemplación de lo creado?
¿A la expresión de sus íntimos talentos?
¿Nutrirlo con las cosas bellas?
Placeres elevados
o mundanos cercenados
por reglas sin sentido”.

Y en el “Epistolario periodístico” escribía sobre la calidad total y la deshumanización total:

“Imperceptible y paulatinamente el hombre ha ido perdiendo la razón de ser de su existencia y ha renunciado a su derecho a disfrutar la vida. Sicotizado con desbocadas teorías de calidad total y perfección absoluta, ha entregado sin darse cuenta su vida y su alma a las empresas, que sólo le permiten pensar en términos de producción y en superar obstinadamente las metas del día anterior para sobrevivir laboralmente, olvidándose del bienestar de su espíritu.
Es el trabajador una máquina exigida que puede sin corazón reemplazarse. Omnipotentes las empresas, insignificante el ser humano; importante apenas como cliente del que pueda percibirse utilidad alguna. Importa más un indicador de gestión que un sentimiento, más un costo variable que una esperanza, más la orden perentoria que el llamado considerado. Como hipnotizado todo el mundo repite el estribillo de misión, visión y principios corporativos. Porque es apenas una moda, se consigna en ellos toda clase de ideas impensadas y se parcelan los valores, que son un todo íntegro, indisoluble, común y necesario para todas. Resultan así postulados necios que no se introyectan, porque suenan tan ridículos como aquél de que todas las empresas, por minúsculas que sean, se convertirán en la mejor del mundo. Realmente sólo las percibo deshumanizadas con el cliente interno, y por interés, con el externo humanas.
No me someto a recitar sin razón ese estribillo de la utilidad y la competencia descarnada, porque nunca objeto, institución o estado serán en mi sentir más importantes que el ser humano, que debe ser por el contrario para aquéllas su razón de ser. Del gerente al trabajador de menor rango, aún más aquél que éste, todos perdieron la verdadera misión y visión: la de sus vidas. Resignaron sus anhelos, sus deseos, sus afectos, sus esperanzas y hasta la libertad de su pensamiento en un torbellino laboral frenético. No viven, sobreviven. Cuestionada ética del trabajo, verdaderamente propicia para el suicidio, único escape a una insatisfacción permanente. Humanicemos las empresas, racionalicemos la producción y comprendamos que el hombre es un ser anhelante de libertad que no puede ser esclavo del trabajo. Esforcémonos por la humanización total para que por fin valga la pena vida”.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

lunes, 4 de febrero de 2008

EL MUNDO REPUDIÓ A LAS FARC

El colombiano ha sido un pueblo resignado a sus dolores, que tradicionalmente ante los violentos se acobarda. Prudente hasta la inacción, parece indiferente. Pero se manifiesta cuando aparece un adalid que lo convoque. Por eso fue tan multitudinaria y fácil la respuesta de la gente a la genialidad y al coraje de los cuatro jóvenes que a través de internet inspiraron la jornada de protesta. ¡Juventud: maravilloso motor que mueve el mundo!

El mensaje de la jornada mundial contra las Farc ha sido contundente. Colombia a la guerrilla no la quiere. Sencillamente a nadie representa, actúa en su propio nombre, defiende sus propios intereses, como ocurre con todas las bandas criminales.

La protesta fue unánime, las imágenes de los medios hablan por sí solas. Codo a codo marcharon los de izquierda con los de derecha, los de arriba y los de abajo, los jefes y los subordinados, los dirigentes y los gobernados, los privilegiados y los desheredados, los ateos y los creyentes; las minorías homosexuales; y hasta cientos de guerrilleros presos expresaron su rechazo a las acciones ordenadas por la cúpula del grupo terrorista al que pertenecieron. Colombia clamó por la paz, y todos sin distingo repudiaron a las Farc, porque sus acciones a todos nos ofenden, de sus crímenes cualquiera puede ser su víctima. Hasta “ajusticiamientos” masivos ha llevado a cabo las Farc contra sus propios miembros. ¡Ah si las fosas comunes nos contaran sus historias¡

Era imposible estar en desacuerdo con un reclamo pertinente. No se escucharon voces disidentes por más que diversos matices tuvo la protesta. Pocos familiares de secuestrados asistieron a las marchas, ausencia excusable y comprensible. Actitud que refleja los efectos de un delito que también secuestra con su terror la mente de los que están supuestamente libres. ¿Habrá entendido Chávez, preso de su megalomanía y su torpeza, que su apoyo a las Farc resta popularidad a su “grandeza”?
Algo ha de pasar tras la jornada. Las Farc han sido notificadas por un pueblo que hoy más que nunca las desprecia. Para el mundo quedó claro que no son las idealistas que pregonan. Pero es imprevisible la respuesta. Las Farc son cínicas mas no ciegas, se hacen las sordas pero no son sordas; también son insensibles y obstinadas. Políticamente hoy fueron derrotadas por los millones de personas que marcharon. Seguramente la desmovilización de guerrilleros habrá de incrementarse, habrá alguna desbandada de guerrilleros rasos. Los que queden, ya desenmascarados ante el mundo, o bien negocian la paz con el gobierno o asumen sin ambages su papel como cartel de narcotraficantes.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

domingo, 27 de enero de 2008

A MARCHAR CONTRA LAS FARC, ENEMIGAS DE COLOMBIA

Los vejámenes de las Farc contra la población colombiana, de los que el secuestro es apenas el delito más conocido por el mundo, llaman al repudio universal. Nadie que reconozca el carácter intangible de la vida puede sustraerse a la convocatoria que han formulado unos jóvenes valientes. Exenta de réditos políticos, las marchas contra las Farc, del 4 de febrero -en todo el orbe- tienen que aglutinar a cuantos han conocido los horrores de los cautivos en selvas colombianas. Quien se sustraiga a la protesta estará tácitamente confesando que comulga con las Farc, el peor enemigo de Colombia.

ESTOS SON LOS HORRORES DE LAS FARC




sábado, 26 de enero de 2008

UN CASO PARA ABOCHORNAR A LA JUSTICIA

No creo que sean hechos que sólo ocurren en mi patria porque la insensatez es una condición universal, -bien dijo Einstein que solamente el universo y la estupidez son infinitos-, pero si fuera así, con facilidad se explicaría que sea Colombia un manantial inagotable para el realismo mágico que ha tenido en García Márquez a su mejor representante.
El “paseo millonario” es un delito que une la extorsión con el secuestro. Ocurre cuando la víctima inocentemente toma un taxi y los salteadores –el conductor entre ellos- la sorprenden y retienen hasta que desocupan sus cuentas bancarias en un periplo de horror e incertidumbre por los cajeros automáticos. Entonces, y si ha colaborado, recupera su libertad la víctima. Otras modalidades que también existen, poco cambian la esencia de lo que estoy contando.
Pues bien, el jefe de una de estas bandas -que llegó a estar entre los delincuentes más buscados- por fin fue capturado. Y es aquí donde comienza el realismo sorprendente. La orden de captura había expirado, y como es más importante el documento que la praxis, se consideró que había que soltar al delincuente. Pero armonizando la tramitología con la cordura, a alguien se le ocurrió que la solución estaba en expedir con prisa una orden nueva. Pero cuando ya se tenía, se dieron cuenta de que no podía anteceder la captura a la orden de captura. En conclusión, había que dar libertad al delincuente. Con viveza la autoridad lo dejó ir, e inmediatamente, de nuevo, lo retuvo. Pero como epílogo de este relato breve, el juez le dio la razón al malhechor: había alegado en su defensa que fue presa de una trampa, porque sólo lo habían dejado alejarse cinco pasos cuando lo capturaron. Se le violaron sus derechos, fue la interpretación de la justicia. En definitiva quedó libre.
El sainete da para reflexiones preocupantes. ¡Cómo es posible que no prime lo esencial sobre la forma! Y que se enrede la justicia con leguleyadas negligentes que dejan a ciudadanos inermes en manos de la delincuencia. ¿Hay diferencia en la práctica, pregunto, entre una decisión socialmente nociva aunque amparada por la ley, y un prevaricato? En este caso ni siquiera valió el testimonio de las víctimas que fueron llamadas para identificar al secuestrador y extorsionista.
Le faltó decisión a la justicia. Un criminal no se somete a autoridades vacilantes. Quien ostenta el poder debe ejercerlo. Considero cuestionables los derechos de quien a los demás se los violentan. Es cínico creerse en posesión de un privilegio que uno no respeta. Las faltas intencionales y perversas implican riesgos que no puede desconocer quien las comete. Toda consecuencia para el infractor es previsible, la debe tener entre sus cálculos. El criminal que se siente a salvo de ellas no sólo perpetúa su accionar indebido sino que se vuelve más osado. La sensación de inferioridad y de impotencia es disuasiva. Cosa diferente ocurre con la que magnanimidad que se puede tener con el delincuente arrepentido, dado que no es la venganza el objetivo al administrar justicia, sino prevenir el delito y poner a la sociedad a salvo. Por eso la impunidad y la justicia ineficaz pueden llevar a que la víctima la ejerza por sus propias manos. Así surgieron, por ejemplo, los grupos paramilitares en Colombia.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO.

miércoles, 16 de enero de 2008

LAS FARC NO NOS DOBLEGARAN CON SU SEVICIA

Tienden los delincuentes a ocultar, desvirtuar o justificar en últimas, sus actos más horrendos, conscientes de la indignación que causan y de las consecuencias que conllevan; tal no ocurre con los facinerosos de las Farc, que perdieron hace tiempo todo asomo de vergüenza.
¿Cómo pudieron permitir que conociera el mundo todas las infamias que cometen con quienes tienen secuestrados? ¿Cómo dejaron que llegaran a manos de los familiares las cartas que escribieron los cautivos; cartas que conmueven por el dolor y el desconsuelo de quienes las escribieron, prueba de la degradación del verdugo y testimonio de la humillación de las víctimas: indefensas pero enjauladas, enfermas pero encadenadas, inocentes pero martirizadas? Sencillamente porque era ese su objetivo. Era lo que querían; esa era su intención: que el mundo conociera la sevicia con sus víctimas y el futuro atroz que aguarda a los cautivos; y conmovido con el estremecedor contenido de las cartas, forzara al gobierno que las viene combatiendo a ceder a sus requerimientos. Perdida la vergüenza han entrado en la fase de la insolencia y el descaro.
Es el uso del terror que busca dividendos -¿no es eso terrorismo?-, pero ni el gobierno ni el país han claudicado. Se han confundido gobiernistas y opositores en un unísono rechazo. Mal cálculo: la extorsión está consiguiendo un efecto sorprendente. Dentro y fuera de Colombia se levantan las voces contra la barbarie. El pregonado idealismo de las Farc ha expirado en las cadenas que ciñen el cuello de los secuestrados, en las alambradas y en las púas que se alzan contra su libertad y en los todos los vejámenes a que los someten.
No pueden desaprovecharse estos momentos de indignación extrema. ¡Debe crecer el repudio hacia las Farc como una bola de nieve en la avalancha! ¡Que todo el universo les reclame, que todas las puertas se les cierren! Sólo así habrá comenzado el fin de una organización que posando de subversiva martirizó por décadas al pueblo que tuvo por pretextos para sus acciones criminales.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

sábado, 12 de enero de 2008

¿ES AMISTOSO EL PRESIDENTE CHÁVEZ CON COLOMBIA?

No pudo disimular más el “dictador venezolano” la simpatía que siente por las Farc. No bien acaba de mediar para que el grupo guerrillero entregue a dos de las cautivas, cuando intercede por los bandidos ante el mundo.
¿Toca pensar que tras el gesto de humanidad que le creímos, primaba su intención de apuntalar su fama y de dar notoriedad a la guerrilla? El reconocimiento que acaba de pedir el presidente Chávez para las Farc y el ELN definitivamente ultraje a todos los plagiados, y a todos los que son sus víctimas, que es en última el pueblo colombiano.
No son ellas terroristas, ha dicho el líder socialista, y a pedido a gobiernos americanos y europeos que de tal denominación se les libere. “Son verdaderos ejércitos”, anota, “a los que debe darse estatus de beligerancia”. ¿Qué calificativo entonces se merecen un grupo que a sangre y fuego ha arrasado un sinfín de poblaciones, que pone carros bomba, que explota animales cargados de explosivos, que ha lanzado miles de pipetas de gas contra poblados indefensos, que puso un collar con dinamita al cuello de una mujer que finalmente fue volada, que ha asesinado en todas esas acciones infinidad de personas, amén de niños muertos y mutilados? ¿Qué además secuestra y extorsiona?
¡No es el camino correcto, presidente Chávez! Su vocación por las Farc desdice de la amistad que nos ofrece. Tememos que en su afán expansionista terminará aliándose con la guerrilla colombiana.
Costaría trabajo imaginar que en el mundo alguien pudiera pasar sin condenar las prácticas de la guerrilla, si no fuera porque a diario vemos con ella actitudes generosas.
Distinta es la realidad cuando se vive que cuando se imagina. No queremos ser más los colombianos víctimas de sus desmanes, hastiados estamos de sus atrocidades. ¿Qué pasa con quienes desde otros países las alientan. ¿Lo hacen por maldad? ¿Tan solo es ignorancia? ¿Acaso las perciben idealistas porque no sienten su crueldad en carne propia?
A todos los que se interesan por el conflicto colombiano: ¿Apiádense de las víctimas, no animen más a sus verdugos!

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

viernes, 4 de enero de 2008

LA EUTANASIA

Tantos como los adelantos científicos y tecnológicos, son los progresos en el campo de la ética, de la medicina hipocrática a nuestros días. Si bien la máxima latina primum non nocere (ante todo no hacer daño), se mantiene desde entonces incólume como pilar fundamental del ejercicio médico, la concepción paternalista, que en la relación médico-paciente prevaleció por siglos, se ha finalmente derrumbado. No es más el paciente el pasivo objeto de la terapéutica.

Con la introducción del principio de autonomía se reconoce al enfermo la facultad para decidir libremente sobre su salud y se le acepta en últimas como dueño de su propia vida; libre para aceptar o rechazar el tratamiento que pese al bien perseguido no podrá ser impuesto por la fuerza.

El concepto de la Corte Constitucional de Colombia* sobre la eutanasia, es realmente la noción más amplia de ese principio de autonomía, que podría llevar a resolver en lo legal una controversia que persistirá en lo moral hasta el final de los tiempos, sin vencedores ni vencidos desde el punto de vista dialéctico, pero con la posibilidad de mostrar en su aplicación el efecto de unos peligrosos excesos.

Aun la vida percibida como dádiva divina, y ha de serlo por la maravillosa perfección de lo creado, es un don que como toda ofrenda pertenece a quien con ella fue favorecido. Lícito entonces que el hombre en terminal e irremediable sufrimiento pueda disponer de su existencia, y ha de ser el reconocimiento a esa voluntad el único criterio que fundamente la eutanasia, no la percepción subjetiva de quien piadosamente quiera cercenar la vida del enfermo. Así lo interpretó la Corte, y la ponencia no es como hay quien lo perciba, una órden perentoria para extinguir la vida de cuanto paciente crea el médico sin remedio.

Debemos aceptar la bondad de cuantos de una u otra forma pretenden aliviar al enfermo terminal, pero el caso particular de la eutanasia plantea al médico las más preocupantes consideraciones y suscita para muchos el más grave enfrentamiento de los principios éticos de autonomía y de no maleficencia, que no puede resolverse sin que alguno sea gravemente quebrantado. Dilema que además plantea un reiterado interrogante ¿debe el médico renunciar a sus principios en favor de los principos del paciente?, ¿deben primar los del profesional que no acepta la eutanasia o los del enfermo que la solicita?, ¿los del médico que no acepta que su paciente muera por falta de una transfusión, o los del testigo de Jehová que prefiere morir antes que exponerse a ella?

En esta discusión interminable, es por fortuna claro para muchos médicos, incluído quien estas líneas escribe, que aunque el enfermo sea dueño de su vida, no debe pretender que un tercero ejecute su letal designio, y que la dignidad humana y el profundo sentimiento de preservar la existencia, encuentran el equilibrio ideal cuando el médico sin intervenir activamente en acortarla, libra al enfermo irrecuperable y en trance de agonía de todo esfuerzo que prolongue en vano el sufrimiento.

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO ("Epistolario periodístico")

* El criterio de la Corte emitido en la última década del siglo pasado, vuelve a revivir con el proyecto de ley que ha sido motivo de discusión en el 2007 en el Congreso de Colombia

domingo, 23 de diciembre de 2007

UN NO ROTUNDO AL VOTO OBLIGATORIO

Peter Singer, profesor de bioética de la universidad de Princeston ha propuesto el voto obligatorio como remedio a la abstención electoral. Jamás la consideraré una opción válida para una democracia. Realmente ninguna solución que atente contra la libertad, el más sagrado de todos los derechos, debería tener cabida. No se refrenda la democracia por el raudal de votos sino por el respeto de los abstencionistas al mandato de las urnas. Elegir debe ser un acto libre desde la misma intención de depositar el voto. Votar bajo coacción es un agravio, una imposición con perfil totalitario; un despropósito para combatir con otro despropósito: dilapidando el voto, haciéndolo inválido para que a nadie favorezca, a fin de que coincida con la auténtica intención del elector dispuesto a no participar en los comicios.


Llama la atención que quienes discuten y proponen la medida nunca llegan a analizar la hondura filosófica de quienes la objetamos. No es el esfuerzo, ínfimo que demanda, incluso inexistente cuando cobija a quienes cumplidamente vamos a las urnas, es la impresión de sentirse aplastado por la fuerza descomunal del Estado que siempre será superior a la del hombre. En mi caso el efecto sería contrario al esperado. Haría el absurdo tránsito de elector responsable a elector negligente.

En 1996, cuando se estuvo tramitando en el Congreso de Colombia un proyecto para convertir en ley el voto obligatorio*, compartí con mis lectores estas reflexiones que me publicó el periódico El Espectador el 9 de noviembre.

“La democracia a la fuerza es un exabrupto que no tolera la razón, y adversa ha de ser en consecuencia la reacción al voto obligatorio que se tramita en el Congreso. Proyecto que solamente cabe en la mente de políticos sedientos de poder y pletóricos de ambiciones personales.

No es auténtica sin libertad la democracia, como tampoco es calificable por el caudal de votos; lo es por el respeto universal a la determinación que por mayoría adoptan los votantes, porque hasta quienes se abstienen de votar la acatan.

Y paradójicamente no es mejor la decisión cuando todos participan, porque es de elemental conocimiento que las personas intelectualmente más preparadas para decidir constituyen apenas el vértice de la pirámide, y que es en cambio la muchedumbre manipulable y sin ilustración la que elige finalmente: insalvable imperfección de la democracia.

¿Será que el proyecto contempla que el candidato ganador deba tener la mayoría de votos contabilizando los blancos y los nulos? Si éstos como se espera se nutren de la franja abstencionista, nunca un candidato podrá ser elegido. Y se entenderá sin duda que el abstencionista más que un ser indiferente, es un ciudadano profundamente defraudado, que moralmente no puede ser atropellado con la obligación del voto; castigo que le imponen los causantes mismos de su apatía.

El sufragio obligatorio esclaviza a quienes anteponemos a la vida, el derecho a la libertad; a quienes no aceptamos más dictados que los de la razón; a quienes sentimos innato al hombre el derecho a pensar y a disentir; a quienes consideramos el voto un derecho y no un deber.

El asiduo elector que estas líneas escribe promete si el monstruoso proyecto se hace ley, votar en blanco cuantas veces se coarte su libre decisión de ir a las urnas.
Lo más cautivante de la libertad no es disfrutar sus beneficios, sino saber que existe.”


LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO

* El proyecto de ley nunca se aprobó. Hoy en Colombia existen estímulos de diversa índole para quienes votan.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

EL INFAME CAUTIVERIO DE INGRID BETANCOURT


El secuestro de Ingrid fue como la muerte de Santiago Nassar: anunciado. Un mal final advertimos los colombianos cuando una estrategia electoral arriesgada hizo marchar a la entonces candidata presidencial al encuentro con las Farc. No lo podíamos imaginar de otra manera: las Farc siempre han representado dolor para Colombia.

El empecinado viaje de Ingrid a los dominios del grupo subversivo fue la más candorosa entrega de una víctima a sus secuestradores. A cambio de la paz encontró la pesadilla de un cautiverio abominable. Hasta hoy el clamor de tantas voces por su libertad no ha servido para nada. ¡Pobres idealistas los que en la distancia esperan de la guerrilla un gesto generoso! ¡Pobres soñadores los que desde otras latitudes se emocionan con el discurso de sus buenas intenciones!

Sin vivir en Colombia, y sin sentir su violencia, cualquier afirmación es una especulación sin fundamento. ¡Las Farc no son nuestros salvadores, son nuestros verdugos! De ahí la popularidad del presidente Uribe, ignorada en otras latitudes. Su prestigio en esta patria no es gratuito. Es el respaldo de los nacionales que temen los horrores de una guerrilla cruel y sanguinaria. Las críticas de la oposición son a su talante neoliberal, y a su estilo provocador y frentero, nunca a la seguridad que va consolidado en un país en el que transitar por cualquier carretera era vedado, so pena de caer secuestrado en un puesto guerrillero; donde la autoridad se replegó de muchos municipios y la población tuvo que someterse a los vejámenes de los bandidos; donde ganaderos, agricultores, comerciantes y empresarios tuvieron que pagar cuantiosas extorsiones o pagar su desacata con la vida o con el despojo de sus bienes.

Altivos, tímidos o acobardados, todos los colombianos censuramos las prácticas del grupo terrorista. Aún desde la izquierda se alzan las voces que repudian sus míseras acciones. Porque la izquierda democrática colombiana, que ha alcanzado conquistas electorales resonantes, sabe que en el país los cambios son posibles por el camino de las urnas, por eso rechaza el innecesario camino de las armas, además sabe, por evidente, que el discurso social de la guerrilla es una invención que esconde sus verdaderos y criminales intereses, intereses que la convirtieron en otro cartel del narcotráfico.

Vistas así las cosas preocupa el resultado del que se ha dado en llamar intercambio humanitario. No debiera ser un ser humano una mercancía que se negocia. No debieran personas inocentes estar privadas de su libertad –y en qué condiciones- por capricho de unos delincuentes. No deberían quedar en libertad unos criminales por la extorsión de su cuadrilla. No debiera tranzar la autoridad con malhechores. ¿Y si se quebranta el principio de autoridad -como piden las voces más humanitarias- quedarán de veras en libertad los secuestrados? ¿Y si salen de prisión los guerrilleros, se reincorporarán pacíficamente a la sociedad? ¿Seguirán probablemente delinquiendo? ¿Y si hoy se claudica ante las exigencias de los secuestradores no se estará enviando a los plagiarios el mensaje de que ese delito es efectivo? Si así es, estaríamos pagando el rescate de los secuestrados de hoy con el cautiverio de las futuras víctimas de la guerrilla.

Análisis frío, éste que planteo, que en su angustia no pueden ni deben hacer los familiares de los secuestrados: no entiende razones un corazón adolorido. A sus ojos parece inclemente la actitud de un presidente enérgico, humanitaria en cambio, la de la guerrilla que los secuestró, y que ofrece liberarlos si el gobierno se doblega. ¡Qué mal recuerdo tiene el país de la zona de despeje del Caguán! Lo más parecido a lo que hoy las Farc exigen.

Desconsoladas las familias de los secuestrados claman contra la autoridad, incapaces de hacerlo contra los plagiarios, nada pueden decir contra ellas que se traduzca en represalia contra los cautivos. Por ello el profesor Moncayo marchó cientos de kilómetros hasta la sede del gobierno y no a la selva –más cercana- en la que se esconden los que secuestraron a su hijo.

El colombiano es temeroso en sus protestas; protesta tácitamente, condena en abstracto, dice “no a la violencia”, sin señalar a nadie. Más masiva y unánime, más exigente y menos suplicante debiera ser la actitud para demandar la libertad de los raptados. Decirle de frente a las Farc cuanto las repudiamos.

¡Que el cielo escuche nuestro ruego y pronto vuelvan a su hogar los secuestrados!

viernes, 14 de diciembre de 2007

LAS VICISITUDES DEL QUEHACER MÉDICO


Los reiterados juicios sobre la responsabilidad médica en la asistencia pública con frecuencia conducen a afirmaciones ligeras que fundadas presumiblemente más en el desconocimiento que en la mala intención, van socavando en forma imperceptible la relación médico paciente y destruyendo la armonía que debe existir entre el cuerpo médico y la comunidad.

Lejos de ser un quehacer infalible, la medicina a pesar de su prodigioso desarrollo tiene fracasos y genera complicaciones que son desafortunadamente explotadas por el sensacionalismo periodístico, en ocasiones por el ánimo demagógico de las autoridades y no pocas veces por quienes pretenden obtener del médico beneficios materiales.

Entristece y desmotiva al médico honesto, prudente y responsable que el ejercicio de un apostolado pueda transmutarse en una labor riesgosa que conculca sus derechos. Que desproveído de las garantías consagradas para sus pacientes, se vea abocado a la adquisición de enfermedades que no pocas veces conducen a la muerte, o que se vea afrontando como criminal los estrados judiciales por servir abnegadamente a instituciones que como muchas de las del estado caracen de los recursos para ofrecer una asistencia médica segura.

No debe perder la comunidad la confianza en quienes deposita el cuidado del preciado don de la existencia, tampoco aquéllos deben defraudarla, ni debe el estado abandonar al médico a una atención con míseros recursos, que le niega los medios para aplicar su ciencia y lo aboca a una práctica censurada por sus propias leyes.

La labor silenciosa tantas veces angustiante y siempre humanitaria es la que en mente debe prevalecer del médico, profundo conocedor de los problemas sociales de su entorno, pero absurdamente alejado de las decisiones gubernamentales que rigen la salud.
LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO ("Epistolario periodístico y otros escritos")

miércoles, 5 de diciembre de 2007

DEL AMOR, DE LA RAZÓN Y LOS SENTIDOS

Eclipsa el deber al ser irremediablemente, y tras su sombra, aletargados yacen los sentidos, adormecida la razón y los sentimientos olvidados.

Pero el ser tantas veces subyugado, tiene instantes de felices rebeldías; momentos que para el filósofo y para el poeta, deben ser eternos, como para todo aquél que logre dejar sin rienda su genio creativo y reflexivo. Sano placer que no debe dejarse arrebatar el hombre; delectación de un paisaje, goce de un tono melodioso, placer de una caricia que exalta los sentidos, dicha de un corazón que del amor se embriaga, elación de un pensamiento que afirma la razón.

Esos estímulos cotidianamente relegados, que constituyen la maravillosa esencia de la vida, he querido recordar en las siguientes páginas, creación espontánea del afecto a la que dócil se entregó mi pluma.

Espero que mis momentos de reflexión los reciba el lector con gesto generoso.


LUIS MARÍA MURILLO S.