miércoles, 27 de mayo de 2015

LA MATERNIDAD, MÁS QUE UN DOLOR DE PARTO


Haber asistido por casi siete lustros al milagro de la gestación y el nacimiento consolidó mi fe. El prodigio de la vida demanda la intervención divina. El azar no explica el mundo que yace bajo el microscopio, el que a simple vista perciben los sentidos, ni el descomunal que delata el telescopio.

La vida se da sin mayor intervención del hombre. Sabemos los obstetras que la vida comienza en un descuido, que son más los esfuerzos de la humanidad por impedir la gestación que por consentir el natural florecimiento de la vida. La creación está llamada a perpetuarse a pesar de la intención humana.

Como científico con alma de poeta y como poeta en la ciencia sumergido encuentro una  contradicción interior, que es tanto como la oposición entre el corazón y el raciocinio. La ciencia es objetiva y estricta, la poesía subjetiva y lisonjera. Como poeta ensalzaría a todas las madres y a todos los padres de la tierra, pero la razón me dice que es una ligereza. Por la vida alabo a Dios. ¡Es su proeza! Al humano escasamente le aplaudo que no siegue la vida: en una sociedad que desprecia los embriones y los fetos tenemos que aplaudirlo.

Sin criatura la maternidad no existe. Sin el hermoso y tierno don del crío carece el humano del aliento que impulse su aventura paternal. Cada alabanza a los progenitores debe ser un reconocimiento al fruto que los hizo padres. Y todo buen padre sabe que la misión comienza pero no termina; que carece de límites porque el bienestar del hijo demanda un mundo sin fronteras; un universo de amor y sacrificios; de angustias sin ambición de recompensa.

Celebremos, desde luego, la maternidad; pero no aquella que se acredita con un dolor de parto, sino la que el afecto, los desvelos, el ejemplo y la crianza certifica. Que se avergüencen quienes se graduaron en el alumbramiento, que se envanezcan quienes con las sienes plateadas siguen cumpliendo la tarea.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD.

martes, 20 de enero de 2015

LOS RACIOCINIOS LIGEROS

Un desfile en traje de baño de niñas menores de 12 años, durante el desarrollo de  Miss Tanguita en Barbosa, Santander, escandalizó a Colombia. 
Después de tantos años de convivir con el reinado algún malicioso desveló un abuso, casi que una trata de menores consentida por los padres. Una humanidad con poco seso le hizo el coro y el suceso se volvió noticia. Y la sociedad, que es maliciosa, comenzó a dudar de que los padres sean los naturales protectores de sus hijos. Investigaciones penales anunció la Fiscalía y pérdida de la patria potestad el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en auténtico circo de la satanización de autoridades que no controlan los verdaderos males. 
Pero en un país que lo trasgrede todo, que no se moviliza contra los crímenes más escalofriantes, la causa resulta nada coherente y poco convincente. 
El concurso será superfluo, banal –y la banalidad es el sello de la época- pero no llego a imaginar que pervertido. 
Casos como estos parten de ese pensar mal, cada vez más arraigado, propio de nuestra idiosincrasia. Del producto de la propia malicia que en los demás detectan quienes la proyectan. Porque suele ser la malicia un mal interior que más que en los demás anida en quienes la perciben. Producto han de ser, también, de un actuar impulsivo y sin análisis. 
Es propio de los niños imitar a los adultos: Aún guardo la foto de mis seis años con disfraz de médico. Y veo la de otros infantes con muñeco en brazos simulando ser padres de un bebé de caucho. Hasta de policías y ladrones han jugado por siglos los pequeños sin que indefectiblemente se vuelvan delincuentes. El juego, esta vez, era ser modelo. Es la lúdica infantil que la picardía del adulto desdibuja. 
De todo puede ocurrir en torno a Miss Tanguita si, como dicen, hay en juego oscuras pretensiones de acusadores y culpados. Yo creo en la ingenuidad de los padres que llevaron a sus hijas al concurso. Pensar que ellos prostituyen a sus hijas es un descomunal dislate. 
La respuesta no es doblegarse ante los fundamentalistas que también en esta patria están brotando, puritanos que hace tiempo perdieron su pureza. Es prudente una reflexión sin fanatismo. Creo, por ejemplo, que la mano del adulto en el concurso vuelve serio lo que debería ser juego. Si es de niñas, que sean ellas, bajo la supervisión de sus padres, las que lo organicen. Nada como la espontánea organización por las pequeñas para hacer del reinado algo realmente infantil y trasparente, alejándolo de ajenos intereses.  
La reacción es toda una inocentada, propia para el 28 de diciembre, pero ocurrió en enero. Una tormenta en un vaso de agua que refleja la superficialidad del pensamiento. 
Superficialidad que es cotidiana entre las multitudes y de la que no se salvan las personalidades. Un buen ejemplo, de moda en estos días, es la identificación exorbitante con la víctima: es ser la víctima. 
“Je suis Charlie Hebdo”, grita la multitud contra el abominable atentado al semanario parisino1. Yo me uno al rechazo contra esos engendros del mal que en su imbecilidad creen que Dios acepta el crimen como demostración de fe, pero no so soy Charlie, porque mi pensamiento –además alejado de la izquierda- no es el suyo; porque un ser humano puede ser parecido a otro, pero nunca idéntico. Yo soy yo, Charlie es Charlie. Y sigo siendo con el semanario igual de solidario. Más que ser Charlie: ¡Estamos con Charlie! 
Y otra ligereza mental de un mundo con ligerezas a granel corre por cuenta de una acción buena de nuestra policía; y no por liviandad suya, sino de quienes la juzgaron. 
Para una ciudad, como Bogotá, con las vías destrozadas por la desidia de su administración, todo arreglo debería recibirse con agrado. Sin embargo, una imagen de unos policías arreglando la tronera de una calle no fue unánimemente festejada. Desdeñando el beneficio patente de la acción, no faltó quien en vez de agradecerla se quejara, y tildara de indigna la acción cívica de los policías. Acaso más encomiable le parezca verlos a la caza indolente de inexistentes infracciones para llenar con comparendos las arcas de la Secretaria de la Movilidad. 
A diario y en todas partes brotan los ejemplos de los errores de expresión y de interpretación. Todos cometemos ligerezas producto de la impulsividad, el dogmatismo, el sesgo ideológico, el desconocimiento o la ingenuidad, que un poco de reflexión podría remediar haciéndonos atinados. Y podría reducir las controversias y las contiendas al llevar mediante el uso de la razón a similares conclusiones. La convivencia sería más amena. Entonces sí tendría sentido considerar al ser humano una criatura inteligente. 

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD. 

1 El 7 de enero del 2015 dos fundamentalistas musulmanes ingresaron a la sede del semanario armados con fusiles y asesinaron a varios de los periodistas en venganza por las caricaturas satíricas publicadas contra Mahoma y el islam. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

LA MATERNIDAD, MÁS QUE UN INSTINTO

La vida, que se da silvestre y que tan fácil brota, en su continuo florecer encierra la deslumbrante esencia del milagro. Las miles de gestaciones que he cuidado, los miles de nacimientos que he observado en tantos años de ejercer la medicina, no han podido aminorar mi asombro ante el prodigio de la vida. ¡La maternidad es un milagro!
No es mejor el hombre, porque subutiliza o desprecia los dones que le dieron, pero biológicamente es prueba fehaciente de una creación casi perfecta. De dos primordios diminutos en evolución admirable surge la réplica de un hombre en miniatura, una obra colosal que cabe en nuestras manos, el niño que tierno nos doblega. Y que en transformación constante, de criatura frágil se convierte en recia y vigorosa. ¿Cómo no rendirse ante la semilla que en el vientre de la mujer germina?  ¿Cómo no, ante la mujer que luego edificará la obra?
Porque la criatura que embriaga y enciende pasiones, y es también el refugio de las almas en trance de encarnarse, se encumbra con el instinto maternal tras el paso del hijo por su vientre. 
No es moralmente madre la mujer -ni padre el hombre- por trasmitir la vida. Engendrar es una proeza de Dios, no, una hazaña de los hombres. ¿Cuántas veces no es producto de un acto irreflexivo?
El instinto maternal, en cambio, a pesar de innato, parece por  su benignidad un fruto del espíritu. No busca, en lo biológico, la supervivencia egoísta del individuo sino la conservación generosa de la especie. Y trascendiendo lo natural e instintivo se ennoblece con el amor, la ternura, la dedicación y el cuidado hasta adquirir el carácter de una misión sublime. No es la vida el acto de amor, es la crianza, la formación, cuando a ella se aplican todas las virtudes. Por ello, “madre” es un título excelso que no se debería otorgar a toda mujer por el solo hecho de reproducirse.
Madre es la mujer que se desvive por el tesoro de su vientre. Madre es la mujer que pincela el porvenir del hijo con tintes de esperanza y baja del cielo el sol que lo ilumina. Madre es la mujer que depara felicidad a su criatura e imprime virtud en el libro inédito de su existencia. Madre es la mujer que pone en boca del hijo el alimento que debería saciarla. Madre es quien por cuidarle el sueño se desvela. Madre, es, en fin, quien hasta en el sacrificio por el hijo encuentra recompensa.
LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD.

martes, 18 de noviembre de 2014

EL EMBELECO DE LA PAZ DE SANTOS

Gran contrariedad ha debido sentir el presidente Santos al anunciar la suspensión del diálogo de La Habana con los subversivos. Sabemos que no es ese su talante. Apenas 24 horas atrás su intención era ampliar la lista de los delitos conexos con los políticos para satisfacer a una guerrilla cínica, ávido de beneficios y sin vocación de paz. El secuestro del general Rubén Darío Alzate por el frente 34 de las Farc torció sus planes, y su magnanimidad con los bandidos impuso un alto indeseado, por ende transitorio. Si liberan al general y a sus dos acompañantes se reanudarán los diálogos, ha hecho saber el presidente.
Suspender la negociación con una organización criminal diezmada es una necesaria manifestación de autoridad. Es demostrar que se tienen las riendas, que se tiene el poder y que se ejerce, que la tolerancia tiene límite y que quien va en pos de beneficios puede perderlos todos. Eso demanda una postura enhiesta, determinación y temple. Mensaje contundente que pueda doblegar al adversario. No es el del presidente Santos, que parece actuar sin convicción, solo por la fuerza de las circunstancias.
Si obrara su determinación, hace tiempos hubiera suspendido el diálogo. Nada justifica la barbarie en medio de una negociación para alcanzar la paz. Lo hubiera suspendido cuatro días atrás, cuando el 13 de noviembre secuestraron las Farc a dos soldados en Arauca; o el  5 de noviembre, cuando dos indígenas nasa fueron asesinados; el 26 de septiembre cuando once vehículos, incluida una ambulancia fueron incinerados; mejor aún, el 16 de septiembre cuando en una emboscada en Montelíbano fueron asesinados siete uniformados. ¿Por qué no el 21 de agosto cuando las Farc mataron a tres policías en la vía Panamericana? ¿O tras el ataque a civiles en Miranda, que cobró la vida de una niña de dos años? Hubiera sido tras el asesinato, en julio, de la hija de tres años de un patrullero en Arauca. Quizás, tras el derrumbamiento de torres eléctricas y la voladura del oleoducto Bicentenario que los antecedieron. Y solo he mencionado algunos hechos criminales de las Farc en los últimos cuatro meses.
Forzoso hubiera sido mucho antes, el 20 de julio del 2013, por ejemplo, cuando en plena fiesta patria esa guerrilla dio muerte en Arauca a 15 militares, o el 24 de agosto de ese año, cuando en el mismo departamento las Farc asesinaron a 14 soldados.
Si el diálogo solo se rompe por el efecto del peso de soles y galones, qué poco vale para el Presidente el sufrimiento de la tropa, qué poco la desolación de los civiles. 
Hemos perdido el norte: en aras de la paz ni se razona. Ante la mención de  la paz la gente se doblega. Estamos dispuestos a claudicar ante el agresor para agradarlo, para que tenga piedad y no nos crucifique. Ni siquiera nos acordamos de que las Farc estaban perdiendo la batalla. Ni digna, ni lógica, ni efectiva resulta esta conducta. Sin descifrar y desarmar las intenciones oscuras del interlocutor, el país va camino de su rendición y no del suceso victorioso que avizora.
Perdonar a quien se arrepiente tiene sentido, moralmente es un deber. Sobre la base del arrepentimiento sí se puede construir la paz. Es desmontar el conflicto por el derecho, desarmándolo desde sus raíces. El arrepentimiento a pesar de llevar consigo la comisión de una falta, tiene algo, acaso mucho, de filantropía.  Si es auténtico, reconoce el daño causado y lo deplora. Su autor se apena y se aflige. No pide, ofrece, quiere resarcir, convence de su buena intención, da certeza de que no repetirá la falta. Termina por ganarse el perdón. ¿Pero qué de todo esto hemos percibido tras dos años de conversaciones en La Habana? Solo observo unos bandidos en pos de privilegios, consentidos por el Gobierno, que siguen exigiendo y sembrando el terror; unos cínicos sin asomo alguno de remordimiento. ¿A esos el país rebajará todas sus faltas, premiará con curules y saciará la totalidad de sus demandas? ¡Qué insensatez! ¡Qué riesgo! ¡Qué pérdida de tiempo! ¡Qué despilfarro de energía!
Seamos claros: las Farc no representan a nadie, Colombia las detesta. ¿Qué sentido tiene entonces discutir con ellas modelos sociales, paradigmas políticos, estructura del Estado? ¿Más cuando se hace bajo la coacción del terrorismo y de las armas? Para debatir los problemas del país los subversivos son insignificantes, no dejan de ser unos pocos miles de facinerosos con tesis obsoletas, fracasadas, bajo las que subyacen sus verdaderos intereses: negocios ilícitos como el del narcotráfico. Cuando los colombianos queramos cambios los conseguiremos en las urnas.  
Cuanto se les rebaje a las Farc o con cuántos años de cárcel se las penalice resultaría secundario si hubiera arrepentimiento sincero y fehaciente. No habría tampoco desconfianza en los acuerdos que el Gobierno presenta como inofensivos. Todos hablaríamos de paz con la misma certidumbre.
No hay enemigos de la paz sino de la falacia. Colombianos no dispuestos a un perdón inaceptable. Los crímenes han sido demasiado graves para que sin asomo de arrepentimiento se perdonen. Salvo el perdón generoso -ingenuo pienso- de quienes realmente han sido víctimas, la indulgencia proviene de quienes nada han padecido. ¡Qué fácil es invitar a perdonar las faltas que contra otros con se cometen!
El mundo entero nos conmina a apoyar los diálogos, cual si fuera por culpa de los colombianos ofendidos y no de los tozudos guerrilleros, que siguen ofendiendo, que la paz no se consigue. Rotundamente me niego a su pedido.
La negociación con un rival sin vocación de paz no es digna de confianza. El arrepentimiento es la condición primordial en que el perdón se funda, y el arrepentimiento se demuestra con hechos de paz y no de guerra. No hay condiciones para la firma de la paz. Si se hace es un engaño. Y tras del engaño los miembros de las Farc seguirán delinquiendo bajo otra denominación, como ocurrió con los paramilitares.
Si los diálogos se acaban no será realmente mucho lo perdido.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD.

viernes, 14 de noviembre de 2014

FÉLIX RAFFÁN GÓMEZ, EL HOMBRE Y EL POETA

Conocí a Félix Raffán Gómez, como a tantos amigos de mi padre, en alguna esquina bogotana; en aquéllos años de infancia en que de la mano de papá atravesaba calles y recorría una ciudad concentrada en lo que hoy apenas es el Centro y Chapinero.

Solo con los años vine a saber quién era aquel señor de gabardina café con quien mis pasos terminaron por cruzarse en forma rutinaria. Fue para mí, primero, el periodista, luego, el poeta.

“Para mi noble amigo Luis María Murillo, varón excepcional de la historia científica de Colombia, quien ha hecho de la investigación un dogma de fe y de la amistad sincera un sacramento”. Esta dedicatoria a mi padre, en sus Poemas de puño y letra, en marzo de 1974, me introdujo en una nueva dimensión de aquel hombre que ya como periodista era importante.

Muchos poemas de aquella obra eran mínimos, como el mismo los había titulado, breves y hermosos invitaban a la degustación exquisita, se bebían raudos, se disfrutaban con avidez, se terminaban de leer en un instante. Los había hallado por causalidad, revisando la biblioteca de papá, tras su muerte, seis meses después de la dedicatoria.

Tras aquella aflicción, me seguí encontrando, y por mucho tiempo, a aquel hombre admirable, cuando nuestros pasos se terminaron por cruzar regularmente al ser vecinos del mismo barrio. “A fuego lento”, solía decirme al responder mi saludo. Y “a fuego lento”, terminé, como él, por definir la vida. 

Para mí la memoria de Félix Raffán es entrañable, por aquellos recuerdos, desde luego, pero también por ser el padre de uno de mis amigos más preciados, Fernando Raffán Sanabria, condiscípulo en la facultad de Medicina del Rosario, médico anestesiólogo y prologuista de una de mis obras.

Quiero que conozcan, recuerden y admiren a Félix Raffán Gómez,

La vida de un hombre como él llena extensas páginas, yo la resumiré, para ser breve, en pocas líneas, pero sembrando la inquietud para que se profundice en su vida y en su obra.

Florida, Valle del Cauca, vio nacer a Félix Raffán el 17 de julio de 1918. Su alma, brotada para menesteres intelectuales, rápidamente se vio entregada al periodismo, la educación, la literatura y el derecho.

Fue redactor estudiantil, obvio oficio para su vocación temprana. Tras sus estudios secundarios en el colegio Santa Librada de Cali y en el Universitario de Bogotá estudió derecho y se graduó de abogado en el Externado de Colombia en 1947. Ávido intelectual, también estudio en la Universidad Libre filosofía. Fue juez y profesor universitario. Estudiantes de la Javeriana, Inpahu y Los Libertadores recibieron sus lecciones.
Siempre fiel a sus inclinaciones periodísticas, dirigió, simultáneamente con sus estudios universitarios, revistas y medios informativos. Fue jefe de redacción del diario La Razón de Bogotá, entregando en sus páginas la primera notica escrita sobre el asesinato de Gaitán. Fundó el periódico El Liberal del Valle del Cauca y se enroló, por invitación del presidente Eduardo Santos, en El Tiempo, diario bogotano con el que compartió más de treinta años de su vida. Entre tanto a periódicos extranjeros como El Telégrafo, de Guayaquil; La Estrella, de Panamá; The New York Times y el Excelsior, de México, llegaban sus colaboraciones.   
En solitario, o secundado por parecidos quijotes, fue fundador de revistas, periódicos, centros de estudios, asociaciones y academias, emparentados siempre con sus nobles oficios intelectuales, algunos fugaces, otros perdurables, como el reconocido CPB, Círculo de Periodistas de Bogotá. De sus andanzas literarias como el Círculo Literario de Bogotá y el Centro Poético de Bogotá, debo confesar que desconozco su suerte.

Su poema “Paisaje”, galardonado con el premio Pluma de Oro de la Academia de Letras Castellanas de Nueva York será siempre mención obligada de sus letras, pero sus escritos son muchos más, e igual de trascendentes. Sus libros alcanzan la veintena. A más de los poéticos, los hay didácticos, sociológicos y biográficos. Son algunos de sus títulos: Poemas de puño y letra, Agua y cántaros, Transparencia, Canción de la sangre, La profesión periodística en Colombia, Poemas didácticos infantiles y los derechos del niño, La vida increíble del aviador Valdés Tavera y El caballero del espíritu (biografía de Juan Lozano y Lozano).

Un día de 1996, el 22 de abril exactamente, debimos despedirlo de su trasegar terreno. El Día del Idioma fue inhumado. Oculto mensaje del destino al despedir ese día a quien a las letras consagró su aliento. Una biblioteca estatal y un colegio de Florida (Valle) lo recuerdan, y más que eso, como todo hombre que trasciende, helo aquí, hoy, compartiendo su obra con nosotros.

POEMAS DE FÉLIX RAFFÁN GÓMEZ

PAISAJE RURAL

Paz fluorescente del día
sobre tierras de cobalto,
atisbo de lábil salto,
tallado en la lejanía.
Rompe la esquela del día
la negra espada de un vuelo,
mientras la raza en desvelo
musita fértil plegaria
a la placidez agraria
que lanza aromas al Cielo.

LA LÁGRIMA

Imagen del amor
o de la pena,
miniatura del hombre
y de la mar,
expresión transparente
de la vida,
y antítesis de oscura
claridad.

NOCTURNO

La luz de la luna llena
aclara la voz del grillo
que gime cerca a la charca
con su dolor sin alivio.
Entre tanto el agua mansa
sueña en ser nube de estío.

ANSIEDAD

Clepsidra rota en que vertí la arena
de mi arduo batallar hacia el olvido,
Espera inútil del amor transido
ante el fuego silente de mi pena.
Noche sin sueño bajo la serena
resignación tenaz de lo perdido;
como los niños pobres he nacido,
condenado a mirar la dicha ajena.
Mi vida es un feral desasosiego,
va izando la inquietud de su bandera
en la roca del terco laborar.
Y ansía lo imposible como un ciego
que con las manos contemplar quisiera
los paisajes espléndidos del mar.



SONETO A UNA CRUZ DE PIEDRA

Marmórea flor para signar la altura
entre el cielo y la rosa vacilante,
castillo del amor, que cada instante
funde la llama con la noche oscura.
Medida del dolor y la amargura,
eternidad gozosa y anhelante,
génesis de la fuente rutilante
donde se igualan paz
y luz ventura.
Signo de redención y de armonía
para romper tinieblas y pavura,
cual la brillante plenitud del día.
Aquesta cruz de piedra, es un mensaje
puesto en la cima de la roca dura
como una bendición sobre el paisaje.

ORACIÓN AL PAN

Padre pan que mitigas el hambre
al labriego, al mendigo, al zagal;
al penado que envidia las nubes
y al buen santo que encarna la paz.
Padre pan que te entregas al mundo
en substancia de trigo candeal,
y te empapas en zumo de vides
en un rito de amor celestial.
Padre pan que te das al obrero
en anhelos de suma ansiedad,
al enfermo y la madre que espera
un milagro de amor germinal.
Padre pan que vigilas el sueño
de los niños en cruda orfandad,
sé con ellos calor generoso
y en su cuna no faltes jamás.
Padre pan, tu que llenas despensas
a los ricos, al rey y al sultán,
dános siempre la gracia de verte
presidiendo el mantel familiar.
Padre pan que apaciguas el odio
y eres nuestro y ajeno a la par,
elimina la angustia del hombre
con raudales de eterna bondad.
Padre pan que ennobleces la vida
y cimientas la paz del hogar,
resplandece en la mesa del pobre
como Dios en la luz estelar.



BIBLIOGRAFÍA

Echavarría, Rogelio, Quién es quién en la poesía colombiana, en Biblioteca Virtual de la Biblioteca Luis Ángel Arango. 
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/quien/quien18a.htm visita 22/10/2014

Félix Raffán, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-283323 23.4.1996

Perry, Oliverio. Quién es quién en Venezuela, Panamá, ecuador y  Colombia, Editprial ARGRA 1952 pág 922

Perry, Oliverio. Quién es quién en Colombia, Editorial ARGRA, Cuarta edición, 1970 pág 340

Raffán G, Félix Poemas de Puño y Letra,

RAFAEL POMBO, POETA PARA NIÑOS Y PARA TODAS LAS EDADES - PERFILES DEL POETA

El año en su carrera rauda se termina, y este octubre, no es más que el anuncio de otra Navidad que se avecina. Ya veo al final del mes a los niños disfrazados, desfilando por las casas… pidiendo caramelos. Cuánta ternura encierran sus vidas inocentes. Cuánto futuro su historia inexplorada. Ellos son el bien de la patria… o su desgracia. Todo depende del buen abono que nutra la semilla. Dediquémonos a ellos con la responsabilidad y el amor que el fruto fresco nos demanda. Sembremos virtud y hagámoslos felices, de pronto, así, forjemos una Colombia con buenos ciudadanos.

Hagamos, hoy, de los niños, el centro de nuestra atención. Honrémoslos. Dediquemos esta tertulia a ellos y a quienes enriquecieron el mundo de la infancia.  

Yo recordaré a un poeta que ha sido por tradición el de los niños: Rafael Pombo, el de la niñez de los abuelos, el de la niñez de nuestros nietos; poeta de los niños, y poeta de los viejos, en fin, poeta de todas las edades. Porque es el de la infancia de numerosas generaciones, pero también, porque su poesía llena todo el espectro de la existencia humana.

Tal fue el hijo de Ana María Rebolledo y Lino de Pombo, personajes de la aristocracia payanesa cuyas tumbas, convertidas en una sola morada, topé en recorrido reciente por la galería central del Cementerio Central de Bogotá. Allí también se encuentra el mausoleo del poeta bogotano. El que nació el 7 de noviembre de 1833 y murió el 15 mayo de 1912.

Fue Pombo un poeta sin hijos, que cantó a los hijos de los millones que sí los engendraron. Y cuyos cuentos y fábulas seguirán aguardando que nuevas criaturas asomen a la vida.

Sin embargo su obra es más que poesía infantil. Descubro en el autor un poeta integral, capaz de circunscribir con sus letras todos los tópicos que pueden albergarse en un poema. Pombo es tierno, infantil, melancólico, filosófico, naturalista, crítico, intelectual, burlón, belicoso, ético, aleccionador, político. Él ilustra como ninguno cuánto un poeta puede hacer con los versos.

Fue versátil, multifacético, e incursionó en multitud de actividades. Fue poeta -si de enumeración se trata no sobra repetirlo-, diplomático, crítico, periodista cultural y político, soldado juvenil y revolucionario, políglota, libretista de ópera, traductor… hasta homeópata.

Fue versado en el latín, el alemán, el francés, el inglés, el italiano, el portugués, fue traductor de Byron y de Horacio. Un traductor singular, capaz de superar con su creatividad el texto original. Eso no lo saben quienes no conocen, por ejemplo, el texto inglés del siglo XVIII que dio origen a Simón el Bobito. Hasta plagiario lo llamaron. ¡Terrible desatino! Cuando comparo la fuente original y la genialidad del bogotano, descubro que convierte una sencilla canción de cuna de tres estrofas, un poema acaso insípido, en un formidable poema infantil de 15 estrofas.

Rafael Pombo nos dejó alrededor de dos centenares de fábulas y cuentos, cuya enumeración en esta sesión no tiene objeto: sobra cuando nuestra mente los guarda inalterables. Porque desde la tierna infancia, con la misma familiaridad con que brota nuestro nombre, brotan los versos tras la sola mención de las palabras  introductorias del poema. ¿Quién no terminaría estos versos?: “Pastorcita perdió sus ovejas”… “¿y quién sabe por dónde andarán”. “El hijo de Rana”… “Rinrín Renacuajo, salió esta mañana muy tieso y muy majo”. “Simón el Bobito llamó al pastelero:”…“¡A ver los pasteles! ¡Los quiero probar!”. “Era una pobre viejecita”… “sin nadita que comer”. “Mirringa Mirronga, la gata candonga”… “va a dar un convite jugando escondite”.

Pombo fue genial, y un prodigio juvenil. Algunas de sus afamadas obras como “Horas de tinieblas”, “Los filibusteros”, los poemas suscritos por Edda, brotaron antes de que el poeta cumpliera los 23 años.

La vida y obra de Rafael Pombo es pródiga en contrastes. Vivió diecisiete años en Estados Unidos, once de ellos como diplomático en Nueva York, y fue un antimperialista consumado. Claro, eran los tiempos del filibusterismo, aquella práctica abusiva que proclamaba la doctrina del Destino Manifiesto,  resumida en la muy conocida frase “América para los americanos”, con la que Estados Unidos se apropió de muchos territorios.

Fue tildado de agnóstico y ateo, creo que en superficial interpretación de sus reclamos por males y dolores de este mundo. Yo encuentro, en cambio, en su profusa poesía moral y religiosa, muy poco conocida, un hombre profundamente religioso, creyente y confundido. Un hombre que cree en Dios, pero le asusta; un hombre que cree en su poder, pero llega a desconfiar de su bondad. Que espera más de Dios ante la imperfección y la desolación del mundo. Tanto habla de Dios que no lo niega; y que llega a afirmar en su reclamo: “la imperfección que no sosiega prueba al Perfecto, como el cuerdo al loco”.

Pombo fue poeta de lo social en cuanto sus versos se convertían en crónica de lo trascendente e intrascendente de su tiempo. Traspiraba versos, plasmaba y enjuiciaba la realidad con ellos, escribía versos de circunstancia. Ese vicio de hacerle versos a lo trascendente como a lo frugal, fue incomprendido, y terminó en la burla pública. Pero de la burla justamente se pasó al desagravio. Esa fue la historia de su coronación. Jesús del Corral y Alfredo Gómez, periodistas amigos suyos, afligidos con las burlas al poeta decidieron promover un homenaje nacional para compensarlo. La respuesta fue multitudinaria, Pombo fue coronado  el 20 de agosto de 1905 en el Teatro Colón como Poeta Nacional, sus sienes lucieron una corona de oro donada por el presidente de la República Rafael Reyes.

La pluma de este poeta, he dicho, fue multifacética. Así podemos encontrar el Pombo infantil de Simón el Bobito:

“Hizo Simoncito un pastel de nieve / Y a asar en las brasas hambriento lo echó, / Pero el pastelito se deshizo en breve, Y apagó las brasas y nada comió // Se lavó con negro de embolar zapatos / Porque su mamita no le dio jabón, / Y cuando cazaban ratones los gatos / Espantaba al gato gritando: ¡ratón!”.

El Pombo moralista de “El sermón del caimán”:

“Iba un paisano caimán / Más hambriento que alma en pena / Corriendo tras un gañán / Que sorprendió de holgazán / A orillas del Magdalena. […] // En zigzag trotó el patán, / Y fue táctica maestra / porque en girar no es muy diestra / la mole de don caimán. […] // Este colérico al fin / Gritó al gañán… / Ande usted siempre derecho, cual lo exige la virtud… // La virtud del monstruo aquel / Es la de todo malvado, /  Provechosa sólo a él / Para enlazar su cordel / Al cuello del hombre honrado”.

El Pombo pedagogo de “Abecedario retahíla” y “Alfabeto imaginario”:

N: “Luego viene doña N /  Con trabajo, / Que entre dos varillas tiene, / Punta arriba, / Punta abajo, / Una viga atravesada / Como un codo, / Que no cupo de otro modo”.
Ñ: “Y la Ñ es igualita, / Con un pero, / Que salió como a visita / Y se puso su sombrero”.
K: A la K se le quebró / El palo de la derecha / Que como punta de flecha / Contra el centro se dobló”.
T: “Cruz sin cabeza es la T / O ancho martillo de herrero / O lezna de carpintero / Como la usó San José”.

El Pombo romántico de “Mi amor” (1855). Aquel bardo cuasiadolescente que bajo el seudónimo de “Edda” fue una poetisa ovacionada. Seguido en sus versos y suspiros por jóvenes enamoradas que ni remotamente imaginaron tras de aquellos versos el latir de un pecho masculino:

“Era mi vida el lóbrego vacío, / Era mi corazón la estéril nada; / Pero me viste tú, dulce amor mío, / Y creóme un universo tu mirada. […] // Si esto es amor, ¡oh joven yo te amo! / Y si esto es gratitud, ¡yo te bendigo! / Yo mi adorado, mi señor te amo; / Que otras te den el título de amigo”.

El Pombo naturalista de “Quién supieres pintar”:

“¡Oh cielo hermoso! ¡Oh hermoso mundo! / Quien te pudiera pintar así, / Con esos montes, con esas aguas, / Con esa magia de ardientes fraguas / ¡Do el sol se funde para morir!”.

El Pombo filosófico de “Hora de tinieblas” (1855):

“Oh, qué misterio espantoso / ¡Es este de la existencia! / ¡Revélame algo, conciencia! / ¡Háblame, Dios poderoso! / Hay no sé qué pavoroso / En el ser de nuestro ser. / ¿Por qué vine yo a nacer? / ¿Quién a padecer me obligue? / ¿Quién dio esa ley enemiga / De ser para padecer? // ¡Sabios funestos, callaos! / El caos físico ha cesado, / Pero el que lo hizo ha dejado / Al espíritu en un caos. / ¡Pobres hombres! revolcaos / Mintiendo felicidad; / Yo entre tanta oscuridad / Rebelde contra mi suerte, / Ansío deberle a la muerte, / O la nada o la verdad”.

El Pombo religioso de “La medida del pecado”:

“Contra un Dios infinito hemos pecado; / Por Él nuestro pecado es infinito. / […] // No sólo me creó. Por culpa mía / Bajó a morir clavado en un madero / Y sigue allí muriendo cada día; // Y libre por él, yo, su heredero / Ingrato y alevoso todavía / Con diarias culpas en su cruz lo hiero.”

O el religioso de “La fe inerte”:

“Peor que el que no cree, ni creyó nada / Es el que cree y calla, y no practica; / Porque el otro, a sabiendas, justifica / Y a ser su vil comparsa se degrada. // Quizá Dios de aquel mísero se apiada; / Donde no hay luz la ceguedad se explica. / Pero éste la hubo, y no la testifica, / Y ella en su contra dispondrá indignada.”

El Pombo antimperialista de “Los filibusteros” (1856):

“Venid a conquistarnos, vosotros, heces pútridas / de las venales cárceles del libre Septentrión; / Venid, venid, apóstoles de la sin par república / Con el hachón del bárbaro y el rifle del ladrón”.

El Pombo político, contra la dictadura de José María Melo (1854):

“Seis meses ya de infamia y de vergüenza, / ¡Seis meses de rapiña y tiranía! / Seis siglos para ti Granada mía / Que eternos en tu frente pasarán.”

El Pombo de situaciones de la boda de sus amigos Ignacio Osorio y Antonia Orrantia:

“De dos amantes venenos / Se hizo un néctar conyugal, / Ya el singular es plural /, Ya son propios sus ajenos. / Hay una soltera menos, Hay una casada más; / Ya es de veras un quizás, / Y hacen dos una existencia: / ¡Cuánta extraña consecuencia, / Más las que vengan detrás!”.      
                                                                                        
El Pombo epistolar:

“Sr. D. Manuel Pombo
Octubre 3 - 49
Con mucho agrado recibí la suya / Fechada en 19 del pasado / En la que dice Ud. que ya me encuentra / en escribirle más formalizado, […] // Esta por ir en verso le suplico / La aprecie en un valor por duplicado / Pues quiero expiar a costa de la musa / lo que una distracción haya causado; / Y le encarezco que correspondencia / Para más gusto en verso establezcamos”.

Pombo es inagotable, básteme decir que su “Poesía inédita y olvidada”, título con que Héctor Orjuela bautizó los dos volúmenes que el Instituto Caro y Cuervo publicó en 1970 con la obra menos difundida del poeta bogotano, sobrepasa las 1300 páginas. Así, que justo es que esta nota termine y que a quienes motivó su lectura vayan calmadamente en pos su vida y de su obra.


Luis María Murillo Sarmiento MD.
Vicepresidente Centro Poético Colombiano
Biblioteca Nacional de Colombia
3 de octubre del 2014

Bibliografía
Orjuela, Héctor. Rafael Pombo – Poesía Inédita y Olvidada Tomo I, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1970
Orjuela, Héctor. Rafael Pombo – Poesía Inédita y Olvidada Tomo II, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1970
Pombo, Rafael. Cuentos pintados, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1955

martes, 2 de septiembre de 2014

EL HIPERTROFIADO DERECHO DE LAS MINORÍAS

Con la complicidad de leyes y fallos judiciales las mayorías terminarán siendo oprimidas por las minorías, y los incluidos por los discriminados; proceso regresivo, absurdo, y contrario a las conquistas de la democracia. Pero nada extraño en todo caso: El hombre común no busca el equilibrio, la equidad y la justicia que pregona, sino el predominio de sus intereses. Por ello hoy en Sudáfrica son los blancos los que padecen la discriminación; o en Colombia son los hombres los que mueren ante la indiferencia de las feministas, que solo condenan los homicidios de mujeres, cuando son nueve veces más los hombres que son asesinados. Tal vez si la humanidad tuviera que luchar contra otra especie se uniría, de lo contrario, está condenada a solo defender el interés de sus fracciones. 

Los signos que advertimos son clara manifestación de que la dictadura de las minorías ha comenzado, y de que los tenidos por discriminados intimidan. Y lo hacen con la complicidad de no pocos legisladores y magistrados pusilánimes, y con el apoyo de la masa, que es ingenua o poco reflexiona.

La minoría suele ser reducida en número, pero desmedida en apetitos. Todas anhelan preponderancia sobra la mayoría. A ese paso la excepción resultará más deseable que la regla. 

Veamos por ejemplo la homosexualidad. No es normal, pero tampoco es un pecado. La persecución, la ejecución, la tortura y la humillación que en el pasado sus afectados padecieron, con toda razón son hoy inadmisibles. Sin embargo, no parece justo que a la tolerancia de la sociedad con los homosexuales ellos respondan con impertinencia y con comportamientos que convierten el recato en insolencia, cual si nos reprocharan la normalidad a los heterosexuales. Sus derechos no son ilimitados, y reclamar igualdad resulta difícil basándose en tan protuberantes diferencias. A puerta cerrada deben ser libres de hacer cuanto les plazca. Que les formalicen su contrato de convivencia y les den los privilegios que reclaman, en nada me molesta. Pero sí me resulta entre extravagante y divertido el terco empecinamiento de posar de matrimonio; y francamente grave, su obstinación en la adopción de niños. 

Lo natural es que un hijo tenga padre y madre, que a la vez sean de diferente género y se complementen. Su formación indudablemente lo demanda. Dos padres o dos madres son un inaceptable despropósito. Por más que tergiversemos el concepto tenemos que admitir que dos hombres o dos mujeres definitivamente no procrean: son las leyes naturales más poderosas y más sabias que las míseras mortales… por más que una corte “omnipotente” lo pretenda. 

Los hijos son un fin, no son un medio. El objetivo de la adopción no es complacer a unos adultos, sino garantizarle a los pequeño sus derechos. Someter a un niño al cuidado de dos padres o dos madres, negándoles la presencia de la figura parental del otro sexo es un absurdo. Muchos adultos afirmarán que jamás hubieran aceptado un hogar en tales condiciones, ¿qué hace suponer que el niño dado en adopción a una pareja homosexual sí deba hacerlo? Ante la duda la abstención es un criterio sabio. Lo más natural es lo que debe al niño proveerse, no la opción experimental y por capricho, en la que no hay más que ligeras conjeturas. 

Tal tipo de adopciones es un experimento que viola autonomías. La del niño que no puede expresarse, pero que debe interpretarse y decidirse a la luz de lo natural, lo habitual y lo probado, y no bajo el criterio de lo extraño, irregular e improvisado -no es el niño un conejillo de indias-; y la de los padres biológicos -ellos más “dueños”, que los extraños, de esa vida- cuya determinación se ignora negligentemente. 

En otro ejemplo de esta dictadura que postulo, traigo el caso de las negritudes. Recientemente en Cali un aviso dio para el linchamiento moral, que también hubiera sido físico, del autor de ese clasificado. Buscaba el desafortunado médico una colega joven de piel blanca. El personero, una organización antirracista –esto es, que practica la discriminación de otra manera- y muchos irascibles afectados pidieron la suspensión de la licencia profesional del implicado, la expulsión de la clínica en la que laboraba, amén de infinidad de agravios y amenazas. El autor del clasificado, amedrentado y humillado por la turba, no tuvo otra opción que doblegarse y ofrecer disculpas. 

Yo me pregunto de qué discriminación se estaba hablando. Porque buscar colega femenina discrimina al hombre, y pretenderla joven le niega la oportunidad a los maduros. Pero ni hombres ni profesionales viejos protestaron. ¿De dónde tanta exasperación de los negros y quienes los defienden? Si un médico negro el clasificado hubiera demandado, los no negros no hubieran protestado. En cambio intuyo que si se hubiera buscado hombre y no mujer, las feministas se habrían abalanzado. 

Estamos llegando a un estado extremo de irracionalidad en los conceptos. Una cosa es el respeto hacia a aquellos con quienes diferimos, otra, en nuestro entorno privado tener que soportarlos. ¿Si alguien busca pareja y la demanda blanca comete un exabrupto? ¿Deben aplicarle las leyes contra la discriminación? “No” es la respuesta de un juicio ponderado. Pero habría que ver la reacción de un enjambre hipersensible y quisquilloso. Si voy a compartir un consultorio debo hacerlo con quien mejor me siento. No pueden aplicarme normas que rigen para los sitios públicos. Yo, espontáneamente siento aprecio por los negros –no digo afrodescendientes, porque si África es la cuna de la humanidad afrodescendientes somos todos- pero debo entender que no todo el mundo les tenga simpatía. La simpatía como el amor y todo sentimiento, es ajeno al querer de las personas. Y por ello no se está agraviando a nadie. 

En materia de discriminación y minorías más que el derecho, que ya ha hecho lo debido, deben intervenir el buen juicio, la urbanidad y la moral. El respeto debe marcar la pauta. La mayoría no debe ser soberbia con quien se encuentra en desventaja, y la minoría debe respetar para que la respeten.

Luis María Murillo Sarmiento M.D.