lunes, 17 de marzo de 2014

JUAN LOZANO Y LOZANO, SEMBLANTES DE UNA PERSONALIDAD SIN PAR



Treinta y dos años ha que se marchó el ilustre colombiano que hoy quiero recordarles*.

Brilló como político –liberal- como escritor, como periodista y como diplomático. Y es su faceta literaria la que hoy quiero resaltar, compartiendo con ustedes algunos de sus textos.

Juan Lozano era un intelectual, un políglota, un hombre de vasta instrucción. Escribió prosa y escribió poesía, crítica literaria y artística, relatos, discursos, artículos periodísticos y una columna: “El jardín de Cándido”.

Conocí a Juan Lozano y Lozano en mi adolescencia, pero su nombre me era familiar desde de mis primeros años. Era un nombre reiterado en las anécdotas y en los recuerdos de mi padre. Eran apenas unos adolescentes grandes, contaba él, cuando compartieron en una sociedad literaria a la que le dieron el nombre de Rufino Cuervo. También Juan Lozano lo dejó escrito:

“De los diecisiete a los veinte años, mi hermano Carlos, Augusto [Ramírez Moreno] y yo formábamos parte de todas las sociedades literarias y de debates que, por entonces, constituían la fiebre de la juventud […]. Allí nos encontrábamos con Germán Arciniegas, con Bernal Jiménez, con Luis María Murillo (que después ha sido tan insigne sabio), con José Gnecco Mozo (un hombre de superior calidad, frustrado), con Nicolás Guillén, con Hernando de la Calle, con prácticamente todos los de nuestra generación. Allí se hablaba, se leía, se recitaba, se organizaban grandes debates”.

En el Jardín de Cándido dedicado a la memoria de mi padre tras su muerte en septiembre de 1974 Juan Lozano anota:

“Tengo muchos datos e informaciones sobre la obra de Murillo por una amistad que me unió a él desde la adolescencia y porque últimamente me ocupaba en la edición, por cuenta del Colegio del Rosario, de sus estudios entomológicos; obra que llenó su actividad y su ilusión de los últimos meses y que, con gran dolor de mi parte, no alcanzó a ver coronada. Murillo era, además, un temperamento artístico  y un escritor excelente”.

Pues fue precisamente esa edición a la que Juan Lozano se refiere la que me permitió conocerlo y frecuentarlo.  Era el año de 1973 y yo acompañaba a mi padre a visitar a Juan Lozano en su oficina en la universidad del Rosario. Allí escuchaba su entusiasmo al dar vida  a una serie científica del departamento de publicaciones. Él era el director de la revista. El primer logro lo alcanzó; en septiembre de ese año se publicó “Las esmeraldas de Colombia” del profesor Antonio María Barriga Villalba y su hijo, Antonio María Barriga del Diestro, -entonces director del Museo del Oro del Banco de la República-.

En su prólogo Juan Lozano anunció la nueva empresa: la obra de mi padre, iniciador de la entomología en Colombia. Pero motivos principalmente financieros, que yo recuerde, la frustraron. Sin imaginarlo, por meses estuvimos allí revisando borradores. Fueron meses en que me persuadí de las virtudes y del valor admirable de aquel hombre dulce de cabellera blanca. Y ahora que reviso su vida, siento que era efectivamente el hombre bueno de las reseñas que lo retrataron. 

Pero no nos engañemos, no era un hombre débil. Tras su dulzura, había una historia de hombre recio, que incluso había tomado las armas y luchado en una guerra. La batalla de Güepi, en el conflicto con el Perú, nos lo recuerda. También con ardentía defendió en política sus posiciones, y combatió la única dictadura que hubo en Colombia en el siglo XX. Tenía que ser un hombre de nervio portentoso para haber sido cuanto fue y haber hecho cuanto hizo. Fue escritor bueno y prolífico, político íntegro de larga y encumbrada trayectoria, hombre influyente, intelectual y talentoso; periodista notable, soldado de su patria.

Tal vez por la imagen depreciada que se tiene del político, su apariencia me traducía más la del intelectual y la del filósofo que la del hombre público. La suave de un poeta. Veía en él la antítesis del político perverso  y la exégesis del político virtuoso: con alma de estadista, ilustrado, estudioso, reflexivo, pensador, orador y escritor magnífico; distante de la mediocridad que hoy campea en nuestras corporaciones y en la plaza pública.

Supe que era poeta tras conocer, leídos por mi padre, sus mejores versos: “La Catedral de Colonia”, obra conmovedora:

LA CATEDRAL DE COLONIA (De “JOYERÍA”)

Desde el arco ojival de la portada
hasta la flecha que en lo azul palpita,
cada cosa en su fábrica suscita
el ansia de emprender otra Cruzada.

Mole de encaje y de ilusión cascada
que baja de la bóveda infinita,
surtidor que hasta Dios se precipita,
escala de Jacob, fuerza encantada.

Tiene tanto a la vez de piedra y nube,
su pesadumbre formidable sube
en la luz con tan ágil movimiento,

Que se piensa delante a su fachada
en alguna cantera evaporada,
o en alguna parálisis del viento.

Fue ese mi primer contacto con el famoso soneto. Después me enteraría que había sido considerado  uno de los doce mejores sonetos de la lengua castellana, y que su autor era tan relevante en las letras que pertenecía a la Academia Colombiana de la Lengua.

Sin embargo la actividad política dio al traste con la actividad poética. Su quehacer poético no fue un ejercicio vital, más bien un pasatiempo. Así él mismo nos lo dio a entender:

“Mi vocación es el servicio en la vida intelectual y política. La poesía ha sido en mí incidental ejercicio de la inteligencia; la he considerado como la más eficaz y agradable forma de distracción de los azares de la vida. Son la expresión de una persona culta […] que se ejercita en la poesía, como se ejercitaría en el juego del billar, si hubiese llegado a jugar pasablemente”.

Diría uno que Juan Lozano no fue consciente de su admirable don. “A los treinta años de edad colgó su lira en el primer sauce de la carretera”, anotó Abelardo Forero Benavides

Los Lozano eran hombres nobles, de acrisolada rectitud. De Carlos, uno de sus cuatro hermanos, quien fue presidente encargado de Colombia –en octubre de 1942- escribió Juan:

“Era un hombre libre de escoria, a quien ni la admiración ni la vanidad, ni la envidia ni la inquina, ni la ordinariez, ni nada que no fuera alto, desinteresado, puro, inspiraron ningún pensamiento ni acto alguno”.

Y Juan debió ser igual; pues fueron los dos hermanos almas gemelas según afirmación de mi padre. Dice él:

“Juan y Carlos tuvieron la misma estructura espiritual. La personalidad de Juan es la de un filósofo cuya especialidad es la ética experimental. […] Él como el químico con sus tubos de ensayo, somete a sus personajes a juicio hasta descubrirles su estructura”.

Juan Lozano y Lozano nació en Ibagué el 6 de abril de 1902. Fue hijo de Fabio Lozano Torrijos –escritor y diplomático- y de Ester Lozano, quienes fueron además padres de Fabio, Carlos y dos hijas.

Pasó por las aulas del Colegio Mayor de Nuestra señora del Rosario  como estudiante de bachillerato y estudiante de Filosofía y Letras. Al Colegio dedicó su poema “Claustro antiguo”, en el que entre otras cosas dice:


Con el espíritu transido
por un emocionado temblor,
recorro el claustro envejecido
 donde nació mi corazón.

En esta misma Aula Suprema
 alguna vez me arrodillé
a pedir luz para un teorema
muy trabajoso de aprender.

Aquel rincón guarda el secreto
de lo primero que escribí:
era un lunático soneto
hecho en la pasta del latín.

Aquí amé a la que en un “¿me quieres?
 Concentró en su pupila azul
todo lo que hay en las mujeres
de sugestión y de inquietud.

Claustro que tienes el encanto
de un recuerdo en cada pilar,
claustro hecho en gloria y calicanto
sobre piedra y eternidad.


En aquéllos años y en aquel claustro Juan Lozano compartió con Darío Echandía, uno de sus importantes coetáneos,  4 años mayor que él y cuyos recuerdo plasmó en uno de los capítulos de “Mis Contemporáneos”. Escribió Lozano de Echandía:

“Yo lo recuerdo hace veinticinco y más años, como condiscípulo suyo en el Colegio del Rosario, y a él especialmente ligado por vínculos de coterraneidad, de afinidad espiritual y política, de amistad familiar, y aun de vecindad urbana”.

“Darío Echandía, fulgurante estudiante, iba un poco adelante de mí en el orden de los estudios: llegó a ser colegial, y por ello pasante, y tuvo el privilegio de habitar en pieza separada cuando fue alumno interno. Esa celda, un poco monástica, era como el germen pobrísimo de su casa de ahora. Libros, y más libros; retratos de filósofos y poetas y pintores, recortados de los periódicos, y prendidos con goma en las paredes. […] Muy más delgado que ahora, con la fisonomía incipiente de los jóvenes; y con los pantalones altos, angostos, tubulares y transversalmente arrugados, creación de un afamado sastre chaparraluno”.

“Todo había progresado un poco, diez o doce años después, cuando Echandía, juez o exjuez habitaba hacia 1930 en el Hotel del Pacífico, frente al Colegio del Rosario, una pieza bastante amplia, que tenia, a guisa de muebles, una alta estantería de madera sin barnizar, a todo el rededor; una cama de sirvienta, que parecía una hamaca según se rebullía al sentarse uno en el borde; y un taburete, en cuyo espaldar unos pantalones mejores que los de marras, pero que todavía dejaban mucho que desear, permitían que los tirantes barriesen el suelo.
[…] Echandía leía acostado casi todo el día; y así recibía a los pocos amigos que íbamos a visitarlo. Sólo se levantaba, amarrándose angustiosamente los calzones del piyama, y paseándose como un felino por la pieza, cuando la conversación rozaba con la filosofía peripatética o con la escultura clásica, o con la pintura florentina”.

Juan Lozano estudió en la Escuela Militar de Cadetes,  se graduó de oficial y participó en la guerra con el Perú. Estuvo en la universidad de Cambridge, donde se especializó en Economía y Finanzas; y se doctoró en Ciencias Sociales y Políticas en la de Roma. Tras ser secretario del candidato presidencial y posteriormente presidente, Enrique Olaya Herrera, siguió una espiral ascendente. Fue así, concejal de Bogotá, diputado de Cundinamarca y Tolima, representante a la Cámara y presidente de esa corporación, senador de la República y Ministro de Educación en la administración Santos. Opuesto a las reelecciones, y pese a los sentimientos fraternales que lo unieron a los dos estadistas, se opuso a la de Alfonso López Pumarejo y posteriormente a la Carlos Lleras Restrepo. Fue obviamente enemigo de las dictaduras, y combatió la de Gustavo Rojas Pinilla.
Su quehacer periodístico engloba la fundación del periódico “La razón”, en 1936, el que dirigió durante 12 años; el éxito de sus reportajes en el semanario “Sábado” de Plinio Mendoza Neira, con los personajes más importantes de la vida nacional; su paso por la revista Semana, sucediendo a Alberto Lleras Camargo en su dirección; y obviamente su columna el “Jardín de Cándido”, que ocupó por décadas las páginas de “La razón” y “El Tiempo”. Juan Lozano llegó a ser considerado el mejor editorialista de Colombia.
Juan Lozano se casó con una dama italiana, Luisa Provenzano y tuvo un solo hijo, Luis, padre del actual senador de la república Juan Lozano Ramírez. Con Luisa vivió en su finca de Suba hasta su muerte. Ella fue la inspiración de muchos de sus versos. Recordemos:

A LUISA (De “JOYERÍA”)
En este libro, que pulí con tanto
esmero para ti, gema por gema,
no hallarás, sin embargo, ni un poema,
que diga de mi amor o de tu encanto.

Sobre otros temas lapidé mi canto,
y tuve un canto para cada tema;
he copiado en mi lírica diadema
todos los iris, del placer al llanto.

Y nunca, nunca te canté.
Con graves palabras me dirás: “Yo no te inspiro”.
No, no es que falte inspiración, tú sabes.

Es que las cosas que a decirte aspiro
son de aquellas tan hondamente suaves
que menos que una voz, son un suspiro.

Su obra poética ha sido encasillada dentro del movimiento de los Nuevos –recuerdo de la revista del mismo nombre dirigida por Alberto Lleras y su hermano Felipe. Un movimiento dispuesto a relevar el simbolismo y el parnasianismo. Defendían el modernismo de Guillermo Valencia y censuraban el piedracelismo de Jorge Rojas y Camacho Ramírez. Los Nuevos tuvo como exponentes, a más de Juan Lozano, a Germán Arciniegas, Germán Pardo García, Rafael Maya y León de Greiff.

Conozco de Juan Lozano casi un centenar de poemas publicados, la mayoría escritos antes de los 25 años.

Su poesía se apega a lo clásico y en gran medida se expresa en el soneto. Sus versos son escrupulosos en la métrica y la rima. En su crítica literaria demuestra aversión por los versos ininteligibles y el exceso de liberalidad para dominar la forma.

Su obra poética se condensa en “Horario primaveral”, de 1923 en Lima; “Joyerías”, de 1927, en Roma; y “Poesía dispersa” de 1928 a 1940. Como puede verse buena parte data de sus primeros años de juventud; había nacido, recuerdo nuevamente, en 1902.

Varios de sus sonetos son retratos, que el agrupó en “Galería”, en el capítulo de su obra “Poesía dispersa”.

Veamos dos retratos:

DOÑA LORENZA VILLEGAS DE SANTOS
(Que dedicó a la esposa de Eduardo Santos,
a quien siempre recordaremos como Lorencita)

Presta a tu rubia gracia un atributo
de austeridad que la enaltece y sella,
como la noche mística a la estrella,
la prestigiosa gravedad del luto.

El destino, que teme a lo absoluto,
y se place en batir lo que descuella,
te impuso a ti por demasiado bella,
un demasiado férvido tributo.

Muestras, disfraz de un ánima celosa,
la apariencia alocada y deliciosa;
pero el recuerdo en tu interior persiste.

Y a solas velan tu mirada pura,
como una silenciosa colgadura,
todas las cosas que te hicieron triste.

DOÑA LUISA PROVENZANO DE LOZANO
(Su esposa)

Una gracia entre itálica y moruna
irradia de tu piel cálida. Y sana;
el sol de la campiña siciliana
maduró tu fragancia de aceituna.

El ensueño, como un hilo de luna
de tus ojos oscuros se devana,
y es tu pelo, partido a la toscana,
algo así como dos noches en una.

Es más móvil tu cuerpo que el destello
de la luz en las aguas; y tu cuello
cobró la forma del alfanje moro,

arqueada, esbelta, lírica y ligera,
porque en su noble cavidad cupiera
tu voz, que es una cítara de oro.

Y veamos otro tipo de versos, otro tipo de poemas:


LAS CARTAS (De “JOYERÍA”)
¿Me escribirás? ¿Me escribirás? Y en tanto
se desgarraba el tren hacia Io ignoto,
y era tu mano, en el andén, el loto
que simboliza la ilusión y el llanto.

Y pasaron los años, y el encanto
de escribirnos, dejó de ser devoto,
se hizo después deber, deber remoto,
y de deber se convirtió en quebranto.

Cómo es de ciego el corazón, que ignora
que este flujo y reflujo del deseo,
como el flujo del mar, tiene su hora.

Hoy en nosotros la ilusión revive,
y los dos esperamos el correo…
Pero ninguno de los dos escribe.

Su prosa
Su prosa es más abundante y se extiende de sus primeros años al fin de sus días. Se reúne en “Ensayos críticos” (1934), “La Patria y yo” (1944), “Introducción a la vida heroica” (1946), “Mis contemporáneos” (1947), “Jardín de Cándido” –su columna periodística mantenida hasta el final de sus días-, “Interpretación de Colombia”, “Política”, entre otros capítulos. Encuentro en ella un estilo ameno que brilla a la par con un pensamiento grande, reflexivo y filosófico. Para mí es admirable, pero traigo una muestra para juzguen los oyentes de primera mano.
Su pluma fecunda es además un magnífico documento testimonial para conocer nuestra historia y nuestros personajes. “Mis contemporáneos”, en particular, pero sus escritos en general, son una buena fuente de consulta, tan visual como un documental a pesar de solo estar hecho con palabras.  Describe a personas que compartieron su mundo como su hermano Carlos, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras  Restrepo, Augusto Ramírez Moreno, Darío Echandía, Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel Turbay.

Observen, ustedes, por ejemplo, el detalle, cual pincel, en la descripción de sus contemporáneos:
Enrique Olaya Herrera (Presidente de Colombia 1930 – 1934)

“En la poltrona de su despacho la figura del Doctor Olaya, un tanto desgarbada, cuando erecta por su singular corpulencia, toma un aire noble de retrato. Con la cabeza ligeramente inclinada, con una seriedad atenta y acogedora, los bellos ojos pálidos concentrados en el escrutinio del interlocutor, tiene ese interlocutor la sensación de que ha logrado interesar hondamente al presidente. Viste de oscuro y produce desde el primer golpe de vista una palpable impresión de aseo. Sobre las piernas cruzadas reposan sus manos, largas manos, finas y pálidas”.

Laureano Gómez (Presidente de Colombia 1950 – 1954)

Escribe sobre el entonces senador Laureano Gómez en una intervención el congreso: “’El Monstruo’ va a hablar. Comienza el espectáculo y comienza desde la primera palabra la diatriba. El gesto se va haciendo por momentos más amplio, más contundente la argumentación invariablemente sofística. No deja terminar al interpelante. Le completa él mismo el argumento, con lucidez mental admirable, con otro argumento ya formado, ya coherente, henchido de sangre y de veneno. Es un espectáculo magnifico. Es una magnífica diatriba. El auditorio está cautivo de esa actitud arrogante, de esa voz que tiene timbres al par de oro y de acero. Sabe lo que vale la palabra y sabe que en la palabra esta su fuerza”.

De “La Patria y yo – Autobiografía sentimental” les traigo su visión de sí mismo en “Juan Lozano y Lozano por Juan Lozano y Lozano”:

“Mi ser actual me aparece como una extraña asamblea de formas desvanecidas, pero tremendamente reales e influyentes. Allí dialogan, y discuten, y pugnan por la supremacía los diversos hombres que en mí han existido al través de los años, el místico, el tarambana, el razonador, el cosmopolita, el centenarista de pantalón rayado –todos ellos-. Se arengan, se contrarreplican, se tiran los trastos a la cabeza; y finalmente salen todos juntos a tomar tinto al bar de la subconsciencia.”.

“De mis diecisiete años en adelante fui lo que se llama un vagabundo. No descuidé jamás mis tareas escolásticas, es verdad, porque me interesaban en cierto modo, y porque tenía buena memoria, y porque fincaba alguna vanidad en pertenecer desde muchacho a la “vida intelectual”.

“Por cierto que una noche daban a mi padre un banquete sus amigos políticos, con motivo de alguna actitud resonante, y cuando él regresó del senado para vestirse y se hubo afeitado, empezó a dar enfurecidos gritos desde su pieza. Todos los de la casa acudieron en gran consternación, menos yo, que calculaba cuál era el problema. Mi padre buscaba su frac, y no lo encontraba por ninguna parte, y había vaciado el armario sobre la alfombra, sin resultado alguno. […] Sucedía que un hombrecito me traía libros a la puerta o a la esquina, y yo se los cambiaba por ropa vieja y descartada, que tiraba en mucho secreto de la alacena de mi padre. Era seguro que yo había cometido la atrocidad de entregar la excelente casaca. Este fue mi primer sacrificio por la causa de la irresponsabilidad y de la literatura. […] En otra mi Padre me dio los tres pesos para que fuera a pagar (al Centro de practicantes), y yo me encontré en el camino con mis amigos, y los gasté en sifón de Bavaria, hablando de literatura”.

Decía que empuñó las armas y participó en la guerra con Perú. Este es un fragmento de “EL COMBATE DE GÜEPI”, de “Patria y yo – Autobiografía sentimental), en que se nos presenta como un cronista de guerra.

“Escribo estas líneas desde el Peñasco de Güepi, en donde todavía está impregnado el ambiente de un denso olor de pólvora, cuyo humo azuloso apenas ha empezado a extinguirse. Aquí están los campamentos peruanos a medias destrozados; casi completamente desfiguradas por nuestra artillería las admirables fortificaciones del enemigo; […] aquí y allá, sobre el campo verde que interrumpe la selva, los muertos, los pobres muertos peruanos, pálidos, sangrantes, contorsionados. No he tenido la curiosidad mezquina de contarlos. No deberían jamás contarse, al modo como se cuentan las fichas ganadas en el azar de un juego, estos ignotos holocaustos de las hecatombes marciales. La muerte es cosa sacra que esta pequeña ciencia terrenísima de la estadística no tiene derecho a profanar con su plebeya terminología”.

“Imagínese el caso de un joven aprendiz de filósofo, que alimentó siempre en lo más hondo de su espíritu un despectivo desamor por la violencia, a quien un día la necesidad de ser consecuente con principios eternos de justicia internacional y humana, lo induce a tomar bajo su comando la batería de ametralladoras de un barco de guerra, frente al enemigo”.

De “Emoción de vivir”, discurso pronunciado en el Colegio Mayor de Nuestra señora del Rosario en 1943, les traigo estos párrafos:

“Si sentís la vocación económica, no os ensayéis en los pequeños negocios de comisión y especulación, sino en la iniciación, así sea modesta y oscura, de alguna grande empresa que constituya aporte de largo aliento al progreso social”.

“Y si vuestra vocación es la política, tomadla como un alto apostolado, descontando de antemano todas sus incomprensiones, y todas sus amarguras y todas sus derrotas. Luchad bravamente y gallardamente por un ideal político, aquel ideal que os haya convencido y que llevéis pegado a la entraña profunda. […] Huid del triunfo fácil y de toda dádiva graciosa de posición o de prestigio”.

“No perdáis jamás el punto de referencia de la hazaña patricia; […] lanzaos a la conquista de la vida con el nombre de la patria en los labios. Forjaos ideales grandes, y buscadlos con la fe y con coraje, al través de todas las dificultades”.

En sus “Ensayos críticos”, que hacen parte del capítulo “Crítica Literaria y Artística” hace esta descripción del poeta Guillermo Valencia:

“Todo en Valencia denuncia al poeta, según la idea, un poco ­legendaria, que tenemos de los dueños del don divino de decir las cosas bellamente. Fino y prognático, pálido como un pergamino, los ojos iluminados, revuelta la cabellera, largas las manos de mujer en clausura. Por el corte sensual de la boca, pudiera creérsele un Cardenal renacentista de estirpe florentina; un héroe, por el dibujo de perfil aquilino; un monje de los que convocaban a Cruzadas, por el fuego místico del porte.”.

En ese mismo capítulo de “Crítica literaria y artística”, Lozano nos trae una simpática anécdota de León de Greiff,  reconocido por su culteranismo y su lenguaje poco inteligible para el común de los mortales:

«En una “redada” de policía que hubo en Bogotá en años pasados, cayó, entre otras muchas personas, León de Greiff, quien se hallaba departiendo con otros literatos y poetas alrededor de una de las mesillas del célebre “Café Automático”. Conducidos en carros- radiopatrullas a la inspección de la calle cuarenta, allí fueron todos requisados, aligerados de los papeles que llevaban en los bolsillos, y provisionalmente mandados a los calabozos, mientras en las oficinas se examinaban con detenimiento aquellos papeles, en averiguación de posibles planes subversivos. Una vez terminada la minuciosa inspección, casi todos los detenidos fueron puestos en libertad. Pero León se quedó adentro, como sujeto a todas luces peligroso. El investigador había leído y releído los papeles del poeta, y, como no entendiera una palabra, había exclamado con un lampo de triunfo en los ojos: “¡Esta es una clave secreta! ¡Aquí está la clave de los revolucionarios!”

“Se trataba, desde luego, de algunos de los poemas manuscritos de León de Greiff; y no le faltaba completamente razón a aquel celoso servidor del orden.
[…] En 1915, siendo todavía estudiante adolescente, León De Greiff había empezado a publicar en la pequeña revista “Panida”, que él y un grupo de amigos sostenían en Medellín, poemas de una misteriosa y embrujadora esencia lírica, que no se parecían en nada a nada de lo anteriormente escrito en Castellano”.

Juan Lozano fue hombre de gran cultura, de vasta erudición. Su crítica muestra un profundo conocimiento de los temas que defiende o que censura. Como crítico literario descubro a Luan Lozano estricto, agudo, a veces desdeñoso, de pronto descortés.

Su crítica llega a ser dura, irónica y burlona. Fue benévolo con los modernistas, punzante con los piededracelistas, como lo podemos apreciar en el siguiente texto, que analiza el poema “Presagio de amor” de uno de sus máximos representantes: Arturo Camacho Ramírez.

«Es de imaginar que los piedracelistas “echan globos” como los empleados públicos y los poetas. En el artículo pasado se citaba este verso del poeta  Arturo Camacho Ramírez: “Hoy otra vez amor tu lirio exacto  - lleno de minerales y sonidos, - con sus manzanas de furor buscando – el sitio negro de los sacrificios”. El poeta […] fue echando a la olla sin discriminación alguna, manzanas, lirios, minerales, sitios negros, sin curarse del caldo que le resultaría. Y así, para los comensales, la poesía […] se nos vuelve una enteritis».
«Tómese de primero, por ser el más característico de la poesía piedracielista, el cuaderno del poeta Arturo Camacho Ramírez, llamado “Presagio del amor”. Camacho Ramírez, joven  brillante […] y hombre que no es un perturbado, ni un necio, ni un paranoico, había publicado antes, otro cuaderno de versos titulado “Naufragios”, la mayoría de cuyos versos es inteligible. Tenía ya entonces cierta tendencia a la obscuridad; pero últimamente, con ocasión de este festejo piedracielista, se ha “rematado”, como dicen las señoras».
« “Presagio del amor” […] está escrito en romance endecasílabo, inobjetable como métrica, y salpicado de versos de una sonoridad y de una pureza deslumbrantes. El poeta está en espera del amor, algo así como en vísperas de enamorarse; en una situación de presensibilidad semejante a la del que, por dura experiencia anterior, dice: sospecho que me va a doler una muela. Y empieza a imaginarse, primero, cómo no va a ser, y luego cómo sí va a ser el drama. […] pero sucede que, por lo desaconsejado y abstruso de las comparaciones, el lector se queda como si no hubiese leído el poema. Es como la conocida adivinanza: ¿En qué se parecen una ballena y un helicóptero? En que ninguno de los dos es un cepillo de dientes».
«”Que yo estoy lleno de luceros agrios – sobre los caracoles de mi grito. Que estoy sobre la tierra como un hombre en alta soledad de su vestido”. […] “Entre duros océanos me mando y hacia islas ahogadas me dirijo”. […]”No era la muerte como pez redondo”».
«Como se ve, […] todo esto es absurdo, como la parla de un loco; y a nadie que tenga dos dedos de frente le pueden hacer tragar este crucigrama por poesía».
«¿Es Camacho Ramírez un caso perdido? En manera alguna. Quien tiene capacidad tan admirable para imaginar, llevará siempre en sí la fibra auténtica de la poesía ».
“Jardin de Candido” es una referencia obligada, infaltable en toda mención que se haga de su vida. Por muchos años estuve atento a esa columna, por décadas la leí El Tiempo. Pero, ¿quién era Cándido? ¿De dónde lo sacó Lozano? Cándido es el protagonista de un cuento bastardo de Voltaire –bastardo porque no quiso al parecer reconocerlo-. Un personaje optimista frente a los horrores del mundo, en un jardín que hay que cultivar a pesar de esos horrores.
De mi experiencia con esas columnas, puedo afirmar que todo cabía en “El Jardín de Cándido”, de lo serio a lo triste, de lo ligero a lo grave, de lo científico a lo político, de lo histórico a lo anecdótico, de lo crítico a lo humorístico, de lo lisonjero a lo antipático.
Sobre los dientes, por ejemplo, escribió en ese Jardín Lozano:

“De todos los bienes y privilegios de la vida –decía Cándido- no habría pedido yo a Dios ni excelencias intelectuales, ni atributos físicos sobresalientes. Una cosa le habría pedido: una bella dentadura. Unos dientes sanos, fuertes, brillantes, ligerísimamente marfileños, engastados en unas encías firmes y rojas, apenas perceptibles. No hay elemento del cuerpo humano que pueda dar más fe en la propia actividad, más dominio de sí mismo, más poder de influencia sobre los demás, mayor sensación íntima de alegría, de salud y de fuerza”.
.
Esa columna da, también, cabida a asuntos más serios, como este, en que nos da sus impresiones sobre la política:

“No hay que preocuparse por las miserias de la política, decía Cándido. La política es actividad pública, actividad que está a la vista de todos los ciudadanos; y por esto todo el mundo advierte en ella esa parte sucia, pequeña y miseranda que es inherente a todas las instituciones humanas; más aún, que es necesaria para la supervivencia de todas las instituciones humanas. La política es una casa cuyas letrinas están colocadas a la entrada; pero es una bella casa, ocupada por las más altas y nobles preocupaciones del espíritu. Lo que hiere inmediatamente la imaginación popular es lo que está adelante en el mundo político; la intriga, el fraude, la hipocresía, la demagogia, el burocratismo, el contratismo, la adulación, la violencia.”.

Al día de los difuntos también le dedica unas cuartillas en “El jardín de Cándido”: 

“Una multitudinaria romería silenciosa se acerca en fecha como ésta a los cementerios, a refrescar su ofrenda de flores y plegarias sobre los túmulos amados. […] Cada ser tiene un pedazo de su vida deshecho y transformado en la tierra de los camposantos; cada uno de los muertos en parte sobrevive en otras vidas. El dos de noviembre es una fecha para recogerse y meditar en la patria, como una colaboración de vivos y de muertos en una atmósfera laboriosa de memorias”.

Juan Lozano partió de este mundo el 14 de noviembre de 1979, vivió hasta el final en su casa campestre de Suba, “Provenza”, llena de libros, y de un ambiente y una naturaleza propicios para la reflexión.

Despidámonos de esta evocación con un poema:

SILENCIO (De “POESÍA DISPERSA”)

La noche está como jamás tupida.
Salgo, y contigo en el balcón me acodo.
Tú hablas con fe del porvenir, en modo
de atenuarme el dolor de la partida.

Mas yo presiento la visión temida:
el tren que arranca y el primer recodo,
y humo en el horizonte… Y temo todo
lo que se teme en una despedida.

Dices: ¡Valor! Más la emoción de duelo
nos embarga y callamos. No cintila
ninguna estrella en la extensión del Cielo.

Y hay un silencio tan profundo, tanto,
que escucho desbordar de tu pupila
la humedad invisible de tu llanto.


* Juan Lozano murió el 14 de noviembre de 1979, y este ensayo fue leído por su autor en octubre del 2012, en la casa del Departamento de Nariño en Bogotá D.C., en el marco del XIX Récord Nacional e Internacional de Poesía.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD

sábado, 22 de febrero de 2014

UN DEDO EN LA LLAGA DE NUESTRAS INSTITUCIONES



Qué vergonzoso espectáculo dan al mundo las instituciones colombianas. No hay poder que no nos avergüence. Concebidas como modelo de idoneidad y competencia han terminado ejercidas por individuos que les restan majestad.
Inmoralidad, ignorancia, indignidad, incompetencia, se entronizan hoy en las entidades públicas, y hasta la prepotencia y los egos dan al traste con la unidad y engranaje que demandan las instituciones.
Alguna vez el parlamento fue asiento de magníficos oradores y de hombres que parecían de bien. Hoy el Congreso es el órgano del poder más desprestigiado. Hay en nuestros legisladores ignorancia, pobreza intelectual, pero también malsanos intereses. Para ser congresistas, diputado o concejal no se precisan doctrinas, plataformas, ni programas, basta tener dinero para seducir a los votantes. Y son los corruptos los que más disponen de él a manos llenas. Al poder se llega con dinero y con el poder se hace fortuna mal habida. ¡Poder y dinero, qué llave más perversa! Ni uno ni la otra son en esencia malos, en la moral reside su destino. Pero la ética, otrora eficaz freno a la depredación, naufraga.
La elección de los representantes del poder ejecutivo no mejoró la democracia, terminó asentando, en cambio, a la cabeza de los municipios y los departamentos a muchos especímenes de la peor ralea. Previsible era: el pueblo, majestuoso dictador de los sistemas democráticos, es atolondrado. Con frecuencia elige mal, por ignorancia, por indiferencia, o presa de la amenaza o de la dádiva.
La justicia, como el error, humana, al menos mostraba hasta no hace mucho tiempo sabiduría en sus instancias encumbradas. Las cortes eran admirables, se percibía lúcido su discernimiento y verticales sus fallos.  Hoy su juicio ha sufrido una transmutación deplorable. ¡Hizo metástasis la política en el órgano que parecía más saludable!
El juicio admirable de los magistrados de antaño, recto, ecuánime y reflexivo, ceñido a lo correcto y a lo justo, se percibe transmutado por la decisión segada y por el fallo parcializado, al servicio de la política y las ideologías. Emana cierto olor a clientelismo. Se siente cierta tendencia a la izquierda, que dejará a Colombia esperando eternamente el juicio contra los políticos que se aliaron con las Farc, mientras se sigue viendo la cacería de brujas contra la parapolítica, contra los militares y contra todo aquel que en estado de indefensión tuvo que recurrir  a movimientos de autodefensa para sobrevivir a la embestida guerrillera, en ausencia de un estado capaz de proteger la vida y los bienes de las víctimas de la subversión.
No muestra el Estado unidad, sus instituciones rivalizan cual quintacolumnistas que lo debilitan. El presidente Santos busca complacer, es su talante, hoy acrecentado en vísperas de su reelección. Entre tanto el Fiscal1 y la Contralora2 viven en pugna; y en  su soberbia, el primero, desconoce los fallos del Procurador3. En atolondrado proceder aquel asume una defensa que no le corresponde contra un disciplinado4. Que al Fiscal su ideología lo separe de las creencias del Procurador y lo aproxime a las del disciplinado no justifica el desconocimiento del deber de respetar las decisiones tomadas en ejercicio del mandato de la Constitución y de las leyes.
Asumir cual defensor del alcalde Gustavo Petro y allanar instalaciones de la Procuraduría es busca elementos para protegerlo es un funesto precedente. El ejercicio de las altas dignidades del Estado exige despojarse de gustos e intereses personales y olvidarse de representarse a sí mismo: solo se representa la dignidad del cargo. No debe el Fiscal actuar como el señor Montealegre, simpatizante de Gustavo Petro y adversario del Procurador, sino como el Fiscal General que respeta inalterable el ordenamiento jurídico de la Nación.
Si la cima desde lo alto se advierte mórbida, la base, de sus males contagiada, no puede lucir más saludable.
Pero seamos justos, hasta lo malo, por generalizado que parezca tiene sus excepciones, y a los funcionarios probos, que también existen, en esta líneas les rindo mi homenaje.   

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD.


1. Luis Eduardo Montealegre Lynett
2. Sandra Morelli Rico
3. Alejandro Ordóñez Maldonado
4. El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro Urrego

sábado, 14 de diciembre de 2013

COLOMBIA, CON PETRO HACIA LA TIRANÍA *

Acertado o no, el fallo del Procurador Ordoñez contra Petro es el de una autoridad legal y constitucionalmente reconocida. El desacato del Alcalde, manifestado en las movilizaciones populares que promueve, es un claro desafío a la democracia, que se fundamenta en el respeto a los poderes públicos.

Una persona de bien acude a las instancias judiciales en defensa de los derechos que cree vulnerados, no a los ánimos exaltados de sus seguidores. ¿Cuántos funcionarios elegidos por el pueblo han sido destituidos? ¿Cuántos de ellos han llamado a la asonada? Solo uno: el actual alcalde de la capital.

Es claro que Petro no ha abandonado su instinto subversivo, y que se sirve de la democracia solo para alcanzar los fines que le fueron esquivos por las armas. Intimidar con la insurrección popular debe ser motivo para la apertura de un nuevo proceso.

Que la gente de bien no haga manifestaciones contra el Alcalde y a favor de su destitución no significa que no exista rechazo: somos, cuanto menos, cientos de miles los que estamos en su contra. La justicia hasta ahora le había sido benévola. Hasta la inhabilidad para ser alcalde por haber sido condenado por porte ilegal de armas ha sido tolerada. Luego ya era hora de verlo responder por sus errores. Improvisar y despilfarrar en el manejo de una ciudad, y de la magnitud de Bogotá, no es una falta irrelevante.

La reacción de Petro hace evidente que no es un demócrata sino un instigador de todas las formas de lucha. Algo que ya sabíamos. Demócratas, Antonio Navarro y Rosemberg Pabón, por ejemplo, personas que tras dejar las armas se ganaron con su comportamiento el respeto de la izquierda, el centro y la derecha. 

Considero que en buena hora puede deshacerse la ciudad de un retrógrado que se dice progresista  -al fin y al cabo hoy progresismo es lo contrario de lo que se conjetura-. La carrera séptima con el aspecto desteñido y ruinoso que le dan las materas miserables que hizo instalar el Alcalde son fiel retrato del socialismo decadente de ese progresismo. De un socialismo que recuerda más la miseria de los países de la Cortina de Hierro sometidos por la Unión Soviética, que la prosperidad del socialismo respetuoso de la propiedad privada, que convive con la riqueza y con los ricos, y explota aquella en favor de todos. Socialismos amables  que conducen al progreso, como el de  la Concertación de Partidos por la Democracia de Chile. Es que mucho va del socialismo primitivo de Petro al de líderes respetables como Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Luiz Inácio Lula da Silva, por solo mencionar algunos nombres.

Cuando las actitudes de Petro como alcalde han ido desnudando sus verdaderas intenciones y, amén de su mala gestión, poniendo en evidencia la peligrosidad de sus ideas perturbadoras, se esperaba agrado con el fallo de la Procuraduría en buena parte de sus gobernados. Pero los sofismas de su populismo confunden a quienes carecen de lucidez de pensamiento y de capacidad de reflexión y cálculo. Hoy hasta quienes en un futuro podrían ser expropiados en una eventual presidencia del alcalde guerrillero lo ven inocuo y han salido candorosamente en su defensa.

Cuántas enseñanzas deja este suceso de la condición humana. De la ingenuidad, de la racionalidad incoherente, de la superficialidad del pensamiento. Advierto, por ejemplo, la paradoja de quienes en su oposición al expresidente Uribe hicieron blanco de sus críticas al caudillismo, y hoy, sin percatarse de lo que ayer dijeron, defienden a un caudillo. En el populacho lo explica la ignorancia. ¿Pero qué explica en nuestros ‘intelectuales’ tamaña incoherencia? Dizque rechazan el fascismo, pero defienden el equivalente de izquierda que Petro representa.

De pronto lo explique la teoría de las inteligencias múltiples y el conocimiento de que la inteligencia no es un todo que alcance la totalidad de los campos del pensamiento. Se puede ser un genio matemático, pero torpe en materia de comunicación. Tal vez, obedezca también a la ignorancia del intelectual en el tema -inadmisible pero no infrecuente-, de pronto sea que falle la percepción y no se alcancen a prever los riesgos, acaso haya faltado la experiencia de ver los atropellos del comunismo soviético, en buena hora desaparecido, quizás exista el atolondramiento que hace ver como paradigma los gobiernos de Cuba y de Corea del Norte. O sencillamente no estamos frente a intelectuales verdaderos, sino ante ideólogos del comunismo.  

Sea cual sea el motivo por el que se defiende a Petro, encuentro un deslumbramiento con él semejante al que con Chávez tuvo Venezuela. Y como percibo en nuestro alcalde el mismo engendro del venezolano, conjeturo que Petro se servirá de la democracia para alcanzar el poder. Conseguido su fin habrá de restringirla. Y quienes hoy ingenuamente lo defienden, habrán de padecerlo.

Entonces lo seguirán apoyando quienes anhelan la muy mentada redistribución de la riqueza, quienes anhelan vivir de los demás y sin esfuerzo, igual que en Venezuela. Pero quienes han conseguido la prosperidad con sus arrestos vivirán una insoportable pesadilla. Y más vale que los que fincan la felicidad en la riqueza miren más allá de sus narices, que el eco del “exprópiese” venezolano ya resuena con Petro, a la vuelta de la esquina.

El encono de Petro contra el capital, lo privado y los que tienen es un fuego siniestro que anuncia una catástrofe. En un  país que busca reconciliarse la dictadura del proletariado abrasará la paz. Sus actitudes desafiantes promoverán la razonable reacción de la derecha en proporción semejante a su temeridad.

¡No pasará este guerrillero sobre quienes defendemos el modelo económico que conduce al país hacia el progreso! ¡No se impondrá el empecinamiento de quienes designándose progresistas son retardatarios! ¡No se impondrá el modelo asistencialista de quienes pretenden vivir de los demás sobre el paradigma de la responsabilidad individual! ¡No se impondrá la redistribución de la fortuna sobre la generación de la riqueza! 

Ojalá un procurador hubiera salvado a Venezuela de la hecatombe que le dejó al país el espejismo del coronel golpista. Definitivamente idiota útiles hay en todas partes.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD.

* El 10 de diciembre del 2013 el Alcalde de Bogotá, exguerrilero del M-19, Gustavo Petro Urrego, fue destituido e inhabilitado por 15 años para ocupar cargos públicos, por el Procurador de la Nación, Alejandro Ordoñez, tras considerar varias faltas gravísimas en el desempeño de sus funciones. Fue el primer fallo contra el Alcalde de los varios procesos que cursaban en el Ministerio Público. En esta oportunidad el fallo se relacionó con las irregularidades que provocaron una crisis con la recolección de la basura de la ciudad un año antes. Pese a que por su mala gestión se adelantaba un proceso popular de revocatoria de su mandato, el fallo del Procurador terminó en una paradójica manifestación de respaldo al sancionado y de rechazo al funcionario que lo sancionó. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL PARO AGRARIO: RETRATO DE UN PAÍS PUSILÁNIME, CON POTENCIAL PERO SIN NORTE

Los paros que hoy afligen a Colombia y que se propagan con la vertiginosidad de una epidemia irracional, más que descubrir problemas y necesidades que siempre han existido, exponen la ingenuidad de quienes siguen el llamado a la protesta y la sagacidad de quienes los azuzan, infiltran  y convocan. Deplorable espectáculo para quienes analizamos los hechos desde otra perspectiva, y no vemos en las manifestaciones y ademanes violentos cosa diferente a la anarquía.
Es el retrato de la turba, manipulable e iracunda, insensata y absurda. Que con pretexto o sin él se desmide en sus demandas. Que sin ingenio y sin arrojo para dar solución a sus apuros espera que otros lo resuelvan. Pero los problemas, fría, real y escuetamente, son de cada cual, de cada quien, que tiene el interés centrado en sus ganancias. El campesino, por más querido que parezca, no produce por amor al prójimo sino por su sustento y por su lucro. ¡No pongo yo un negocio para que el Gobierno me lo vuelva próspero! Es inmoral. Carece de sensatez hacerlo.
Tanto importarán en este paro los intereses propios que la extorsión es su estrategia. Causar malestar y daño a otros compatriotas para que el Gobierno ceda a sus reclamos. Por eso su mejor arma es el bloqueo: que se cierren las vías para que se desabastezcan  los pueblos y ciudades, para que turistas y viajeros se incomoden, para que no puedan pasar las ambulancias, así se mueran los enfermos que trasladan. Incuestionable infamia de manifestantes intransigentes que dizque presumimos nobles, resignados y sufridos. Nos atropellan y tienen la desfachatez de pedir solidaridad en sus apuros.
Este paro es la marcha de un pueblo de mendigos que se niega a crecer por propio esfuerzo, que todo lo anhela gratuito o subsidiado, que quisiera crecer sin producir y enriquecerse sin esfuerzo. Pero en este mundo en el que todo cuesta, para que unos disfruten lo gratuito otros lo han pagado encarecido. Pedir subsidios al Estado es hurgar en el bolsillo de los propios compatriotas, probablemente de aquéllos que han sido perjudicados con el paro. ¡Cuánta desvergüenza! El Estado solamente es un concepto. Su dinero es el de los colombianos que pagan sus impuestos. Si el esfuerzo se castiga con cargas tributarias no tiene sentido el esforzarnos. Progreso no es que se arrebate a los que tienen, sino que todos produzcamos y tengamos. No es redistribuir la riqueza, sino generarla.
¿Hay que dar solución a los problemas? Desde luego. Pero no con asistencialismos manirrotos. Políticas sí, de gran envergadura. Inversión que se traduzcan en infraestructura, en modernización tecnológica, en métodos que mejoren la competitividad.
El problema del colombiano es la irresponsabilidad. Desde los hijos que el menesteroso arroja al mundo para que la sociedad se los levante, pasando por el que atenta contra su salud y espera que lo atiendan gratis, hasta el pudiente que se hace a los subsidios que no le corresponden. En Colombia no se enseña la responsabilidad, que demanda obligaciones; todo son derechos sin deberes.
El pobre que siente inquina contra el rico ignora que gracias a las cargas que le imponen es él quien le subsidia sus servicios; que es su dinero el que levanta las bibliotecas, las escuelas y los hospitales en que lo atienden gratis; que sus impuestos pavimentan las vías que llegan a sus barrios y construyen muchas de las viviendas en que viven. Sí, el vilipendiado capital es el responsable de que los necesitados no se mueran de hambre. Y, sin embargo, hay que ver como arremete la izquierda -siempre  incompetente, improductiva- contra los empresarios.
Y de la irresponsabilidad a la deshonestidad se migra fácilmente. Irresponsabilidad y  corrupción, expresiones preponderantes de la vida fácil, son para Colombia dos de sus peores males.
Pero las protestas tan violentas que hemos visto son más que la manifestación irreflexiva de la inconformidad. Hay un claro aprovechamiento por la subversión del descontento popular -propio de todos los pueblos, de todas las épocas y de todos los lugares- convirtiendo en idiotas útiles a los manifestantes. Inconformidades tengo, pero sin importar la magnitud de mi reparo, jamás uniría mi voz a esta protesta que magnifica el eco que viene de La Habana**. Que tiene la impronta de la Farc y sus perversos intereses. Y pensar que hay intelectuales que han devorado la carnada y siguen el sainete que impone la guerrilla.
¿Dónde ha quedado la autoridad? ¿Arrinconada? ¿Cediendo ante el chantaje? Ha sido incapaz ante las extorsiones y atropellos, ha sido incapaz de proteger a los inermes. Hasta una mujer ha tenido que defender con su cuerpo vulnerable a un pelotón de policías. ¡Abrir fuego es la única alternativa contra los vándalos y los encapuchados! Ya han medido, cual delincuentes, al presidente Santos su talante: El mandatario es extorsionable, extorsionémoslo. Y con la instigación de la guerrilla, que obviamente no tiene vocación de paz, todos a una se yerguen en protesta. Difícil recordar mayor parálisis y mayor agitación en el país en los años que llevo en esta tierra.
Demanda Colombia autoridad enérgica, que ponga a la gente a marchar como se debe. ¿Una dictadura militar será lo que hace falta? Una autoridad que dé de baja a tanto delincuente (secuestradores, homicidas, atracadores, narcotraficantes, defraudadores, vándalos, y toda la escoria social que nos asiste). Éticamente es lícito que la sociedad, y no como acto de venganza, se deshaga de sus males. Al fin y al cabo los derechos humanos son para quienes los respetan, nada deben exigir quienes los violan. Tanta contemplación no ha conseguido nada. Ahí tenemos a la autoridad arrinconada. La autoridad que debería ser el terror de todo delincuente. Deben ser radicales las cirugías para curar el cáncer.
El país definitivamente se ha polarizado. Parece imposible que puedan convivir defensores y opositores, sectores de izquierda y de derecha, ciudadanos de bien y delincuentes, gente que se esfuerza, que produce y seres que anhelan vivir subvencionados.
Si no podemos soportarnos, si el vecino es un parásito o una plaga intolerable, si es un mantenido que espera vivir de mi riqueza, repartamos el país, para que cada corriente disfrute su parcela.  Podrían vivir de un lado los emprendedores, de otro los mantenidos; de un lado los petros, los cepedas, los robledos y las córdobas*** -los que sueñan en repartir la riqueza que no les pertenece-, de otro los que generan opulencia; de uno los que protestan contra los TLC, de otro los que aprovechan sus ventajas; de uno los dispuestos a acabar con los delincuentes, de otro los que los toleran; de uno los ineptos, de otro los competentes; de uno los ciudadanos de bien, de otro las plagas -guerrilleros, corruptos y bandidos-.
¡Repartamos el país que la convivencia entre iguales resulta más sencilla!
Luis María Murillo Sarmiento M.D.
* Con el antecedente reciente de un paro cafetero cuya resolución costó a los colombianos ochocientos mil millones de pesos en ayudas, otros sectores descubrieron la conveniencia de protestarle al presidente Santos. Así estalló el 19 de agosto del 2013 un paro agrario, que como bola de nieve fue involucrando más sectores hasta volverse incontenible. Se unieron cultivadores de diferentes productos, mineros y camioneros; y en solidaridad marcharon indígenas, educadores, estudiantes, sindicatos, movimientos políticos comunistas como Marcha Patriótica, y con ellos guerrilleros infiltrados, vándalos y encapuchados, quienes con fiera agresividad reprodujeron imágenes propias del Bogotazo. La mano de las Farc fue evidente en los desmanes Ya en junio de ese mismo año las manifestaciones de erradicadores de coca en el Catatumbo habían traslucido con sus peticiones y violencia las pretensiones de las Farc. Bloqueadas las vías, el país se paralizó y algunos pueblos y ciudades comenzaron a desabastecerse. Aunque todos los días fueron de bloqueos, enfado y destrozos, la cresta de su barbarie se vivió en Bogotá el 29 de agosto cuando en medio de las protestas los vándalos fueron incontrolables. Nunca los medios habían registrado tanta barbarie en las protestas.
** En noviembre del 2012 comenzaron en La Habana los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc. Pero tal ha sido la voluntad de paz de la guerrilla que permanentemente ha cometido acciones terroristas, Con cinismo llegó a ofrecer públicamente hombres y armas a quienes protestaban.
*** Gustavo Petro, Iván Cepeda, Jorge Enrique Robledo y Piedad Córdoba, representantes de la izquierda más recalcitrante.

jueves, 25 de abril de 2013

EL DÏA DEL IDIOMA, HISTORIA DE UNA CELEBRACIÓN


El Día del idioma se instituyó en Colombia hace 75 años, durante el gobierno del presidente Alfonso López Pumarejo, quien gobernó el país entre 1934 y 1938.

Mediante el decreto 707 del 23 de abril de 1938 se determinó que el Día del Idioma se celebraría en Colombia el día 23 de abril, conmemorando el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, la figura más relevante de las letras españolas, fallecido ese día de 1616. El Ministro de Educación era José Joaquín Castro Martínez.

Veintidós años después, en 1960, con motivo de la realización, entre el 27 de julio y el 6 de agosto, del III Congreso de Academias de la Lengua Española, en Bogotá, el gobierno del presidente Alberto Lleras Camargo sancionó la ley 2 de ese año, la cual dictó “medidas para la defensa del idioma patrio”, y consagró en su artículo tercero el espíritu del decreto 707 anteriormente mencionado. La nueva norma fue reglamentada mediante el decreto 189 de 1964.

Muchos años después de que se hiciera en Colombia, el Instituto Cervantes, institución española de carácter cultural, creada por ese gobierno en mayo de 1991 para la promoción y enseñanza del español, instituyó la conmemoración del día del idioma.

Antecedente anterior al colombiano no he encontrado. Aún Cuba, que lo celebra desde 1944, comenzó a hacerlo 6 años después de nuestra patria. Bien puede pensarse que la conmemoración colombiana fue inspiradora para otras latitudes.

En los años veinte del siglo pasado el escritor y editor valenciano Vicente Clavel Andrés propuso dedicar un día al Libro Español. Acogida su idea, se sugirió la fecha del nacimiento de Cervantes -7 de octubre- para celebrarlo, pero el decreto real de 1926, del rey Alfonso XIII, estableció la fecha de su muerte: 23 de abril. De tal manera que el Día del Idioma y el del Libro confluyeron  en la misma fecha. Tal vez por ello hay quienes creen que el día del Idioma Español se remonta a la norma de 1926.

En internet también circula en forma reiterada la fecha del 13 de octubre de 1946 como la de aprobación del Día Mundial de nuestro idioma. La afirmación, parca por cierto, se repite página tras página, como una copia textual una de otra, con la misma redacción, los mismos paréntesis, las mismas comas, en el más descarado “copie y pegue” difundido por la red. El breve párrafo de 3 o 4 líneas, sin referencia ni reseña y en cientos de portales me resulta apócrifo.

Indudablemente los años desdibujan los hechos y dejan sin marco las tradiciones. A pesar de la palabra escrita, también, como en la tradición oral, los hechos se deforman o se olvidan. Básteme afirmar que en la internet, con todas sus bondades, circulan por igual verdades como disparates.

Del Día del Idioma pareciera que poco importan sus orígenes y el motivo que hizo proclamarlo. Pero toda tradición tiene una historia que no tiene por qué morir en el olvido.

Rescato en mis pesquisas que fue el decreto 707 del viernes 27 de mayo de 1938, y no el 708 como también se afirma, el que consagró el día que estamos festejando. El número 23787 del diario Oficial así nos lo atestigua. Tampoco fue en 1963 el III Congreso de Academias de la Lengua –otro error en la web-, sino en 1960. El mismo año de la Ley Segunda.

Ordenados y precisados tales pormenores, comparto con los interesados el resultado de mis indagaciones y transcribo las normas referidas como homenaje a la historia y al idioma.


DECRETO NUMERO 707 DEL 23 DE ABRIL DE 1938

Por el cual se instituye el día del Idioma

El Presidente de la República de Colombia, en uso de sus atribuciones legales,

DECRETA:

Artículo Primero.  Señálase el 23 de abril de cada año para celebrar el día del Idioma, como homenaje al insigne Miguel de Cervantes Saavedra.

Artículo Segundo. En los establecimientos de enseñanza primaria, secundaria y normal los respectivos maestros o profesores dictarán en ese día conferencias sobre el idioma castellano, y darán lectura a trozos escogidos del Quijote, o de otras obras célebres de la literatura española.

Artículo tercero. En las escuelas normales y en los colegios de enseñanza secundaria que dependan de la Nación se abrirán concursos para premiar el mejor estudio sobre el idioma castellano. Los alumnos vencedores recibirán del Ministerio de Educación Nacional un ejemplar del Quijote y una mención honorífica por sus méritos en la propaganda y defensa del idioma patrio. La calificación de los concursos se hará por comisiones formadas por miembros de la Academia de la Lengua.


Comuníquese y publíquese.

Dado en Bogotá el 23 de abril de 1938.


(Fdo.) ALFONSO LOPEZ PUMAREJO*


El Ministro de Educación Nacional,
(Fdo.) JOSE JOAQUIN CASTRO MARTNEZ*


* Obsérvese que en la época no se aplicaba la tilde a las mayúsculas.

LEY 2 DE 1960

Por la cual se dictan medidas para la defensa del idioma patrio
(Resalto dos de sus artículos)

Artículo primero. (Tácitamente derogado por el artículo 1° de la ley 14 de 1979, cuyo texto expresa: Los documentos de actuación oficial y todo nombre enseña, aviso de negocio, profesión o industria, y de artes, moda, al alcance común, se dirán y escribirán en la lengua española, salvo aquéllos que por constituir nombres propios o nombres industriales foráneos ni son traducibles ni convenientemente variables. […] En cualquier lugar donde se exhiban nombres extranjeros como aviso o rótulo de industria, o actividad pública de otra índole, que no estén amparados por registro nacional o tradición ya imprescindible, la autoridad política correspondiente ordenará su retiro, mediante notificación escrita y prudente plazo).

Artículo tercero. Señálase el 23 de abril, aniversario de la muerte de Cervantes, para recordar al autor del Quijote, y rendir culto al idioma. Todos los establecimientos docentes, públicos y privados, conmemorarán esta fecha. El Ministerio de Educación Nacional remitirá cada año sendos ejemplares del Quijote a los institutos oficiales de enseñanza secundaria y normalista, para que sean entregados en dicho día como premio al mejor alumno de lengua castellana.

BIBLIOGRAFÍA
Asociación de Academias de la Lengua Española Wikipedia (en línea). http://es.wikipedia.org/wiki/Asociaci%C3%B3n_de_Academias_de_la_Lengua_Espa%C3%B1ola (consulta: 12 abr 2013)
¿Cómo nació el día del idioma? Colombiaaprende (en línea) http://www.colombiaaprende.edu.co/html/home/1592/article-157141.html (consulta: 6 abr 2013)
Día del idioma, Wikipedia (en línea) http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_del_idioma (consulta: 6 abr 2013)
Día Internacional del idioma, día de encuentro con las culturas y las palabras. Centro Visual de noticias de la educación (en línea) http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-303295.html (consulta: 7 abr 2013)
Hortúa L, Luna CA. El derecho marcario, sus mecanismos de protección y procedimiento legal en el sistema jurídico colombiano (en línea) http://repositorio.uis.edu.co/jspui/bitstream/123456789/8187/2/114216.pdf (consulta: 6 abr 2013)
El día del idioma español. Ilustrados (en línea) http://www.ilustrados.com/tema/6196/idioma-espanol.html (consulta: 13 abr 2013)
Legislación Cultural en Colombia, Compendio. Ministerio de Cultura República de Colombia (en línea) www.mincultura.gov.co/?idcategoria=34384&download=Y (consulta: 7 abr 2013)
Ley 14 de 1979 Nivel Nacional consulta de la Norma (en línea) http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=268 (consulta: 8 de abr 2013)
Ministerio de Educación Nacional. Diario Oficial Año LXXIV Numero 23787 (en línea) http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-102718_archivo_pdf.pdf (consulta: 7 abr 2013)
Tercer Congreso de Academias de la Lengua Española: Actas y labores. Bogotá, Academia Colombiana, [Edit. Iqueima], 1961. 688 págs. (en línea) https://docs.google.com/viewer?a=v&q=cache:INI72UhE2DQJ:cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/16/TH_16_001_209_0.pdf+&hl=en&pid=bl&srcid=ADGEESgiZyTn5Wg9wurUo3N5vg5ixzyvomnGnhvSf4UPa40rEauNPlC3NzXdMxF8C7uuP6ZfhCBm8hFz6DaiDyw4ZBKpd7oGWcXQ3HGMRsu0y4trT8I0mRmnf3Jcjk6PPd1ODhIqYfAw&sig=AHIEtbRsqzizsnjyD5XL2AtV_70o0_nLuA (consulta: 7 abr 2013)
Un valenciano, Vicente Clavel, inventó el Día del Libro en Las Provincias (en línea) http://www.lasprovincias.es/prensa/20070422/cultura/valenciano-vicente-clavel-invento_20070422.html (consulta: 10 abr 2013)
Vicente Andrés Clavel, Ma Vida (en línea) http://www.llenguavalencianasi.com/mavida/biografies-c-01/vicent_clavel-c.htm (consulta: 10 abr 2013)

Luis María Murillo Sarmiento MD

sábado, 26 de enero de 2013

REFLEXIONES EN TORNO A LA FELICIDAD


Con jocosidad o en tono serio se ha comentado el ‘desaguisado’ que ubica a Colombia en el primer puesto del escalafón mundial de la felicidad. Un imposible concluyen los supuestos entendidos dada la infinidad de problemas que afronta el colombiano. Guerrilla, narcotráfico, violencia, desastres naturales, pobreza, desempleo, no dan, según su percepción, para que alguien pueda ser feliz en esta tierra. Y debo agregar yo, que también, un rotundo pesimismo, pues como no solemos hacer valoraciones imparciales el inventario nunca toma en cuenta los progresos del país en tantos frentes.
Para los nacionales Colombia es sencillamente pobre y atrasada así los indicadores nos ubiquen como la cuarta economía de América Latina apenas por debajo de Brasil México y Argentina (a la que hemos llegado a pisarle los talones), y la sexta de todo el continente.
“Venimos de un país pequeño”, resaltaba al enfrentar en un mundial al equipo de Corea del Norte una jugadora de fútbol colombiana, sin imaginar que Colombia con 1141748 kilómetros cuadrados  es el vigésimo sexto (26º) país en extensión sobre el planeta y Corea del Norte con 129540 kilómetros cuadrados apenas el nonagésimo noveno (99º), y que la pequeña patria que ella imaginaba tenía un PIB nominal de 365 mil millones de dólares, 12 veces superior al terruño de sus oponentes. Pero “venían de un país pequeño”, y con esa modestia no pudieron conseguir más que un empate.
Hay definitivamente discrepancia enorme entre la realidad y lo que de ella se percibe, y entre los motivos objetivos de desilusión y el sentimiento que al final aflora. ¿Será que por costumbre ensombrecemos la realidad  los colombianos a sabiendas de que vivimos en un mundo mejor que aquel que desacreditamos? Difícil poder ponerlo en duda. Es cierto en muchos casos. El colombiano por naturaleza es quejumbroso. Se queja, pero es indudable que su queja no siempre lo convence. Es un lamento de labios para afuera. En su interior sabe que se encuentra en mejor condición de la que expresa; o más interesante aún, si existe motivo real de descontento se conduele, pero suele ser indiferente a su lamento; se queja y acto seguido ríe, cual si el chaparrón de las penas se precipitara sin mojarlo. Definitivamente el pesimismo o el entorno adverso con el sentimiento de felicidad no riñen.
Felicidad e infelicidad hacen parte del mundo subjetivo del hombre, que es verídico -porque así lo percibe- solo para quien lo lleva dentro. Absurdo, si se quiere, para quien desde fuera lo percibe, pero no sujeto por ello a descalificación alguna. Ese es su mundo y ese su sentimiento, luego nadie más idóneo que su dueño para calificarlo. Por consiguiente si alguien dice que es feliz hay que creerle. No podemos obligar a ser feliz a alguien atiborrándolo de fortuna, ni infeliz colmándolo de desventuras: hay quienes felicidad han encontrado en el martirio. Lo que hace feliz a un hombre puede hacer a otro desdichado. Bástenos pensar que el sacrificio, habitualmente sinónimo de infelicidad, adquiere connotación laudable y jubilosa cuando se materializa en la felicidad del ser amado.
Descubro en la felicidad un estado de bienestar interior, de satisfacción consigo mismo, por lo que no depende tanto del mundo externo como del interno. De ahí la paradoja de que en medio de la adversidad se pueda ser dichoso. Ese carácter subjetivo de la felicidad es primordial para que la vida del hombre no sea una cadena perpetua de desilusiones. Para que se pueda sentir satisfacción con poco, dado que la abundancia es por lo general esquiva.
Considero que la felicidad mide la capacidad de adaptación de la persona, ello me explica que se puede ser feliz en la adversidad e infeliz en la fortuna, y que el amargado y el rencoroso -expresiones de desadaptación- no sean felices por más bendiciones que el mundo les depare.
Solemos considerar la felicidad como una consecuencia de sucesos, de motivos que la avivan o la frenan, pero tal vez no sea inexacto percibirla también como un mecanismo de defensa para sobreponerse al trauma continuo de la vida; una resiliencia en la que entre más feliz más se defiende el individuo del ambiente hostil y más goza con lo bueno que el mundo le depara.
Si así lo consentimos, tendremos que admitir que la felicidad está equitativamente repartida y no es un privilegio como la fortuna, pues por desheredada que parezca la persona puede acceder a ella. Basta que haga de su mundo interior un paraíso, así parezca un sicótico a la vista de quienes lo contemplan. Más prodigios hace la imaginación que la riqueza
¡Si el loco es feliz qué importa la cordura! Ser feliz es el empeño de todo ser humano.
¡Si un pueblo dice ser feliz que no se lo convenza de otra cosa!

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD.