viernes, 29 de octubre de 2010

LA DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD, CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA - HUMANIDAD Y FORMACIÓN

La formación de los profesionales, hoy en día, dista de la que Hipócrates trazó en su juramento. Suyas o de sus discípulos, las frases de este ofrecimiento nos hacen pensar que el lucro no era lo importante. Reza el juramento: “A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo”. No puede pretenderse que hoy las cosas sean estrictamente las de tan remonto antaño, pero sus ideales sí deben ser motivo de reflexión que encauce nuestros pasos.

Costosa o gratuita, la formación es exigente, pues de ella depende la calidad de los profesionales que toman la salud entre sus manos. A las facultades con tradición educativa, se vienen sumando infinidad de escuelas que hacen exclamar al espectador desprevenido, con intención peyorativa: “la formación es un negocio”. De doce a casi sesenta facultades de medicina pasó Colombia en menos de veinte años. En otras profesiones de la salud la situación es semejante. Desde luego que alegra tal oferta, pero también preocupa: ¿Están todas ellas preparadas para formar un personal idóneo?

¿Qué tipo de educación proveen –técnica como humanística- aquéllas facultades que llaman ‘de garaje’? Y en el otro extremo: ¿habrá razón para temer que sólidas empresas dedicadas al negocio de salud –estas sí en recursos pródigas para fundar escuelas- incursionen en la academia fundando sus propias facultades para formar el personal sanitario? Si de aquéllas se cuestiona la calidad científica y humana de sus egresados, de éstas se presume un nivel académico envidiable, pero se teme algún desmedro de los aspectos éticos. ¿Será que el perfil del egresado traducirá las ambiciones de una empresa lucrativa? ¿Será, por el contrario, que las facultades de medicina y enfermería de las empresas de salud formarán profesionales tan incontaminados que rectificarán y consolidarán los postulados éticos en empresas que viven del negocio sanitario?

Las instituciones educativas tienen con sus educandos más compromiso que infundir conocimientos y desarrollar habilidades, tienen la obligación de acrecentar la idoneidad moral de quienes están formando, y antes que todo, descubrir las virtudes que les permitan ejercer a cabalidad su oficio. La selección del personal que accede a las carreras de salud no es por tanto tema intrascendente. El ejercicio humano de una profesión no lo consiguen las aulas de la nada. El avenimiento del estudiante con los valores depende de su propia naturaleza, que los acepta o los rechaza. La proclividad al acto humanitario está en la vocación del individuo. Hasta cierto punto se puede amoldar al estudiante pero nunca sin el sustrato de una inclinación humanitaria. Obrar contra la voluntad es imposible. Luego el primer paso en la consecución de personal asistencial humano es la elección responsable de los aspirantes. Teniendo esta materia prima como base, el discurso humanitario puede obrar milagros, pude conmover la fibra sensible de aquéllos a quienes se dirige, consiguiendo los mejores frutos. Sea en las aulas que los forman, sea en las instituciones de salud que los capacitan y actualizan.


LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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viernes, 24 de septiembre de 2010

LA MUERTE DE ‘JOJOY’, UNA MUERTE NECESARIA

Los criminales no son indestructibles. La arrogancia y la crueldad del segundo cabecilla de las Farc por fin han terminado. Y su abatimiento, como respuesta aleccionadora, llega en el momento en que las Farc desafiaban al nuevo gobierno con el asesinato en pocos días de casi medio centenar de uniformados de la Fuerza Pública. Ya no podemos albergar dudas los colombianos de la exitosa continuación de la Seguridad Democrática.

¿Y puede celebrarse una muerte sin que riña con principios altruistas? Sin lugar a dudas. Y los casos de ‘Raúl Reyes’ y del ‘Mono Jojoy’ son ilustrativos. Porque no se trata de regocijarse con el sufrimiento que esa desaparición pueda haber causado a un ser humano. No siento alborozo por el dolor que haya sentido al morir el jefe guerrillero -ojalá no haya sufrido-, siento complacencia, sí, porque su muerte significa el fin de sus acciones terroristas.

La tergiversación del motivo del júbilo nos traslada del acto explicable a la acción despiadada y vengativa. Si bien este enfoque no cambia los acontecimientos, si altera el enfoque moral que los sustenta. Aspecto que, sin embargo, poco suele preocupar al ser humano. Lo deduzco de la frecuencia con que los ciudadanos al exigir justicia claman realmente venganza, utilizando la ley como instrumentos de revancha.

El objetivo al perseguir a un delincuente no es martirizarlo con ánimo vengativo, sino poner a la sociedad a salvo de su asedio. Aislarlo, rehabilitarlo y reincorpóralo. En el peor de los casos, y paradójicamente, aniquilarlo. Situación extrema a la que debe recurrirse ante criminales irrecuperables, francamente sicopáticos, difícilmente controlables por la sociedad. Tal el caso del hoy dado de baja, y de muchos otros cuyo abatimiento también hemos celebrado, como Pablo Escobar, Rodríguez Gacha o ‘Raúl Reyes’.

La sociedad, tiene a mi parecer el derecho, diría aún más, la obligación, de deshacerse de los miembros que más graves perturbaciones le proporcionan.

La operación “Sodoma” además del júbilo que causa, nos corrobora que el Estado siempre tiene recursos para someter al delincuente. Los males de Colombia: guerrilla, narcotráfico y corrupción son dolencias derivadas de la falta de autoridad. Inexplicablemente el país sólo se atrevió a hacerles sentir el peso de la autoridad a los violentos desde el gobierno de Álvaro Uribe. Y la tarea es larga, compleja y dispendiosa. Baste decir que los colombianos vivimos el horror de organizaciones criminales, que sin apelativos revolucionarios, hacen y deshacen a sus anchas, y que también deben ser aplastadas con la misma determinación con la que ha sido aniquilad el cabecilla de las Farc.

Sembrar el terror entre los criminales es una buena forma de enfrentarlos. Una buena forma de disuadirlos haciéndolos conscientes de sus pequeñas dimensiones.

Luis María Murillo Sarmiento M.D.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

EL NARCOTRÁFICO Y SU ETERNO DILEMA: ¿LEGALIZAR O NO LEGALIZAR?

La pérdida del control de la mente que tan conveniente resulta con fines terapéuticos –el control del dolor, por ejemplo, en una intervención quirúrgica- se convierte en hábito inconcebible cuando resulta de una determinación ociosa.

El permanente dominio de la realidad debería ser el propósito de todo ser dotado de razón. Sin embargo el ser humano en su curiosidad y en sus escapes suele ceder la potestad sobre su propia mente. Y de dominador se vuelve esclavo, subyugado por adicciones que a más de encadenar devastan la psique y la materia.

Y si la decisión tomada en desarrollo de la autodeterminación y el libre albedrío resulta reprobable, no otro calificativo que criminal habrá de darse al consumo inducido por los traficantes de las drogas.

No hay demanda sin oferta postulaba hace dos siglos el economista francés Juan Bautista Say, y aunque la extrema pobreza intelectual de los narcotraficantes hace improbable que hayan tenido contacto con la filosofía del pensador, lo cierto es que han explotado como nadie esa ley de la oferta y la demanda.

El fruto de su diabólico comercio deja, además de millones de adictos devastados, una estela de muerte, de guerras y venganzas. La penalización de ese comercio maldito, juiciosamente establecida, no ha servido para nada. La prohibición ha hecho, por el contrario más próspero el negocio. Cada capo caído tiene un sucesor inevitablemente.

Se burlan los hechos de los dictados de la razón y de la ética. Por ello cuando de legalizar se habla me consterno, pero debo admitir que no siempre lo sublime vence, y que el pragmatismo puede asegurar el éxito donde lo ideal apuntala la derrota. Si el fin puede moralmente en ocasiones justificar los medios, este es justamente el hecho en el que puede hacerse la excepción al universal principio. Si la prohibición del consumo hace inexpugnable al traficante, podríamos pensar que la permisividad puede arruinarlo.

Por años consideré que el comercio y el abuso de las drogas debían penalizarse. El fallo que admitió el consumo, amparado en el libre desarrollo de la personalidad, lo recibí con pena. Pero después de tanto batallar en el campo de los principios y los valores -como médico inmerso en un comité de ética-, hoy pienso que la libertad y la bondad son los principio más trascendentales, y que el individuo es dueño de su propia vida, así existan seres tan necios que dilapidan la existencia en una mísera adicción.

También creí que la batalla sin cuartel contra el narcotráfico terminaría con un parte de victoria, pero los traficantes sobreviven campantes haciendo sentir su poder corruptor y fratricida.

Ante la evidencia me doblego: son más devastadoras las secuelas del comercio ilegal que del consumo. No estoy renunciando a mis principios. Más que castigar a los viciosos hay que acabar con quienes producen y trafican. Y se acabará el comercio cuando todos los estados gratuitamente ofrezcan los venenos a todos los adictos. Rehabilitarlos será, entonces, junto con la prevención, el asunto primordial de sus políticas.

Hasta un perverso deleite me sorprende cuando imagino reducido a nada el valor de tantas toneladas de alcaloide en el instante siguiente en el que todos los gobiernos de la Tierra tomen la trascendental medida. Una quiebra atronadora, una debacle histórica que sumirá a todos los capos en la miseria material –la moral les es innata- y sin poder para sus prácticas diabólicas.

De la praxis necesitan el derecho y la ética para poder triunfar.


Luis María Murillo Sarmiento M.D.

lunes, 2 de agosto de 2010

ÁLVARO URIBE VELEZ, EL PRESIDENTE QUE LE CUMPLIÓ A LA PATRIA

Álvaro Uribe Vélez redimió a Colombia. En justicia deberán reseñarlo así los textos de historia a las generaciones venideras. No es una afirmación apasionada en el momento de una sentida despedida, es una verdad sustentada en el recuerdo fresco y sobrecogedor de un país hincado ante su victimario, de una nación sometida por una guerrilla bárbara que llegó a ser tan poderosa como el mismo Estado.

Sin conocer la deplorable situación de nuestra patria en el momento en que Álvaro Uribe ascendió al poder, resulta difícil comprender el bien ganado aprecio del presidente entre los colombianos. Si yerros cometió, ‘errare humanun est’, y pesarán siempre más sus aciertos que sus equivocaciones.

Como un cáncer que silenciosamente invade el organismo de un paciente, la guerrilla fue infiltrando gradualmente a un país apático, incapaz de prever la catástrofe tras de las consignas sociales idealistas invocadas por los subversivos. Y como en la evolución de aquélla mortal enfermedad, un día el mal, en estado avanzado, se tornó evidente. Aún entonces, los gobiernos negligentes vieron pasar la enfermedad sin inmutarse. Salvo el gobierno de Julio César Turbay Ayala, los que lo precedieron como los que lo sucedieron actuaron con ingenuidad con la guerrilla.

Un día Colombia resultó sumida en una espantosa pesadilla. Los idealistas subvertidores del orden, no eran tales, sino bandas de bandidos despiadados que atentaban contra el pueblo por el que decían luchar.

Se volvió cotidiano el horror. Los criminales de las Farc y el Eln andaban a sus anchas. Centenares y aún miles de guerrilleros –como en la toma de Mitú en noviembre de 1998- irrumpían en pueblos y ciudades destruyendo cuarteles, saqueando bancos y asesinando a militares y civiles; formaban milicias en las grandes capitales para extorsionar a comerciantes y empresarios y para amedrentar con sus actos terroristas. Se tomaban las vías, y desde caminos polvorientos hasta transitadas autopistas supieron del horror del secuestro en los “retenes subversivos”. Nadie entonces pudo circular tranquilo. Los campesinos fueron obligados a marchar contra el gobierno, y a cumplir con los “paros armados” ordenados por la subversión so pena de ser asesinados. Entre tanto la guerrilla se llevaba a sus hijos, niños o adolescentes, para engrosar sus filas convirtiéndolos previamente en asesinos, Puentes, oleoductos, torres de energía fueron volados, el país semiparalizado. Los inversionistas extranjeros debieron irse o pagar ‘vacuna’, Los turistas entendieron que Colombia era un destino violento y peligroso. La Fuerza Pública era, entonces, incapaz de contenerlos.

Ante tantos uniformados muertos o secuestrados en emboscadas y tomas guerrilleras los gobiernos optaron por cerrar cuarteles dejando a la población a la deriva. Prefirieron mejor los gobernantes renunciar a la autoridad y tratar con delicadeza a la guerrilla, ¿Pusilanimidad o cobardía? Lo cierto es que muchos militares fueron llamados a calificar servicios por usar términos que pudieran ultrajarla o expresiones que llamaran a una guerra frontal y contundente. Hasta extensos territorios, como el Caguán, les fueron entregados en busca de una paz negociada impracticable. La toma del poder por las Farc, en esos momentos, no pareció imposible. Ese fue el país que en el 2002 eligió a Álvaro Uribe Vélez esperanzado en que su mano firme pusiera fin a los desmanes.

Comenzando el milenio era Uribe una figura apenas regional; un gobernador que relucía por el éxito de su gestión en su departamento. Pienso que fui de los primeros colombianos en intuir que los aciertos y la firmeza de ese gobernador serían para el país fructíferos. Finalmente mis compatriotas así lo percibieron.

Hastiado de gobernantes asustadizos y transaccionales con la autoridad, vi en ese hombre decidido y frentero, capaz de desafiar a las Farc sin asomo de cobardía, la persona capaz de devolverle al país los sueños que por décadas una subversión demencial y sanguinaria había convertido en pesadilla.

Uribe fue el primer mandatario capaz de tachar a los guerrilleros de bandidos, y de darles sin temor el calificativo preciso que les correspondía. El primero en declararle la guerra a las Farc, el más infame enemigo de Colombia. Hasta entonces los mandatarios actuaron con recelo y dejaron crecer la subversión sin inquietarse. Ante la desprotección del Estado era razonable que surgiera el paramilitarismo con todos sus horrores. También de su surgimiento son culpables. El país, por su pusilanimidad, era un infierno. Y deben saberlo quienes lo desconocen y recordarlo quienes lo olvidaron.

La labor de Álvaro Uribe fue incansable, ningún gobernante ha trabajado tanto. Gracias a ella Colombia volvió a ser un país viable. Basta comparar el país que recibió con el país que entrega para juzgar fructíferos sus años de gobierno. Su Seguridad Democrática fue más que cara dura con delincuentes antes intocables, fue más que proteger a los residentes en Colombia del peligro. Fue una tarea que recobró la autoridad para el Estado –su poseedor legítimo-, que infundió tranquilidad entre los colombianos, que restableció la confianza en el país y creó un ambiente propicio para el desarrollo.

Sus consignas patrióticas y su amor denodado por Colombia a muchos alentaron; orgullosos de nuestra nacionalidad volvimos a estar los colombianos. Su temple contagió el valor y el país volvió a sacar coraje donde antes residía la cobardía. Gracias a ese líder valiente y carismático la gente se sintió capaz de alzar la voz contra su victimario: difícil olvidar que más de doce millones de compatriotas marcharon contra las Farc un 4 de febrero.

Con Uribe Colombia recuperó su dignidad, ese es su principal legado. Colombia hoy apasiona, su economía en el contexto mundial es atractiva, sus encantos seducen al turista que los puede apreciar desprevenido, los empresarios volvieron a invertir sin riego de extorsiones, la inversión extranjera asentó en su suelo. El enemigo entre tanto se encuentra arrinconado.

Dos veces voté por Álvaro Uribe y por segunda vez lo hubiera reelegido. Siento que interpretó y puso en práctica las determinaciones que yo hubiera tomado. Por primera vez no me ha defraudado un gobernante. Valeroso y trabajador, cumplió a cabalidad con los propósitos que me llevaron a elegirlo. Su altísima popularidad al entregar el cargo no es gratuita, tampoco la posteridad podrá desconocer el valor de su legado. Y aunque no faltarán reacios y mezquinos detractores, habrá de prevalecer la gratitud de los colombianos que comprendimos el efecto provechoso de su obra.


Luis María Murillo Sarmiento M.D.

domingo, 13 de junio de 2010

EL FARISEÍSMO EN LA CONTIENDA ELECTORAL

La campaña presidencial colombiana ha adquirido en su segunda vuelta un tinte maniqueo. El candidato del Partido Verde -Antanas Mockus- y los ciudadanos que lo apoyan se han erigido como un bastión que menosprecia y trata de avergonzar al oponente: sólo ellos encarnan las virtudes.

La actitud es odiosa y rebatible. Es un raciocinio sofístico incapaz de sostenerse: los seguidores de Santos y de Mockus son iguales a todos los mortales. Es débil la condición humana. Hasta el adalid de lo correcto –Mockus- nos acaba de confiar en un debate que aceptó una jugosa dádiva del gobierno siendo alcalde. Y la aceptó por ser legal a pesar de que su conciencia le advertía que no la recibiera.

Realmente no sé si la legalidad que tanto pregona el candidato sea el remedio a los males de Colombia. Más que legal el país debe ser ético. Lo legal solo determina que algo está prescrito por la ley, no que persiga la bondad en sus fines.

Sentada la hipótesis de que quienes no siguen al ex alcalde bogotano prohíjan los vicios que corrompen a Colombia y que quienes lo acompañan son dueños de virtudes redentoras, tengo que preguntarme qué tan diferentes son los 3’134.222 colombianos que votaron por Mockus en la primera vuelta de los 6’802.043 que sufragaron por el otro candidato* ¿Realmente serán tan impolutos? ¿Jamás se habrán copiado una tarea? ¿No habrán hecho una trampa en un examen? ¿No habrán buscado una ‘palanca’ para buscar empleo? ¿No se habrán escapado de la universidad o del trabajo con pretextos mentirosos? ¿Jamás habrán sido con su pareja infieles? ¿No habrán hecho un cruce prohibido en una esquina? ¿No se habrán pasado un semáforo en rojo, o parqueado donde no debían? ¿No estarán recibiendo salud subsidiada sin tener derecho? ¿No estarán ocultando sus ingresos para no declarar renta? ¿Nunca habrán evadido sus impuestos? ¿Jamás habrán dicho una mentira? ¿Jamás habrán ofrecido una dádiva para agilizar un trámite? ¿O la habrán recibido en cambio de ofrecerla? ¿Será que nunca se han colado en una fila? ¿Será que no hablan por celular mientras manejan y esconden el teléfono cuando la autoridad se acerca? ¿Será que nunca han comprado artículos de contrabando, un CD o un DVD pirata? ¿Pagarán a las empleadas de servicio todas sus prestaciones? ¿Habrán siempre cruzado la calle por la cebra? ¿Cogerán el bus sólo en los paraderos? ¿Serán tan diferentes al resto de sus compatriotas? La respuesta es evidente, la sabemos todos. Es mejor ser más modesto. Confesarse más pecador que ejemplar es preferible: nada tienen que cambiar los intachables.

Planteada la campaña en estos términos, como una confrontación entre corruptos y virtuosos, entre buscadores de “atajos” e impecables, sólo podrán votar por Mockus los libres de pecado. Y libres de pecado, si somos rigurosos, no hay ninguno. Para un filósofo como el candidato Verde debe resultar un dilema interesante.

Luis María Murillo Sarmiento M.D.


* Juan Manuel Santos

jueves, 10 de junio de 2010

MI SOLIDARIDAD CON LAS FUERZAS ARMADAS DE COLOMBIA

La justicia es apenas un concepto, sublime en esencia, se desploma de su grandeza teórica al ser aplicada por los hombres: el hombre no es perfecto. Pero si yerra el sabio, si el recto se equivoca, ¿que pueden deparar los fallos de juzgadores amañados?

Los temperamentos radicales tendrán siempre por blanco a las instituciones, es su natural tendencia a la anarquía, y entre ellas las Fuerzas Armadas serán siempre un objetivo. Mas uno espera que la justicia sea solidaria con la institucionalidad y la preserve. El juzgamiento en Colombia de muchos militares me deja la sensación de que algo no anda bien en la justicia.

Me duele el fallo contra el coronel Alfonso Plazas Vega. He estado convencido desde hace 24 años, cuando inició la recuperación del Palacio de Justicia, tomado por el M-19, que su acción decidida era en defensa de la democracia. Treinta años de cárcel, a los que hoy una jueza lo condena, no pueden ser el pago a una operación valerosa, valerosa por su valentía, valerosa por su trascendencia. Gracias a ella, con todo y su saldo trágico, el principio de autoridad no fue vencido. Un cuarto de siglo después una justicia en la que voy perdiendo toda la confianza convierte en delincuente al héroe.

Un chivo expiatorio piden los familiares de los desaparecidos, una condena resonante contra la Fuerza Pública piden los terroristas. Ambos han quedado satisfechos. ¿Y Colombia? ¿No deberían, acaso, prevalecer los intereses de la Patria? Hoy la justicia como quinta columna, parece estar a favor del enemigo.

Mejores pruebas requiere un juicio que el simple testimonio. Hoy los testigos se acuerdan y se compran. Hoy los aseveraciones arregladas son el instrumento favorito de todos bandidos que negocian las penas con las autoridades. Los testimonios como la palabra, hace mucho dejaron de ser fiables.

Entiendo que procede el juicio de rencores dispuestos a no dejar que sanen las heridas, al fin y al cabo la justicia humana es, por instinto, más vengadora que redentora e indulgente, Por algo la ley del Talión es su mejor antecedente. Quien clama justicia, clama generalmente venganza. ¿Cuántas veces el arrepentimiento sacia al ofendido? ¡Qué pague! es la frase que con mayor pasión se escucha en las audiencias.

Ha perdido grandeza la justicia: propensa a lo sensacional y lo mediático ha perdido discreción, propensa a lo político ha perdido ponderación, y ha olvidado la imparcialidad solidaria con ideologías.

Prepotentes y omnímodos, no sólo en Colombia, algunos jueces intentan remover las sepulturas para juzgar la historia. Ávidos de proferir sus fallos, abren heridas y remueven llagas para que nunca sanen. ¡Qué perversos!

La verdad que no se dilucida en el momento fresco de los hechos, menos se ha de aclarar cuando queda sumida en el pasado: los testigos mueren, la memoria falla, las pruebas se deshacen, el contexto de los hechos cambia, con los parámetros de los tiempos de paz no se pueden juzgar los hechos de la guerra. En cambio, el odio y el resentimiento se reviven.

No estamos con estos juicios insensatos, lejos de ver a un ex presidente tras de rejas. Las cosas juzgadas para los buenos de la historia ya no son inalterables. Algún juez se encarnizará con Belisario Betancur –el presidente de la época-, hombre bueno y colombiano ilustre. Nadie pedirá en cambio que se revoque la amnistía al movimiento guerrillero que aliado con el narcotráfico perpetró la toma. Al fin y al cabo la gente decente y sin resentimiento sabe que la amnistía contribuyó a la paz, y que muchos guerrilleros se convirtieron en ciudadanos útiles.

Siento con el fallo, que el espíritu de la subversión se ha enquistado en el corazón de la justicia. Hasta el ensañamiento con las aflicciones familiares y personales del procesado me lo indican.

Qué sepan nuestros militares que, aunque la justicia se parcialice contra ellos, cuenta con la solidaridad de millones de colombianos que sabemos que es gracias a su sacrificio que la democracia sobrevive.


Luis María Murillo Sarmiento M.D.

miércoles, 26 de mayo de 2010

POR QUÉ NO VOTARÉ POR MOCKUS

Tras del convencimiento la vacilación no cabe. La vacilación y la duda son propias de la debilidad y características del desconocimiento. La capacidad de rectificar, que puede ser virtud de sabios y de hombres honrados, como Mockus, no siempre es conveniente. No cuando traduce error y desacierto. No es bueno tener que desdecirse diariamente: acertar es la obligación de todo gobernante.

El ex alcalde de Bogotá, que trasluce la sensación de un hombre bueno, ha sido, a mi parecer, tomado por sorpresa por una popularidad no imaginada. Ante una admiración que puede exaltarlo al cargo más alto de nuestra democracia, Antanas Mockus parece improvisar un programa de gobierno a las carreras. Ha tenido que pasar, sin tiempo, de la expresión de sus principios filosóficos a las soluciones puntuales que los electores le demandan; de concepciones teóricas generales, a aterrizados asuntos prácticos. Y como falta madurez a su proyecto, sobrevienen sus dudas y sus rectificaciones. No obstante, el ciudadano que admira sus virtudes y se entusiasma con su filosofía no alcanza a percibir que el candidato no está listo para enfrentar enemigos perversos y retos delicados.

No considero, como médico, un exabrupto que Mockus estime como una buena paga la remuneración de un millón de pesos para mis colegas. Colijo, en cambio, que es una muestra de su desconocimiento. Al igual que las estimaciones del desmedido ajuste tributario que propuso. Las cargas que el prevé darían al traste con el ambiente favorable para la inversión. Inversión que no dudo que tenga prioridad en su planes de gobierno, pero que desvirtúa con sus juicios impensados.

Veo en Mockus un hombre contenido, por eso no fueron en su administración grandes sus ejecutorias en infraestructura, y el país lo que demanda es un gobernante dinámico, un gerente emprendedor. Su proyecto de “cultura ciudadana”, en cambio, fue probablemente el legado mejor de su alcaldía, a todas luces un modelo que debe replicarse; pero no hay que ser presidente para ello.

¿Podrá Mockus lidiar con el proyecto comunista y expansionista del dictador venezolano? ¿Será capaz de llevar a la extinción a la guerrilla? ¿No caerá, con su buen corazón, en las celadas que le tiendan? Ya ingenuamente se declaró –sin serlo- admirador de Chávez, enemigo peligroso, cómplice de las Farc, que no dudará en introducir en Colombia su mísero modelo, enemigo de la libertad y de la propiedad privada. ¿Querrán el fruto de ese contubernio –Farc y Chávez- los colombianos que voten por un gobierno débil? ¿Tan pronto olvidaron los horrores de las Farc, las vías intransitables por el sobresalto del secuestro, los pueblos asediados por las bombas, los niños asesinados en las tomas guerrilleras, la gente extorsionada, las masacres, las ‘vacunas? Y que pregunten los jóvenes deslumbrados por el Partido Verde, lo que vivió el país cuando ellos eran niños.

No hay férrea convicción cuando se duda, y sin férrea convicción no hay garantía de que los planes triunfen. En ese convencimiento indoblegable residió el éxito de la seguridad del presidente Uribe.

El discurso de Mockus traduce más dudas que firmeza. Además considero que carece aún de estructura su programa, por eso no me inclinaré por su propuesta. En el futuro, cuando su proyecto se decante, cuando exhiba la juiciosa estructuración de los programas que hoy ostentan los de los candidatos Vargas Lleras, Santos o Gustavo Petro –estudiosos sistemáticos de los problemas colombianos-, estará probablemente Mockus entre mis favoritos. Cuando el país esté en paz, votaré por un candidato para tiempos tranquilos que rija sus destinos. Pero ahora, en una patria aún convulsionada, votaré por Santos. Más convincentes que sus palabras son sus realizaciones. Me tranquilizan sus ejecutorias en el Ministerio de Defensa y su claro conocimiento de la economía, porque en la seguridad y las sanas finanzas fulgura el futuro de Colombia.


LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

jueves, 6 de mayo de 2010

LA DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD, CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA - HIPÓTESIS SOBRE LA DESHUMANIZACIÓN, UN ACERCAMIENTO AL ORIGEN DE LOS MALES

El mundo abrupta o imperceptiblemente se transforma; pero son más frecuentes los cambios invisibles, que sólo se advierten al comparar las épocas. Como el rostro del hombre, por ejemplo, que pasa de el del niño al del anciano habiendo visto siempre la misma faz el día anterior y el que le sigue. Así, inesperadamente, nos damos cuenta de que la urbanidad, la cortesía, la humanidad se han depreciado. Y comienzan a asaltarnos –a médicos, enfermeras y pacientes- las preguntas: ¿Cuándo se perdió la humanidad? ¿Cuándo el hábito volvió una rutina el sufrimiento? ¿Cuándo el arte de curar se volvió básicamente técnica? ¿Cuándo el médico perdió su pedestal? ¿Cuando el hombre de ciencia en su prepotencia se equiparó con Dios? ¿Cuándo la calidad total se dejó imbuir por la productividad sin freno? ¿Acaso cuando el enfermo se volvió otro cliente? ¿Cuando se olvidó el poder curador de las palabras?

Estas preguntas encierran dudas y a la vez certezas, y dejan la evidencia de las transformaciones radicales que ha sufrido el arte de curar. Para comenzar, el médico paternal, con visión integral del enfermo y su familia, capaz de auscultar las emociones con paciencia, es cosa del pasado. Con sus virtudes y defectos ese paradigma ha sido reemplazado. ¿Pero esa medicina más apacible y menos técnica debía substituirse? No del todo, es mi respuesta. No en todo aquello que ha significado el menoscabo de la relación del médico con el paciente.

Los cambios que se han dado, odiosos para el médico humanista, han resultado sin embargo inevitables. Creo que la masificación, la parcelación del cuerpo humano, el encumbramiento de la técnica, el afán de producir y la comercialización de la medicina son los verdaderos responsables.

La multitud hace invisible al individuo: en el montón se pierde la dignidad y el valor de las personas. En la muchedumbre uno de más, uno de menos, carece de importancia. Entre el gentío que atiborra en una noche las urgencias, el nombre de un paciente resulta irrelevante. Nunca se recuerda. Con frecuencia se olvida el motivo de ese anónimo que llegó a consulta. La masificación deshumaniza. Deshumaniza porque agota. El profesional agotado comienza a sentir como tortura la próxima consulta; el siguiente paciente es un suplicio. Deshumaniza porque en el maremagno se vuelve rutinario el sufrimiento. El caso doloroso y único conmueve; ante los mismos casos en sucesión indefinida termina anestesiado el sentimiento. La masificación deshumaniza porque vuelve anónimos a todos los actores, porque involucra demasiada gente: mucho intermediario. Ya no son el médico y su paciente en comunión privada; hasta el vigilante y el portero se entrometen. Todos en la multitud son para los demás intrusos, se ven con desconfianza. Por seguridad las instituciones de salud cierran sus puertas y deben exigir identidades. Ni los vigilantes conocen a los médicos, con mayor razón desconocen al paciente.

La fragmentación del cuerpo humano es obvia consecuencia del desarrollo de su conocimiento, nada hay que reprocharle. Ninguna mente alberga todo el saber de nuestra medicina. La aparición de las especialidades es un razonable desenlace. Pero su aparición, sin proponérselo, acabó con el médico omnisciente que atendía integralmente todas las dolencias. Hoy el especialista no está en condición de resolverlo todo, pero esa misma incapacidad volvió improductiva la atención de las quejas del paciente. ¿Para qué escuchar lo que no tiene posibilidad de remediarse?

En un comienzo la medicina fue ciencia –menos ciencia- y humanidad –más compasiva-, pero el tiempo la fue volviendo más técnica y menos afectiva. Humanidad y ciencia, en una relación inversamente proporcional, se fueron distanciando. Los mismos actos de preservar la vida al borde de la muerte, se fueron encarnizando, y sin ánimo de maldad alguno. Preservar la salud y la vida a toda costa, por obra de una visión desenfocada, se convirtió en el mayor bien a proporcionar al ser humano, pasando por alto hasta los sufrimientos que esa actitud provoca. No dejar morir no siempre es una hazaña.

Por cuántos siglos médico y paciente trabaron una relación humana y personal sin imaginar que con el tiempo el derecho la volvería un contrato, y que más adelante encajaría en un portafolio de servicio, jerga del entorno comercial, que también define al enfermo como cliente. Años apacibles –por desgracia poco técnicos- en que la relación médico-paciente se daba sin intermediarios, ni leyes del mercado.

“El trabajo del médico solo lo beneficiará a él y a quien lo reciba, nunca a terceros que pretendan explotarlo comercialmente”, reza el código de ética médica colombiano. Saludable o no, apenas es romántico. Difícil imaginar que en las empresas de salud todo sea filantropía sin ánimo de lucro. Pero hacer empresa con la salud no es censurable. Por efecto de la misma masificación, resulta necesario. De hecho los recursos privados, mejor administrados que los del Estado, tienen en la salud la posibilidad de demostrar su compromiso con la sociedad. Lo reprochable es ver la vida humana tan sólo como un negocio lucrativo. A la buena administración de los recursos y el manejo acertado de los negocios debe sumarse una contextura moral a toda prueba. Debe existir una clara jerarquización de principios y valores, un manifiesto sentido de justicia, un reconocimiento de la vida y la salud como bienes absolutos, una anteposición del paciente a lo económico; admitir al enfermo como fin, no como medio: reconocerlo como el propósito más importante de la organización.

La productividad y el afán de lucro son la enfermedad de nuestro tiempo. Gracias a este morbo todo se volvió vertiginoso. El mundo corre en un afán de producir sin tregua, relegando la tranquilidad y las dichas del espíritu. No vive, galopa contra el tiempo. Si es trabajador de la salud, salva una vida, recupera un órgano, hace una consulta apresurada -que estadísticamente se traduzca en jactanciosos rendimientos-, cumple lo urgente, corre de una institución a otra, y posterga lo espiritual –lo suyo y lo de su paciente-. Y en esa postergación lo espiritual se finalmente se olvida. Quien no sigue el modelo se rezaga, quien se rezaga sucumbe en este trote desbocado, en esta absurda “selección natural” impuesta por el hombre.

El conocimiento, motor del progreso tiene precio. La educación también es un negocio. Hoy el conocimiento es un incuestionable producto del mercado y puede valer más que los bienes materiales. Si éstos valen, tiene lógico asidero que cuesten los bienes que trascienden, como la educación, más si se entiende que los recursos que requiere su infraestructura no salen de la nada. De todas maneras la salud y la educación no son un privilegio, son un bien universal que debe asegurarse. Por más que cueste toda persona debe tener garantizado ese derecho. Cómo se logre depende del ingenio de quienes rigen sus destinos.

En la conjunción de tantos extravíos, de tantos males, aprietos y limitaciones resulta inevitable que la humanidad se pierda, en el afán de sobrevivir la vocación se distorsiona, la caridad se queda sin espacio, la acción desinteresada ante el ánimo comercial claudica.


LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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jueves, 18 de marzo de 2010

EL FEMINISMO, O LA INTEMPERANCIA DE UNA MINORÍA

El admirable desempeño de la selección femenina de fútbol de Colombia que acaba de conquistar el subcampeonato suramericano sub-20, ha traído a mi mente el asunto de los géneros que tan sesgadamente enfoca el feminismo. Este éxito, que sobrepasa los resultados de las selecciones masculinas, es la clara demostración de que valiéndose apenas de sus méritos las mujeres pueden sobrepasar al hombre.

Y es apenas éste un ejemplo de los muchos campos en que las mujeres pueden superarnos. Superarnos sin necesidad de las normas que las hacen percibir como minoría inepta -cuando se establecen cuotas en las que el requisito para un cargo está en función de los genitales y no de los merecimientos-, igualarnos sin tener que recurrir a las aberraciones del lenguaje que atropellan el buen hablar y la razón con el ‘todos y todas’, que dizque las visibiliza. Claro que las hace percibir… por su ignorancia. Reclamo frívolo al idioma; cual si los hombres nos molestáramos por tantas palabras femeninas con que se nos designa. Hasta machista, la voz que denota al prepotente masculino, es en apariencia femenina; y no ha aparecido el primer machista que quiere reformarla.

Me parece indolente que las feministas sólo perciban la violencia contra la mujer cuando, en Bogotá, por estas fechas, hay once hombres asesinados por cada mujer sacrificada; cual si debiera doler la vida humana sólo en razón del sexo de la víctima. ¿Y qué decir de la violencia de la mujer contra sus hijos? ¿Es que contra ella no deben las feministas pronunciarse? Así lo han de tener estipulado, como el silencio relativo a la violencia de la mujer contra el hombre en los hogares. Despreciable no es si se cuenta el martirio sicológico. ¿Pero qué hombre –frenado por su orgullo-, se atreve a denunciarla?

Ajenas a la irrefrenable atracción entre la mujer y el hombre, las feministas siembran inútilmente su cizaña, cual si quisieran arrasar con la ternura, con el maravilloso encanto que puede ser la relación entre los sexos en una vida libre de recelos y aprensiones. No más ayer una red feminista protestaba contra la Universidad de Antioquia y exhortaba a reclamarle airadamente por la vulneración de los derechos femeninos. ¿Pero qué acto tan perverso cometió su facultad de ingeniería? Pues haber incluido en su felicitación en el día de la mujer un mensaje de la escritora cubana Zenaida Bacardí de Argamasilla que las insta a ser mejores madres y mejores compañeras.

La particular iniciativa procede de una red de mujeres que dice luchar por sus derechos sexuales y reproductivos, y uno se pregunta: ¿cómo han de ejercer esos derechos? Porque si los sexuales se refieren a un disfrute, es obvio que no cabemos los hombres en su planes, dados el fastidio con que nos advierten -poco atractivas también las encontramos-. Y si a los reproductivos hacemos referencia, de tales tienen poco, porque pesa más el aborto que la maternidad en su defensa.

Con las particularidades de su género, que deben respetarse, hombres y mujeres, son seres equiparables, con cualidades y defectos. La lucha debe encauzarse hacia el respeto de la persona humana, por derechos semejantes para todos. Sesgar la visión a favor de un grupo humano y en detrimento de otro resulta a mi modo de ver inaceptable.

No es menos la mujer que el hombre en nuestros días. No existe campo que le esté vedado. En muchos ha desplazado al hombre, y en algunos proporcionalmente predomina. Celebro que lo hagan si la conquista es merecida.

En el medio en que me desempeño, soy testigo de que por género no se discrimina. Las escalas salariales de los médicos no reparan en el sexo sino en la función que desempeñan. Las médicas ganan lo mismo que los médicos aunque las feministas afirmen lo contrario. Hasta una celadora me contaba que le gustaba trabajar con hombres porque le dejaban las actividades con menor peligro. ¿Definitivamente el hombre no es tan miserable!

Me declaro rendido admirador del sexo femenino, me es imposible considerar la felicidad, sin la adorable presencia de la mujer sobre la Tierra.


Luis María Murillo Sarmiento M.D.

viernes, 12 de marzo de 2010

DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD, CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA - ¿CÓMO SER HUMANO?

La humanidad es un dictado del sentido común y del buen juicio, no exenta, en el caso de la asistencia sanitaria de determinada técnica; pues no basta servir, hay que tener conocimiento para hacerlo. Las necesidades y la atención de un niño, en gran medida difirieren, por ejemplo, de las de una parturienta, o las del paciente moribundo.

El punto de partida del trato humano es la convicción de quien debe prodigarlo. En su mejor expresión la bondad se da espontánea, llegando a los límites del sacrificio. Y ese sentimiento tiene como guía la aspiración de cómo queremos ser tratados. Es la consideración y el respeto hacia los semejantes, en los que de alguna forma nos vemos proyectados.

La humanidad nos obliga a anticiparnos al efecto de nuestras acciones, nos incita al diálogo, principal vehículo que trasmite sus virtudes, y a traducir en gestos y palabras los sentimientos compasivos. Porque la humanidad, aunque tiene un fundamento racional, se expresa con afecto. Sin cordialidad, ni simpatía, la humanidad no existe. Nace de la comprensión de que el ser humano es sensible y sujeto al sentimiento. Y se traduce en comportamientos responsables, afectuosos, rectos, amables, indulgentes, tolerantes, amistosos, agradecidos, respetuosos, comprensivos, sinceros humildes, serviciales, generosos, honrados, justos, veraces, diligentes y prudentes. Comportamientos que demandan el súmmum de virtudes, y que paradójicamente no precisan de mayores sacrificios.


LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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domingo, 7 de febrero de 2010

LAS LECCIONES QUE DEJA EL REFERENDO*

Muchas lecciones deja la ponencia del magistrado Humberto Sierra Porto sobre el referendo que busca la reelección del presidente Uribe. Los vicios que el magistrado advierte**, no hacen más que recoger los argumentos de sus enconados enemigos, y los temores, también, de quienes desde la postura reeleccionista advirtieron errores inauditos.
En este juego de intereses, politizado y ardiente, el decoro es el primer damnificado. En la polarización del debate ningún argumento se acepta al oponente. Los ánimos se alinean para someter por la fuerza, no por la razón, al adversario. La caballerosidad y el honor no suelen ser las virtudes de quienes rivalizan. El fin justifica los medios, en términos subversivos: todas las formas de lucha son válidas para derrotar al contrario.
Como defensor de buena parte de la obra de gobierno del presidente Uribe, intuí una segunda reelección sin contratiempos, asegurada por una popularidad sin atenuantes. El paso por el Congreso manipuló y manchó la iniciativa. La llenó de los vicios que hoy advierte una justicia, más habituada a emitir conceptos políticos que fallos en derecho.
Los referendos y las iniciativas populares en Colombia son pura pantomima. Están al arbitrio de quienes desde alguna instancia del poder lo manipulen. ¡No es definitivamente el pueblo soberano! Y habrán de darme la razón, seguramente, quienes hoy festejan, del referendo de la reelección, una ponencia adversa. Porque esa es sencillamente la suerte que pueden esperar todas las iniciativas populares. Sólo se precisan tinterillos que descubran los yerros en la forma.
Que de pronto nada esté perdido porque el fallo de la Corte Constitucional aún no se conoce, es lo de menos. Me preocupa, y debería a todos preocuparnos, la forma amañada en que los colombianos procedemos. Habrá quien analice en detalle todas las objeciones del magistrado Sierra, a simple vista algunas parecen valederas. Pero hay dos protuberantes, que por inadmisibles debo refutarlas. Recibidas como los vicios más sobresalientes, son a mi juicio las más desestimables.
Si los topes financieros para la recolección de las firmas se excedieron, nada tuvo que ver con los firmantes. Otra cosa hubiera sido si la financiación hubiera tenido por objeto la compra de las firmas. Resulta artero invocar contra el referendo este argumento. Para ilustrar con un ejemplo: si quien trasporta las firmas sobrepasa la velocidad que el tránsito permite, o utiliza para trasportarlas un vehículo robado, o mata con su camioneta a un transeúnte, ¿dejan las firmas de ser válidas y se debe desconocer la voluntad del pueblo? La respuesta es tan evidente que es perogrullada consignarla. Por lo demás qué responda el conductor por su contravención o su delito.
Sostener que las firmas no apoyaban la reelección inmediata del presidente Uribe***, es un argumento cínico, propio de quienes proceden sin decoro: acaso de quienes juzgan candorosamente. Pidan mi declaración, y la de todos los firmantes, bajo la gravedad del juramento, para que de la fuente original se conozca la verdadera propuesta que apoyamos. Un error de redacción no puede desvirtuar un proyecto que fue de pleno conocimiento público. ¿Pesarán más que la realidad las triquiñuelas? ¿No fue acaso el conocimiento pleno de que se pretendía una reelección inmediata la que exacerbó los ánimos de la oposición?
En pos de la victoria o frente a la derrota se debe actuar con rectitud y transparencia. Los sofismas apenas sirven a juicios amañados.

* Con miras a reelegir por segunda vez al presidente Uribe y haciendo uso de los mecanismos de participación democrática consagrados en la Constitución colombiana, se inició un proceso de convocación de un referendo. Tras cumplir con la recolección de las firmas de los ciudadanos que lo respaldaban, inició el trámite exigido en el Congreso y en septiembre del 2009 fue sancionada la ley que dio vía libre al referendo. En espera del concepto de la Corte Constitucional sobre la ley, se acaba de conocer la ponencia negativa del magistrado Humberto Sierra Porto que deberá ser debatida por la Sala Plena de la Corte Constitucional.
** Señala entre sus muchas objeciones la violación de los topes fijados para la financiación, la contabilidad del voto de 5 representantes que fueron sancionados por su anterior partido con el retiro del derecho al voto, la corrección de la pregunta del referendo en el Congreso, la radicación del proyecto sin contar con la certificación del Registrador y el inicio de las sesiones extras de la Cámara antes de que se publicara en el Diario Oficial el decreto que las convocaba.
*** Inadvertidamente la pregunta consignada en la iniciativa popular rezaba: “Quien haya ejercido la Presidencia de la República por dos periodos constitucionales, podrá ser elegido para otro periodo”, Tarde se dieron cuenta del error: el segundo período del presidente aún no terminaba. Entonces en el tercer debate en la Comisión Primera del Senado se hizo la corrección correspondiente: 'Quien haya sido elegido a la Presidencia de la República por dos períodos constitucionales podrá ser elegido…”.



Luis María Murillo Sarmiento M.D.

miércoles, 20 de enero de 2010

EL ARTE DE CURAR: HUMANIDAD Y CIENCIA

Las acciones de la medicina y de los profesionales de la salud en general, son en su mismo origen inseparables de la labor humanitaria, son indudablemente compasivas. Su quehacer tiene en la compasión origen, entendido origen en su doble acepción de nacimiento y fundamento: por compasión se emprenden, por compasión perduran. Y es que se necesita cierto enternecimiento por quien sufre para querer abrazar las ciencias médicas. Un misántropo no encaja en la asistencia. Las ciencias de la salud nacieron para curar, o para aliviar en su defecto, y se han mantenido y se perpetuarán para los mismos fines. Su objeto es el ser humano vulnerable, el ser humano frágil, rendido por la enfermedad, el dolor y el sufrimiento. Rendido por el dolor físico y por el dolor moral. Porque la humanidad a diferencia de la técnica, reconoce en la enfermedad una dolencia que rebasa el cuerpo y afecta la dimensión espiritual del hombre; aquello que no es físico ni orgánico, y que reúne lo inmaterial del ser humano: su alma, su psiquis, su mente, su intelecto, en últimas sus sentimientos, si se quiere negar lo trascendente.

El arte de curar demanda virtudes que sobrepasan en número y magnitud la de la mayoría de los oficios. Quien atiende a un enfermo no puede ser un desalmado. Debe ser sin excepción benévolo. Las cualidades que reclama el paciente, son a la vez las que se esperan de la medicina: compasión, caridad, generosidad, bondad, amabilidad, consideración, afecto, diligencia, que no son otra cosa que la expresión de la humanidad en alto grado. Luego la medicina y todas sus afines deben ser la materialización del concepto humanidad.

La humanidad se intuye, pero también se cultiva y se refuerza. De ahí la importancia de incluirla en los programas que forman a nuestros profesionales. Qué bien cabe en esta reflexión la exhortación del médico humanista Fernando Sánchez Torres cuando afirma que el médico no debe ser sólo componedor –mecánico- del cuerpo humano, sino que debe trascender lo simplemente corporal para ponerle arte a su oficio. Arte que es en sus palabras el alma, la pasión y el sentimiento.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

LA SANGRE DE SUS VÍCTIMAS RECLAMA EL EXTERMINIO DE LAS FARC

El secuestro y degollamiento del gobernador del Caquetá, Luis Francisco Cuéllar, por un comando de las Farc, es un crimen más en el largo historial de la barbarie del grupo terrorista. Uno más, porque son miles las atrocidades cometidas, y miles las que cometerán si no se las detiene. Pero es único y sobrecogedor como todo asesinato depravado. No se olvidará jamás el horror del collar bomba con que las Farc acabaron a una de sus víctimas. Y esos son apenas dos ejemplos de sus habituales demostraciones de sevicia. Las Farc son genocidas, en sus manos la humanidad perecería.

No merece la vida quien no es capaz de respetarla, todo derecho lleva consigo una obligación equiparable. Y no es difícil respetar la vida, truncarla es lo que para cualquier ser normal resulta insoportable.

¿Qué consigue un crimen repudiable, más que desear para los criminales la misma adversidad? ¡Si rehacer la Patria precisa la muerte de los subversivos –asesinos infernales-, abonemos el suelo con su sangre! Es lícita la destrucción de un genocida, es un derecho la defensa de la propia vida. No queda más alternativa que la aniquilación, no como conducta vengativa, sino como recurso final de una sociedad para someter a un agresor irredimible. Y pensar que su depravación es la encumbran los comunistas de América Latina hoy asociados en la Coordinadora Continental Bolivariana. Que su degradación es la que ganó la solidaridad del dictador venezolano que hoy esconde en su territorio a sus perversos cabecillas.

Una nación no debe arrodillarse ante sus victimarios, no puede perecer inerme y resignada. Un país de 45 millones de personas no puede dejarse arrinconar por ocho o diez mil facinerosos. Las Farc no sólo son enemigas del gobierno y de la fuerza pública, son enemigas de Colombia, luego todos los colombianos debemos participar en su aniquilación. Por más bárbaras que sean, no podrán sobrevivir a las armas del Estado.

Mano firme presidente Uribe. Más firme sí se puede. En un país de gobernantes pusilánimes, de líderes sin carisma o dispuestos a tranzar con los violentos, su talante resulta imprescindible.


Luis María Murillo Sarmiento

lunes, 16 de noviembre de 2009

UN ENFERMO MENTAL NO DEBE GOBERNAR A VENEZUELA

Llama a la guerra con Colombia el dictador venezolano. Cual ladrón que monta en cólera porque su víctima pone cerrojo a las puertas por las que pretendía colarse, Hugo Chávez, tan desvergonzado como cualquier malvado, ha perdido los cabales porque Colombia ha hecho acuerdos militares que obstaculizan sus planes delirantes*: Colombia no es tierra fértil para sus míseros proyectos. Expandir su carcomido socialismo en nuestra patria es imposible. Aquí son bienvenidos los norteamericanos; su democracia y su sistema nos convencen; nada supera la libertad que ellos defienden, libertad que agravia el vetusto proyecto del coronel venezolano. Cuanto menos le agrade ese convenio, al déspota, más lo defenderemos. Deja cierto placer hacer cuanto le amargue.

La mente del tirano está cada vez más trastornada. Enferma como la mente de todo hombre que pretenda dominar al mundo. Ante la mente enferma se precisa la atención psiquiátrica. Pero no en este tipo de hombres con poder, que se sienten intocables y niegan sus dolencias. En estos casos toca defenderse del enfermo.

La enfermedad mental contagia. En Venezuela, por fortuna, sólo aqueja a las mentes más endebles, en la Alemania de Hitler hasta las lúcidas se perturbaron. Acaso porque el líder de la nación bolivariana, aunque paranoide, mitómano, megalómano y maniaco, también es chabacano, y sus expresiones grotescas y chocantes previenen a quienes tienen algo más que él en su intelecto.

Es propio de quien pierde el contacto con la realidad aferrarse a proyectos fracasados. No más hace unos días que el mundo celebraba el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín, símbolo de la ignominia que quiere revivir el dictador venezolano. El modelo de pobreza y aniquilamiento de la libertad propio de los regímenes comunistas se repetirá indefectiblemente. Ya lo estamos viendo. Un país que podría desarrollarse con sus recursos petroleros padece racionamientos de agua, de energía y de alimentos, mientras su presidente dilapida la riqueza en una revolución obsoleta y obstinada.

Con una constitución y unos poderes que sólo obran en su beneficio, se puede adivinar que Chávez no abandonará el gobierno de forma reposada. Sus abusivas intromisiones en el vecindario son el germen de un sentimiento que anhela acabar con el caudillo. En Colombia apenas las Farc celebran su invectiva, a los demás, en su contra, nos reúne.

El irrespeto a la soberanía de las naciones puede dar pie a que los estados afrentados se inmiscuyan en asuntos que sólo deberían incumbir a Venezuela. ¿Sería impensable que una alianza entre la oposición venezolana y los países molestos con su intervención lo derrocara? No es inconcebible, quizás es lo mandado. Medidas de excepción demanda la salud del continente.

Ni los venezolanos deben permitir que su país acabe en una dictadura como la cubana, ni las naciones latinoamericanas consentir que un desquiciado pretenda involucrarlas en su sueño imperialista, que reeditaría las atrocidades que vivieron los países de la órbita soviética. Nunca se debe desestimar al enemigo.

Chávez podrá ser un líder para Evo Morales o para Daniel Ortega, para los colombianos no pasa de ser un terrorista, en algo se nos parece a ‘Reyes’, el guerrillero dado de baja en Sucumbíos**.

Si los oprimidos por Chávez se sublevan, aciagos días esperan al caudillo. Triste final para un hombre que tuvo el poder para mejores cosas. El derrocamiento y la muerte no son ajenos a la suerte de todos los tiranos; quizás pase en la cárcel el resto de sus días.


Luis María Murillo Sarmiento M.D.

* Porque Colombia firmó un acuerdo que permite a Estados Unidos el uso de siete de sus bases militares en un programa conjunto contra el narcotráfico y el terrorismo, Hugo Chávez, presidente de Venezuela, llamó lacayo de la nación norteamericana a Colombia, mafioso a su presidente Álvaro Uribe y pidió a los venezolanos a prepararse para la guerra.
** Provincia del Ecuador donde fue muerto por las fuerzas armadas de Colombia el segundo comandante de las Farc y varios guerrilleros (1º de marzo 2008).

viernes, 13 de noviembre de 2009

DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD (CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA) - HUMANIDAD, ÉTICA Y BIOÉTICA

La humanidad no es simple sentimentalismo. El germen que transita los principios de no maleficencia y de beneficencia, alcanza en la humanidad su manifestación sublime. Efectivamente la humanidad mora en los terrenos de la ética; la bioética la tiene en sus dominios. La ética como disciplina del comportamiento humano, por fuerza la involucra. La contempla la bioética cuando vela por la dignidad e integridad de la persona.

El trabajo bioético advierte las tendencias intolerantes y crueles, fomenta la bondad, procura que la humanidad se infunda desde la cátedra, pero también que se vierta desde la alta jerarquía: desde la cima de la administración, desde los poderes del Estado. Busca que la violencia y la negligencia se transformen, como postula Diego Gracia -médico y bioeticista español-, en respeto y la diligencia. El objeto de la ética es la protección del débil; y retomando al mismo autor, debo afirmar que mientras la selección natural lo elimina, la ética lo cuida y lo preserva.

Los comités de bioética cumplen en últimas con el objetivo de humanizar la asistencia y la investigación sanitaria. Su función busca la armonía entre la técnica, la ciencia y la dignidad humana, en pos de un modelo ideal que como propone José Alberto Mainetti “integre la medicina de alta tecnología y la medicina humanística, con el objetivo de procurar los mejores intereses del individuo y de la sociedad”. Su papel es más que pertinente en un mundo que deslumbrado por las maravillas de la ciencia se olvida de los sentimientos. Bien señaló Gracia que la ética médica clásica era una ética de la virtud, mientras la actual está más centrada en el deber que en la felicidad.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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viernes, 30 de octubre de 2009

DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD (CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA) - ¿QUÉ ES DIGNIDAD?

Los movimientos intelectuales, filosóficos y artísticos, como el humanismo griego (siglo V aC) o el humanismo del renacimiento (siglos XIV-XVI) al destacar al hombre y sus valores enaltecieron la dignidad humana. También la han destacado el humanismo cristiano –espiritual- como el humanismo materialista desde sus propias ópticas. Altruismo, como filantropía nacen de ella y convergen en ella. La dignidad es, pues, la esencia de la humanidad que demando en este texto. ¿Pero qué es la dignidad humana?

La dignidad, ateniéndonos a criterios de plena aceptación, es un bien absoluto. Con lo que se quiere expresar que es independiente de toda circunstancia. Ni el sexo, ni la edad, ni el credo, ni la raza, ni el estado de salud, ni el abolengo, ni la posición social, ni ninguna otra condición la subordinan. Es un valor fundamental inherente al ser humano, que no se otorga, sino que se debe reconocer indefectiblemente: deja de ser opcional, debe admitirse. Y como valor fundamental, es pilar de múltiples principios, que se traducen en el respeto por el ser humano y que deben, sin condicionamiento alguno, a todos cobijarnos.

Aunque incorporada -la dignidad- a todo tipo de leyes y tratados que hacen obligatoria su observancia, considero que debe ser su fundamentación filosófica y moral la que inspire su respeto, la que mueva la conciencia de los hombres.

“La superioridad del ser humano sobre los que carecen de razón es lo que se llama la dignidad de la persona humana” afirma Oscar Garay. Criterio ya expuesto en el siglo XVIII por Immanuel Kant, filósofo alemán. Planteó Kant el valor relativo del ser irracional, frente al valor objetivo de los seres humanos. Reconoció a las personas como fines en sí mismos y sentó el impedimento moral –al no ser cosas-de usarlas como medio y de utilizarlas para nuestros fines. Concluyó por lo tanto que el ser humano no tiene precio: tiene dignidad. Los seres humanos no son en consecuencia negociables, son, como dice el pediatra y máster en bioética Joan Vidal-Bota, únicos e irreemplazables

Dada por sentada la dignidad, sobre ella se erigen todos los derechos: a la vida, a la libertad, a la expresión, a la propiedad, al credo y todos los que las leyes, tratados y declaraciones universales a los seres humanos le conceden. A todos –lo resalto- en razón de que la dignidad es compartida por todos por igual, como un derecho natural por el sólo hecho de ser de nuestra especie.

Pero ese reconocimiento tiene, a mi parecer, implícitas ciertas condiciones. Por ser digno al ser humano se le trata con humanidad, pero por ser digno se espera que actúe humanamente. No se espera humanidad de otra especie hacia la humana, pero sí de ésta hacia las otras.

¿Pero qué ocurre cuando el ser humano abandona su condición racional y actúa de forma feroz contra sus semejantes? ¿Su dignidad-supuesta un absoluto- se resiente? ¿Se menoscaba ese valor fundamental? Seguramente. Pero el asunto, contradictorio y polémico, no tiene relevancia cuando la atención sanitaria es el tema central de lo que expongo. En salud el trato humanitario es un axioma. La cuestión es trascendente en lo penal y en la conducta hacia los delincuentes. Sostengo entonces que la dignidad no es un bien ilimitado y que sí demanda una responsabilidad mínima del titular de ese derecho, porque ser digno es ser, también, merecedor de algo. Sin tanta disquisición la sabiduría popular sostiene que hay respetar para que lo respeten.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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jueves, 8 de octubre de 2009

DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD, CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA - HUMANIDAD, HUMANISMO Y DESHUMANIZACIÓN

El sentido humano del comportamiento tiene un fundamento racional, pero también afectivo. Puede proceder de diversas corrientes filosóficas, pero también de la sensibilidad per se. Es tan universal que tiene raíces en el humanismo -movimiento antropocéntrico-, como en las filosofías teocéntricas. El hombre, bien como centro, bien como satélite, en las diferentes doctrinas, suele ser objeto de compasión. Razonado y convertido en doctrina, como expresión menos reflexiva, o como manifestación personal, el sentimiento humanitario corre paralelo a la historia del hombre, porque la humanidad es una característica de nuestra especie. No se espera caridad de un animal irracional. La preocupación por el débil, por el afligido, por el enfermo es universal. Con toda razón ese sentimiento está presente en el surgimiento de las ciencias médicas.

Las filosofías antropocéntricas con su discurso sobre la dignidad humana, y las doctrinas teocéntricas con la prédica del amor hacia los semejantes como precepto divino, tuvieron papel preponderante en el alivio de los males terrenales. Muchos siglos antes de Cristo los templos fueron albergue de enfermos y desamparados. Y ni qué decir de la edad media en que las órdenes religiosas se dieron al cuidado del enfermo y a la creación de hospicios y hospitales. Ni la interpretación del sufrimiento como manifestación de pecado contuvo la piedad por los dolientes.

Llama en cambio la atención que la maquinización y la producción a gran escala, a diferencia de los movimientos intelectuales, filosóficos y religiosos, suele alejar al hombre del sentimiento humanitario. Ejemplo de ello pueden ser la revolución industrial –de inobjetables beneficios- y, en nuestros días, la obsesión por la productividad sin tregua que se cuela en todas las labores. Las ansias de poder y de dinero suelen cegar al hombre y su deslumbramiento puede atropellar muchos valores. Pero ni la producción, ni la economía, ni la ciencia, ni la tecnología encarnan las adversidades de la humanidad: por el contrario, en ellas funda el mundo su progreso. La ruptura entre ellas resulta por tanto inaceptable, porque en ningún momento son contradictorias. Sólo basta que la ciencia y la tecnología discurran por cauces morales aceptables. Ese es el papel que le encomendamos a la ética, y más recientemente a la bioética.

Pero la falta de humanidad puede transitar caminos todavía más temerosos. Su detrimento conlleva un endurecimiento que no conoce límite, un desdén de la beneficencia y un desprecio por el principio de no maleficencia, que concluye en los comportamientos más perversos que hacen posible los descuartizamientos y masacres que parecían inconcebibles, pero que hoy son tan frecuentes como el pan del día. Lejos estoy de imaginar la salud de tal manera envilecida, pero si degradada por un entorno en que la afrenta a la dignidad de la persona se ha vuelto cotidiana.

La tendencia deshumanizante vuelve al hombre al escenario natural de las especies, a la selección en que el más fuerte –y en este caso el más perverso- sobrevive, mientras se extinguen el bueno, como el débil. Una premonición apocalíptica que suprime de la Tierra definitivamente la compasión y la piedad.

La humanidad, como conjunto de obligaciones que se intuyen, es un deber moral más que legal, pero de obligatorio cumplimiento. Es un deber prima facie que debemos observar para hacer grato el paso por el mundo.


LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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viernes, 11 de septiembre de 2009

DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD (CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA) - ¿QUÉ ES HUMANIDAD?

La humanidad es un término de ambiguas acepciones, tan incierto como la condición humana. “Errare humanun est” -humano es equivocarse- afirma la sentencia. Y por humano se agravia, pero por humano se sufre, por humano se injuria, pero por humano se consuela. Esa aparente contradicción del vocablo, resume en últimas, con precisión, al hombre.

La humanidad, es un fruto particular de nuestra especie; así se conjetura. Un logro propio de seres racionales, de entes con libre albedrío y con conciencia. Ante ese axioma no cabe esperar comportamiento semejante de los animales, pero sí de los hombres hacia ellos. No obstante la razón flaquea cuando la mascota mima al amo, y el amo –en esencia racional- procede con toda crueldad contra los animales. Imagen surrealista se arruina toda argumentación sobre la superioridad de la razón humana.

Pero porque el hombre es humano es posible humanizarlo. La humanidad es a la luz del diccionario la compasión de las desgracias de nuestros semejantes, y en ese sentido ha de entenderse a lo largo del presente escrito. La humanización aspira a que las personas hagan el bien, que se sintonicen los hombres con la bondad y con las buenas maneras. Hacerlos benignos es humanizarlos. En su transformación el bien y el mal, eterno conflicto de la naturaleza humana se resuelve a favor del débil, del necesitado, del que sufre, del que siente; de todo aquel sensible a nuestros actos: en potencia todo ser humano. Y aunque la humanidad abraza el bien y reprueba las acciones malas, paradójicamente también comprende al infractor, incluso lo perdona.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.

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LA DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD (CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA) - INTRODUCCIÓN

Protagonista y testigo de más de tres décadas de nuestra medicina, cuento para mis reflexiones con el privilegio de haber visto desde primera fila sus transformaciones profundas e impensadas, y con el abatimiento y las satisfacciones que se sienten al ejercer el noble arte de aliviar y de curar.

La humanidad, cuestión que me impacienta, no es menos que los avances científicos y tecnológicos de nuestras profesiones, es el norte de una ciencia que existe en la medida en que ve padecer al hombre enfermo. Tal vez en otros campos quiera el científico rivalizar con Dios y construir, de pronto, un altar a su soberbia; en éste, su aliento debe ser humilde, benigno y compasivo.

Enfrascado en el examen de la bondad en el ejercicio de la labor asistencial, dejaré en las próximas líneas mis consideraciones, y algo, también, de la fructífera lectura de autores como Diego Gracia, Fernando Sánchez Torres, José Alberto Mainetti, Pablo Arango y otros más mencionados en la bibliografía, que ayudan a iluminar el pensamiento en el extenso mundo de la bioética y la medicina.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO M.D.


ÍNDICE DESHUMANIZACIÓN EN LA SALUD, CONSIDERACIONES DE UN PROTAGONISTA

1. Introducción
2. ¿Qué es humanidad?
3. Humanidad, humanismo y deshumanización
4. ¿Qué es dignidad?
5. Humanidad, ética y bioética
6. El arte de curar: humanidad y ciencia
7. Cómo ser humano
8. Hipótesis sobre la deshumanización, un acercamiento al origen de los males
9. Humanidad y formación
10. Derecho y humanidad
11. Los males de la atención en salud
12. El personal de salud en una encrucijada
13. El trabajo sanitario: fuente de alegrías y de desgracias - Un vistazo al ‘Burnout’
y sus remedios
14. Los derechos del personal sanitario
15. Objeción de conciencia
16. Epílogo
17. Bibliografía

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lunes, 17 de agosto de 2009

CHÁVEZ ES EL ENEMIGO SIN LUGAR A DUDAS

Es evidente que el autócrata venezolano tiene claro interés en nuestra patria. Colombia hace, en su desquiciada mente, parte de su revolución bolivariana. Por eso tanto le preocupa la presencia militar norteamericana en bases colombianas. La misma que nos da tranquilidad ante el vecino amenazanta.

La diplomacia con el tirano, que probablemente también es un cobarde, carece de sentido. Hablemos sin ambages, la salud del continente americano necesita por fuera del poder a Chávez. Los millones de hombres que amamos la libertad debemos hacer causa común contra el opresor, notificarle que su déspota proyecto fracasará como se hundió la tiranía que un día asentó en las repúblicas soviéticas; que sus anhelos no son más que tercos antojos de un hombrecillo chabacano.

Chávez debe ser visto como un enemigo y como tal tratado. Osadía y valentía demanda la lucha contra el dictador venezolano. Un dictador no puede hacer más que lo que le permiten. Tanta pasividad es la culpable de las metástasis que hace su revolución en América Latina, pero Colombia no será tierra fértil para ella. Colombia está curtida de amenazas, y repudia a las Farc como repudia a Chávez.

Ha llegado la hora de enfrentarlo, de abrir nuestros mercados para que deje de creer que nos puede extorsionar bloqueando nuestras exportaciones, denunciándolo como auxiliador de terroristas, entregando al mundo la evidencia sus actos poco santos, bloqueando sus propuestas en organismos multinacionales, apoyando a la Sociedad Interamericana de Prensa y a cuantas organizaciones señalan sus abusos. Tantos talones de Aquiles tiene este chafarote que encuentro pródiga la imaginación en estrategias.

Es delirante que un hombre piense que puede someter al mundo, más desatinado aún, que existan hombres que se lo permitan.

Presidente Uribe, los colombianos demandamos menos timidez y más acciones. Chávez confabula, no sólo vocifera.

Luis María Murillo Sarmiento M.D.

viernes, 3 de julio de 2009

EL GOLPE A ZELAYA, UN GOLPE CONTRA CHAVEZ

La diplomacia, el arte de ocultar o maquillar los verdaderos intereses, ha tenido en estos días, con la destitución de Manuel Zelaya, un campo propicia a su histrionismo. Realmente no creo que le interese a todos los gobiernos que dicen respaldarlo, menos a aquéllos que deben ver como un peligro a un émulo de Chávez. Ningún gobernante espera ser destituido, así que la solidaridad es conveniente. Apoyar lo que parece un golpe tampoco es presentable, aunque en Colombia en 1953, se celebró tanto un golpe militar, que fue aceptado por todos como un “golpe de opinión”.

El problema para definir lo que realmente ocurre en Honduras reside en saber qué es la democracia. Ciertamente es el poder del pueblo: el gobierno “de la multitud” de Platón, o “de los más” de Aristóteles; al fin y al cabo el vocablo proviene de la antigua Grecia.

Pero el pueblo no sólo está representado por su presidente, más representativos por su diversidad pueden ser los parlamentos, que traducen en su conformación la composición del pueblo, y ponen de presente la existencia de las minorías. Bajo esa óptica lo que hay en el país centroamericano es un enfrentamiento de poderes*; y la traición de un mandatario que convenció al electorado con unas propuestas y una filosofía que ahora abandona para abrazar una ideología completamente opuesta, y peligrosa como es la aproximación a la izquierda del cuasi dictador venezolano. En tales condiciones resulta espuria la democracia que Zelaya representa y poco conducente es su defensa.

Si los mandatarios por el sólo hecho de ser elegidos por la mayoría adquieren el derecho para vulnerar la voluntad popular, se abre la brecha para que regímenes dictatoriales, como los comunistas, los más antidemocráticos que existen, accedan al poder valiéndose de sus dobleces y de las garantías de la democracia que sucumbirá en sus manos.

Venezuela debe ser el espejo en que se miren los países de América que hoy gozan de libertad de expresión, de libertad de prensa, de libertad de asociación, de propiedad privada, de respecto por los derechos humanos, facultades que a pasos agigantados van siendo conculcadas por el ex golpista venezolano que pudo convertirse en dictador, irónicamente, por cosas de la democracia.

Contemporizando con Hitler, Chamberlain creyó asegurar la paz del mundo, el resto de la historia se conoce, el nazi lo aprovechó para envalentonarse. ¿Contemporizando con Chávez y sus díscolos amigos pretenderá la OEA dejarnos en las garras del “socialismo bolivariano”? Si así fuere, preveo el surgimiento en América Latina de guerrillas de derecha contra totalitarismos de izquierda, porque la libertad no se pierde impunemente.


* Próximo a terminar su mandato, el presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue depuesto el 28 de junio del 2009. Arrestado primero en lo que parecía un golpe militar, fue finalmente destituido por el Congreso. Elegido por el Partido Liberal de Honduras –centro derechista-, fue migrando a la izquierda bajo la influencia del presidente venezolano Hugo Chávez, y contrariando el conceptos de la Corte Suprema, insistía en adelantar una consulta para reformar la Constitución con miras a su reelección como presidente. La OEA incondicionalmente le dio su respaldo.

Luis María Murillo Sarmiento

domingo, 21 de junio de 2009

¡ESCRITORES, A LA DEFENSA DEL IDIOMA! (Feminismo y mal hablar)

Preámbulo.
El Concejo ‘admirable’ de Bogotá, acaba de legislar sobre el idioma. También tiene entre sus delicadísimas misiones sacar a las mascotas de los parques. No sobrarán quienes digan que la Real Academia de la Lengua ha sido suplantada por unos iletrados.
Cosas de la demagogia y la política, y del resentimiento de algunas feministas. Pero no ha sido una ignorante, sino una concejal con formación universitaria en un reconocido establecimiento educativo colombiano, la autora del proyecto. Lo ha denominado “uso del lenguaje con perspectiva de género”.
La concejal Ángela Benedetti Avellaneda –según ella concejala, al parecer le suena más eufónico, o cree que concejal es masculino- busca “que las entidades públicas distritales, en sus documentos oficiales hagan uso de expresiones lingüísticas que incluyan por igual a los géneros masculino y femenino”. Y obliga en su proyecto, que ya tiene calidad de acuerdo, a todos los medios de comunicación públicos como privados. Ni Lucho, un concejal lustrabotas, que por esa condición hizo historia en el cabildo bogotano, se hubiera aventurado tanto.

¿Y los motivos?
No entiendo claramente los motivos de la autora de la norma, los logros académicos me hacen pensar en una persona inteligente, poseedora de un más iluminado pensamiento. Creo que con menos obsesión por la lucha de género habría conseguido un proyecto más brillante y más amable, con enfoque académico y humano, por consiguiente de mejor recibo.

El fundamento
La historia cuenta con un interesante antecedente. La revisión de una vieja ley por la Corte Constitucional colombiana.
Ocurrió en el año 2006, cuando los magistrados, fungiendo de académicos de nuestra lengua, declararon inexequible parte de una norma de 1887 que precisaba las definiciones de palabras de uso frecuente en las leyes, en concordancia con las normas del idioma. Pontificando, para “hacer visible a las mujeres”, declararon no exequible el artículo en que se definían palabras como hombre, mujer, niño, adulto y otras semejantes. Es ese el fallo que da pie a las acciones del concejo.
El cabildo en su decisión aduce discriminación, reclama igualdad real y efectiva, e invoca la protección que debe dar el Estado a marginados y discriminados –que no son propiamente las mujeres, antepuestas al hombre en toda norma colombiana-. Historia conocida de toda política de género: hablar de igualdad, pero hacer prevalecer a las mujeres.

La libertad en el idioma y en las artes
Realmente somos el lenguaje como la concejal afirma. Mal por ella, cuyo hablar, deslucido por su propia norma, nos desencanta de la persona que nos representa en el Concejo. En nada expresa más su libertad el hombre que en el lenguaje que utiliza. Luego no debe ser coaccionado.
Que los defensores de la norma que lo usen a su saber y a su entender, si eso les satisface, así a nosotros nos disguste. Pero que no cometan el exabrupto de volver obligatorio lo que para muchos es un disparate. Es la dictadura de la minoría que coarta a quienes utilizan correctamente las reglas del idioma.
¿Será el próximo paso intervenir las artes? Que desaparezca, por ejemplo, el hombre de afiches, retratos y murales. ¿Se intervendrá la anatomía? Porque el útero y el clítoris, masculinos en género, son órganos típicamente femeninos. ¿Se obligará a designarlos la clítoris y la útero? Al menos éste encuentra en el sinónimo femenino la matriz un sustantivo afortunado.

Apuntes sobre la discriminación y la violencia
La discriminación es un hecho presente desgraciadamente en toda sociedad. Blancos hay que han sido discriminados en comunidades negras, por ejemplo. Y nadie puede negar que haya habido discriminación con la mujer a lo largo de la historia; aunque también han existido sociedades matriarcales.
También es un hecho que la mujer domina al hombre con las irresistibles armas de la seducción y la ternura, no con acuerdos o decretos, no por el uso de la fuerza. La fuerza a diferencia de las buenas maneras, ensombrece la relación y favorece la conjura. Esa es tal vez la génesis de las actitudes feministas, que no pueden enrostrarse a todos los varones, ni alterar la convivencia con los millones de hombres que las queremos, protegemos y admiramos.
Es difícil situar a la mujer en condición de víctima y al hombre en la de victimario, porque la violencia tiene doble vía. La violencia es una perversión latente en todos los humanos. Hasta en la maternidad deja su huella. Por estos días conmueve a Colombia un horrendo crimen: el asesinato de un recién nacido por su madre. Repudiable como el del padre que hace unos meses le quitó la vida a un niño de 11 meses. Ya vemos, también, sicarios infantiles. El crimen de aquella mujer no es un hecho inusitado, los registros forenses colombianos registraron en el 2008 el asesinato de 25 niños por sus madres –y no me refiero a los abortos-.

Feminismo y conocimiento del idioma
Con criterios que han sido discutibles, Arthur Schopenhauer se refirió a los seres de ideas cortas y cabellos largos, y Sigmund Freíd a la envidia del falo, en las mujeres. Sus pensamientos vuelven a la palestra con un viso de verdad que emana del apasionamiento con que ciertas feministas abordan todo cuanto toca con el género.
Desconocer que existe el género no marcado -que por definición no distingue a un sujeto como macho- es ignorar que existen vocablos aplicables a ambos sexos sin modificación alguna. Paciente, detective, comentarista, contratista, por citar algunos. El género no es, además, forzosamente el sexo, por ello es aplicable a individuos como a cosas. Ni todos los sustantivos que terminan en a son femeninos, ni todos los que terminan en o son masculinos.
Pobre conocimiento han de tener del español –o mucha inquina con el hombre- quienes conjuran contra el género común en el idioma. Si los hombres fuéramos presa de la mismas suspicacia, estaríamos exigiendo que los términos taxista, ciclista, dentista, periodista, taxidermista y otros miles se reformaran con un ‘lenguaje incluyente’ para no ser ignorados, o peor aún, para no ser tenidos por mujeres. Y en la majestuosa palabra humanidad sobraría el hombre, dado el género femenino del vocablo.

Los cambios del idioma
La resistencia al cambio, característica de la psicología del hombre, no tiene sentido en un mundo que inevitablemente evoluciona, y no me acojo a ella para oponerme a las corrientes nuevas. Pero lo natural es que en un idioma los cambios los dé el uso y no disposiciones que vienen de lo alto; al punto que las autoridades de un idioma son las últimas que los contemplan, como sometimiento a la costumbre que imponen los parlantes.
“Limpia, fija y da esplendor” reza el lema de la Real Academia Española, y es de eso de lo que realmente se trata. Si obligara, sería una ley, o como en Bogotá, un acuerdo, susceptible de sanciones. En eso reside el exabrupto.

A la defensa del buen gusto.

En esta pugna de géneros (tan absurda como todas las que enfrentan a los sexos), el idioma no tiene que ser sacrificado. No hay en mi intención el deseo de doblegar el exaltado orgullo feminista, pero sí el de dar una batalla por la estética de nuestra lengua. Sin mal gusto también pueden figurar en el idioma. Cuán diferente es decir: “Niños y jóvenes de ambos sexos gozan las rampas con sus patines” –cita textual de Mauricio Pombo impecable columnista colombiano-, que en lenguaje ‘incluyente’ se convertiría en los niños y las niñas, y los y las jóvenes gozan las rampas con sus patines.
¿Serán sordos los oídos feministas a la bella sinfonía de las palabras, que prefieren estas estridencias que dizque las ‘visualizan’? En vez del pleonástico “niñas y niñas” propuesto por las feministas, el uso de la palabra niñez podría enfatizarse. En nada nos inquieta a los hombres el género femenino del vocablo –no somos quisquillosos-. Que igual se use la juventud en vez de recalcar una expresión que mortifica el tímpano: “las jóvenes y los jóvenes”. Y todo en un contexto amable, lejano a la pedantería.
Dice el escritor Oscar Collazos que se podría decir “el caballo y la yegua blancas”, -el caballo y la yegua blancos, es lo que se acepta-. Pienso que sí, y agrego, lo importante no es que domine lo masculino sobre lo femenino, o viceversa, sino que se preserve la belleza del idioma. Y al hacer concordar, en este caso, el género del adjetivo con el del sustantivo precedente, resulta más eufónico. Yo propondría esa norma.
¿Será que las luchadoras del ‘género’ están dispuestas, en su efervescencia, a arrasar con cuanto se cruce en su camino? ¿Será que ven como don Quijote gigantes a enfrentar donde hay sólo molinos? No se trata de responder con igual intransigencia, sino de hacerlas ver que hay opciones para el uso estético de nuestra lengua que dejan satisfechos a todos sus parlantes.
Presidente es, por ejemplo, un sustantivo común en cuanto a género, luego son presidentes hombres como mujeres, pero presidenta, que bien suena, sin imposiciones legales ya es reconocido. Es indudable que se puede llegar al entendimiento si el buen uso del idioma se preserva. Porque el idioma vive en evolución constante y toda flexibilidad es permisible mientras se preserve su belleza.
Debieran así entenderlo todas las mujeres, tan féminas y vanidosas como nuestra lengua. Sin la hermosura del lenguaje la lírica carece de sentido, y son ellas las primeras afectadas. Ellas que suelen ser la inspiración de todo hombre que escribe.

Es inútil enfrentamiento entre los géneros
El desabrido sabor que dejan los asuntos de ‘género’ se compensa cuando apreciamos a millones de mujeres que viven augusto con su mundo, y en armonía con una creación que incluyó al hombre -para disgusto de pocas-, y que entienden la inutilidad de medidas tan pueriles.
No son tantas las mujeres indispuestas con el hombre, así los movimientos de ‘género’ quieran exacerbarlas. Casi todas las que brillan son ajenas a estas naderías. Su superioridad es tan palpable que no necesitan subterfugios para que las reconozcan.
Toda mujer sin méritos -como todo hombre sin merecimientos- por lógicas razones será subordinada. Los méritos obviamente no proceden de los genitales, luego los logros deben darse en consideración a la valía. Más daño le hacen a su género las mujeres que viven en confrontación permanente con el hombre. Las posturas sectarias, la intransigencia y los resentimientos son un petardo a la sana convivencia. Pero viendo la minoría que representan y la armonía en que normalmente se vive, pienso que para esos movimientos será contraproducente el resultado, bien porque a los arrollados se les agote la paciencia, bien porque la cantaleta tenga el fin de todo lo monótono.
Y no será el fin de las conquistas femeninas: la mujer cada vez más independiente y estudiada desplazará inevitablemente al hombre que no le dé la talla. Hombres y mujeres se seguirán amando y al cabo de su romance se seguirán odiando; y nuevos amores vendrán para que el ciclo se repita. Esa es la ley natural indefectible.

La proclama
¡Escritores del mundo hispanohablante, defendamos nuestro idioma! ¡Feministas, serenidad! ¡Acordemos en sana paz los cambios que no menoscaben el esplendor de nuestra lengua!


Luis María Murillo Sarmiento

lunes, 4 de mayo de 2009

UN SINDICALISMO DESABRIDO

Las manifestaciones desabridas del sindicalismo el primero de mayo en Colombia, deslustradas con acciones vandálicas y consignas que parecen ceñidas al libreto de la subversión, desdicen del que debería ser un movimiento entregado al progreso del país y de sus trabajadores. Anclado en caducos postulados marxistas y en ideas recalcitrantes de izquierda, nuestro sindicalismo parece más devastador que edificante. En pugna permanente con el poder y con el empresario, ya poco congrega a los trabadores que buscan estabilidad y armonía en sus empleos, lejos de la agitación que propugna la lucha de clases y privilegios desbordados e insensatos. La escasa proporción de trabajadores afiliados habla por sí sola.

El mundo no es el que imaginó Marx, ni lo será. Tampoco es el de Lenin y Stalin: sus proyectos fracasaron. Ni la China es la de Mao: el comunismo chino vive las mieles del capitalismo. Irremediablemente, para los tozudos, sin capital no hay crecimiento. La crisis económica actual no lo perturba, apenas lo corrige. Nos enseña que necesita ciertos controles, pues no debe ir al garete.

Mucho historia ha transcurrido desde la explotación inmisericorde de los trabajadores, en que derivó la revolución industrial; desde la revuelta de Haymarket que nos trae el recuerdo de los Mártires de Chicago, sindicalistas ejecutados en esa ciudad en 1887, cuya memoria evocamos desde 1889 todos los primero de mayo, y desde la postulación de la dictadura del proletariado. El mundo es otro y sus admirables progresos afirman el capital como fuente de esos logros.

El capital y la riqueza deben ser para todos la fuente de la prosperidad. Pero ese bienestar no se construye mediante la dialéctica de vencedores y vencidos, de amos y esclavos, de explotadores y explotados, del capital contra el trabajo, de la mutua desconfianza, de la hostilidad perenne. Se edifica sobre la convivencia armónica y el reconocimiento del valor de cada actor del mundo laboral, en el que se comprenda la razón de ser del trabajador y el empresario, como complemento imprescindible uno del otro, y no como contradictores enconados.

Nadie duda la imperfección de los gobiernos, enormes son sus fallas, protuberante puede ser su negligencia, pero no se les puede endilgar todos los males, como los sindicatos suelen pregonarlo. Las arengas contra el capitalismo, contra el libre comercio, contra la inversión foráneo son una retahíla trasnochada que la mayoría de los colombianos recibimos con desdén.

Su perorata cansa porque parece la demanda de unos trabajadores incapaces que demandan privilegios, cuando a su lado cruzan trabajadores exitosos ajenos a prerrogativas sindicales, que salen adelante con su trabajo honesto y esforzado, sin quejas ni pretextos, sin huelgas ni extorsiones.

No se hace empresa fácilmente. El fulgor de las empresas que brillan no debe deslumbrarnos, en la carrera por el éxito muchas fracasaron. Luego hay que mirar con gratitud a quienes invierten su patrimonio en la generación de empleo.
Más vale que la clase sindical se modernice, que le pierda el miedo a la competitividad, que deje de ser el lastre del progreso y comience a mirar con visión empresarial el desarrollo.

¿Y qué se debe pedir a las empresas? Que sean humanas, que recompensen por su productividad a sus trabajadores, que premien su dedicación y su eficiencia y que no dejen de generar empleo.


¡Sindicalistas de Colombia: más inteligencia y visión demandan sus banderas!


Luis María Murillo Sarmiento

lunes, 16 de marzo de 2009

ESTADOS UNIDOS NO VALORA LA AMISTAD

Plausible actitud la del vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, al asumir una postura saludablemente altiva ante los desaires de algunos sectores norteamericanos. Terminada la controvertida administración del presidente George W. Bush incondicional aliado de Colombia, se percibe una actitud menos amistosa y sutilmente hostil de algunos congresistas norteamericanos de la bancada demócrata, que haciéndose eco de los opositores del gobierno del presidente Uribe, buscan pretexto para recortar al país los beneficios que venía recibiendo y para privar a Colombia de los frutos del tratado de libre comercio, en una actitud odiosa que pone la lupa sobre el país, cual si se tratase de un despreciable adversario y no de un reconocido amigo: el mejor aliado de la potencia en la región.

Ha dicho el vicepresidente Santos, so riesgo de reprendido por el presidente Uribe, que el Plan Colombia (ayuda de 550 millones de dólares) ya no se necesita y es hora de medir su precio político con su efectividad. Y que “el costo para la dignidad del país es demasiado grande”.

Comparto absolutamente sus consideraciones. A un amigo no se le puede tratar a las patadas, so pena de echar a pique la amistad, Y la verdad es que pese a la profunda admiración que siento por esa nación, por su democracia, por su sentido de la libertad, por su ciencia y su tecnología, y por su sistema económico –no exento de yerros, y hoy temporalmente en crisis-, creo como muchos, que los Estados Unidos debe tomar nota de nuestro malestar; y que los colombianos, con actitud digna, debemos explorar nuevos horizontes, y buscar nuevos socios comerciales que traten al país con el respeto que merece.

No se trata de desconocer que Estados Unidos es nuestro primer socio comercial con 38% de nuestras exportaciones y 29% de nuestras importaciones, sino de evitar coacciones indebidas por parte de su gobierno y de su parlamento. La verdad es que las transacciones comerciales se dan con el sector privado, particularmente amistoso, y que parece saber mucho más de diplomacia. Ni con un presidente tan calamitoso como el venezolano se ha deteriorado nuestro comercio, pues habitualmente es el sector privado el que dirige estos asuntos. En Venezuela, al menos, mientras el ‘dictador’ hunde a su país en la hecatombe comunista.
Pero el mismo fenómeno de la globalización y el surgimiento de nuevas potencias económicas obliga a diversificar y a abrir nuevos mercados. No resulta esperanzador que 58% de nuestras exportaciones se den con tres países (Estados Unidos, Venezuela y Ecuador) que con algún tipo de nubarrón nos amenazan.

Y al criticar la actitud demócrata hacia Colombia, no deja de llamar la atención su proceder atolondrado, pues ni como estrategia parece razonable. No cuando Ecuador los corre de la base militar de Manta, no cuando buena parte de las acciones colombianas responden a intereses de seguridad de la nación del norte y a su lucha apasionada contra el narcotráfico. ¿Son acaso producto del candor los oídos que presta a los enemigos de la democracia colombiana? ¿Desconoce acaso las andanzas sindicales en Colombia, emparentadas muchas veces con las acciones subversivas? ¿Ignora que las condiciones de seguridad de los sindicalistas han significativamente mejorado? ¿Que en los supuestos crímenes se incluyen los asesinatos pasionales, las venganzas personales y hasta las muertes naturales? Por algo el sindicalismo colombiano, que hoy no agrupa más que un ínfimo número de los trabajadores, no convence. Difícil entender la alianza de líderes de una nación que simboliza el desarrollo con unos desgastados dirigentes que encarnan el atraso.


Luis María Murillo Sarmiento