viernes, 5 de septiembre de 2008

TRAS LA HUELLA DE JOSÉ CELESTINO MUTIS, EN EL SEGUNDO CENTENARIO DE SU MUERTE

Hace 200 años murió en Santafé de Bogotá José Celestino Mutis, Sus conocimientos profundos en muchas disciplinas dejaron honda huella en la cultura colombiana, Aunque representa la Expedición Botánica el mayor de sus legados, no es menor su aporte a la historia de la nuestra medicina. Como homenaje a su memoria destaco en este escrito (editado de otra de mis publicaciones) su paso por el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, y su imponderable papel en la organización de la mejor cátedra de medicina en el Virreinato de la Nueva Granada.

INTRODUCCIÓN
Fray Cristóbal de Torres, confesor en la corte de los reyes católicos, llegó al Nuevo Reino de Granada en 1635, con la misión de renovar la espiritualidad y la moral, que desde la distancia de los dos mundos se percibía arruinada por un clero ignorante y afecto a los bienes materiales. Felipe IV lo designó y Urbano VIII lo nombró octavo Arzobispo del Nuevo Reino de Granada en 1634. El célebre dominico concibió la fundación de un instituto de estudios superiores al percibir la rivalidad académica entre su comunidad y la compañía de Jesús, tranzadas en pleitos de carácter legal. "Hipotecando sus rentas y sus bienes por la suma de ciento diez mil pesos”, escribió Germán Pinilla Monroy, protocolizó su fundación con el escribano Tomás Guío Cervelló en 1645. Ese nuevo ente educativo, consagrado a la las cátedras de teología, leyes y medicina, es el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, construido en casas de la propiedad de Fray Cristóbal en la carrera sexta con calle catorce de la Bogotá actual. En 1651 recibió la aprobación real, que le concedió al colegio los mismos honores y privilegios de que gozaba el del Arzobispo de Salamanca. En la cumbre de sus 80 años y siete meses antes de su fallecimiento, Fray Cristóbal de Torres inauguró solemnemente su colegio, el 18 de diciembre de 1653.

APARICIÓN DE MUTIS EN SANTAFÉ DE BOGOTÁ
La cátedra de medicina tuvo un destino azaroso, con muchas interrupciones dependientes de la cuestionada idoneidad de sus docentes, y de la apatía de los jóvenes santafereños, poco adeptos al estudio de la medicina. No obstante en 1760 llegó a Cartagena y en febrero de 1761 a Santafé un joven médico gaditano que habría de convertirse en el padre de la medicina colombiana: José Celestino Bruno Mutis y Bosio. Había tomado en Sevilla los cuatro cursos de medicina: prima, vísperas método y anatomía, y cirugía, y había realizado los dos años de prácticas en Cádiz, para graduarse en 1755.

Su sabiduría fue manifiesta desde su misma llegada, al punto que el rector León y Herrera le ofreció la cátedra de medicina, la que no aceptó en consideración a quien la regentaba y por el tiempo que conllevaba la enseñanza. Mutis fue reacio a aceptar la cátedra en el Colegio del Rosario, probablemente porque sus planes eran demasiado serios y ambiciosos, nunca por falta de vocación académica, puesta de presente desde su llegada a Santafé con lecciones privadas de matemáticas y astronomía, que llevaron a Don José Joaquín Herrera y León a proponerle que las dictara en las aulas del Colegio. El 13 de Marzo de 1762 Mutis inició en el Rosario, y con él en el Nuevo Reino de Granada la cátedra de matemáticas. Sus lecciones habrían de introducir conceptos novedosos, revolucionarios para el Nuevo Mundo. Pero por difundir “doctrinas falsas”, que no eran otras que las indiscutibles enseñanzas del célebre astrónomo polaco -Nicolás Copérnico-, los religiosos de la Universidad Tomística llevaron ante la Inquisición el caso. Sus jueces sin embargo no se atrevieron a condenar ni a Copérnico, ni al sabio gaditano. Desde 1762 y hasta su muerte, seguiría Mutis vinculado a las cátedras del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, pero sólo hasta las postrimerías del siglo lo estaría a su Facultad de Medicina.

LA MEDICINA EN EL VIRREINATO DE LA NUEVA GRANADA
Muerto Don Vicente Román Cancino, prácticamente el primer profesor de medicina en la Colonia, volvió el ofrecimiento a Mutis. Su paciente, el Virrey Messía de la Zerda escribía: "Con él se conseguirá el alivio de tener médicos de suficiencia en esta ciudad, que hasta ahora ha vivido sujeta a los que aparecen o transitan de fuera, obligando la necesidad de valerse de ellos sin detenerse en examinar su talento y la legitimidad de sus títulos". Abstraído en sus investigaciones, Mutis nuevamente rechazó el cargo, que fue asumido ante el rector del Colegio del Rosario Miguel de Masústegui, por Juan Bautista de Vargas, discípulo de Román Cancino. El virrey confirmó a Vargas en enero de 1767 como catedrático de prima en medicina, y las lecciones comenzaron en 1768. Pero poca vida alcanzaron: Vargas poco docto, terminó por abandonar la cátedra. Aunque volvió a intentarla en 1774, la reforma educativa de Moreno y Escandón le impidió continuar. La facultad se cerró y Vargas finalmente no graduó a nadie. En 1777 Sebastián López Ruiz rechazó la cátedra y otro candidato, el padre Miguel de Isla se vio inhibido para regirla por no tener facultad para ejercer. Mutis seguía siendo el indicado, al ser el médico más sabio del Nuevo Reino.

En 1784 Francisco Vergara se encargó de la cátedra, pero flacos debieron ser sus oficios porque ni siquiera fueron considerados en el memorial del rector Caicedo al Virrey Mendinueta en 1799, pues le manifiesta su preocupación por reanudar la cátedra suspendida 26 años atrás desde la muerte de Vargas.

El padre Isla, quien continuaba interesado en la actividad académica, presentó ante Mutis en 1794 los exámenes pertinentes que demostraron su excepcional calidad médica. Mutis afirmó de él: "Aun cuando hubiese muchos profesores a escoger, ninguno lo aventajaría en las proporciones en que se halla constituido el Maestro Isla para el completo desempeño de la cátedra. Sus luces, su afición a todas las ciencias naturales, su constante aplicación, su genio para enseñar, de todo estoy bien asegurado. [...] Un profesor tan benemérito para dar principio a la enseñanza de una facultad tan interesante al consuelo de todas las provincias del virreinato, expuestas al azote de ignorantes curanderos y charlatanes advenedizos que se fingen médicos y tolera el gobierno por necesidad". En realidad hasta ese momento la cátedra había sido insuficiente y aunque había graduado médicos, éstos habían sido más de nombre; su bagaje científico no era ni extenso ni profundo. Faltaba el impulso renovador de Mutis. Del estado deplorable de la medicina en Santafé y el Nuevo Reino daban cuenta muchas quejas, entre ellas las de Sebastián López Ruiz, Juan de Arias, José Antonio Burdallo, y el mismo José Celestino Mutis.

MUTIS E ISLA EN EL COLEGIO DEL ROSARIO
En procura de un nuevo plan de estudios de medicina, el muy ilustre rector Fernando Caycedo y Flórez, quien mereciera el título de segundo fundador del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, sugirió al Virrey en 1798 su elaboración por el Sabio Mutis. El Virrey Mendinueta aceptó la solicitud en junio de 1799 y aprobó la reapertura de la cátedra regentada interinamente por el padre Isla. Solicitó además al Rey que eximiera al Padre Isla de los requisitos legales para recibir el grado, en gracia de sus profundos conocimientos médicos. Una cédula real de octubre de 1802 lo nombró catedrático de Medicina, sin necesidad de graduarse previamente.

Mutis e Isla presentaron el plan de estudios que dio vida nueva a la Facultad. Propuso Mutis al doctor Honorato Vila como profesor de anatomía, A Gil de Tejada para medicina teórica, al padre Isla para la medicina práctica y la clínica, a Sebastián López Ruiz para la doctrina hipocrática y a Francisco Antonio Zea para la botánica; además propuso un sueldo de 500 pesos anuales para cada profesor.

Los estudios contemplaban ocho años: cinco de teoría y tres de práctica. En el primero, anatomía teórica en el Colegio y práctica en el Hospital de San Juan de Dios -el más antiguo de Santafé, fundado desde 1564-, en el segundo instituciones médicas, en el tercero patología general y particular, en el cuarto y quinto doctrina hipocrática, y a continuación tres años prácticos en el hospital para recibir la licencia para ejercer. Los cirujanos, en cambio, en tres años debían realizar sus estudios teórico-prácticos: uno de anatomía, otro de instituciones quirúrgicas y otro de práctica quirúrgica. Existieron también los médicos romancistas a quienes no se les exigen estudios en latín. Mutis e Isla vieron la conveniencia de inculcar las ciencias exactas y la historia natural, y de atenuar la enseñanza de la metafísica y los autores latinos. Los estudiantes debían asistir diariamente al hospital a visitar a los enfermos, llevando evolución detallada del curso de su enfermedad y de los éxitos y errores de la terapéutica, y debían realizar prácticas quirúrgicas: no serán más, como hasta el momento había ocurrido, simples oyentes de la lectura de la cátedra prima. Mutis también abogó por la enseñanza del francés, inglés e italiano, idiomas en que se difundía los adelantos científicos de la época.

Fueron guía para los estudiantes las obras de Heister, Boerhaave, Hipócrates, Murray, Cullen, Lavoisier, Chaptal, Fourcroy, Ortega y Paláu, Switen, Sydenham, Morton, Gorter, Haller, Haen y Tissot.

En 1801 por orden real se separaron las facultades de Medicina y Cirugía, y un año después se nombró a Mutis regente de estudios por Cédula Real.

Las clases de anatomía se iniciaron el 18 de Octubre de 1802 con 16 estudiantes (dos de ellos de asistencia libre). Figuraron entre ellos Luis García, José García, Antonino Nacari, Joaquín Cagiao, Rafael Flórez, Buenaventura Torres y Vicente Gil de Tejada. Por primera vez se efectuaron disecciones completas de cadáveres en el Nuevo Reino.

El 18 de octubre del año siguiente se abrió el nuevo curso, enseñando las Instituciones de Boerhaave. El Hospital se quedó sin médico para la asistencia, pues el padre Isla se había dedicado por completo a la docencia. Fue tal su entusiasmo, que de sus propios recursos adquirió los implementos para la enseñanza.

El número de estudiantes creció, ingresaron entre otros José María Fernández, Miguel Domínguez, Esteban de la Quintana, José Fernández Madrid, Pedro Lasso de la Vega y Marcelino Hurtado. Gil de Tejada, el estudiante más brillante fue nombrado profesor substituto (monitor) de los estudiantes de primer año.

En mayo de 1804 Mutis e Isla introdujeron algunas reformas. Hicieron de la física mecánica, estática e hidráulica prerrequisito para el estudio de la medicina; enfatizaron la química, la botánica y la farmacia; insistieron en las disecciones de cadáveres humanos y animales en anatomía; dieron pautas para el estudio de la patología, de la fisiología, la semiología, la clínica, la cirugía y la terapéutica; todo al lado del paciente. Hasta las características climáticas y ambientales, y las enfermedades propias de las regiones en donde habrían de ejercer los nuevos médicos se concibieron en el desarrollo de la cátedra. Para repasar a los alumnos, se estableció un año de pasantía, en el que a la vez ayudaban al profesor en sus labores. A los cinco años de estudios los estudiantes debían recibir el título de bachiller y continuar en práctica diaria durante tres años en el hospital. A los cirujanos romancistas Mutis les impuo dos años de teoría y tres de práctica.

El 16 de Julio de 1805 Joaquín Cagiao fue el primer médico en graduarse, sustentando en el Colegio su tesis "De inflamatione et de febribus in genere Theses patologicae Quas Deo juvante et praeside D.D. Michaele Isla Medicinae Cathedrae Moderatore Regio tueri conabitur Joachin Cagiao Artium liberalium ac juriis civilis Boccalareus", primera tesis médica que se imprimió.

La enseñanza de medicina en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario era admirable, por ello Francisco Lee, rector de la Real Pontificia Universidad de Santo Tomás, rechazó en 1805 la costosa creación de la cátedra de medicina en su universidad.

En 1806 se graduaron Gil de Tejada y Miguel Domínguez y Flórez. También el padre Isla, quien por fin recibió su grado en la Universidad Angélica. Muerto Isla al año siguiente, fue reemplazado en la cátedra por Gil de Tejada, el más experimentado de sus discípulos. Fueron sus alumnos José Félix Merizalde, José Joaquín García, José Zapata, Miguel Ibáñez, Benito Osorio y Francisco Quijano.

El 11 de septiembre de 1808, apenas meses después de la dolorosa partida del padre Isla, el Colegio del Rosario debió sufrir la pérdida del sabio Mutis. Su ausencia se sentiría en todos los confines del virreinato, con razón afirmó Caldas: "Qué pérdida para las ciencias, para la Patria y para la virtud". Cumpliendo sus deseos, la iglesia del Monasterio de Santa Inés, lo acogió como su última morada.

En 1810 y previo al grito de independencia Gil de Tejada graduó a José Félix Merizalde y a otros de sus discípulos, pero más amigo de la monarquía que de la causa patriota, clausuró la cátedra. A la causa de la libertad se adhieren muchos médicos rosaristas. Terminó la colonia, y con ella el esplendoroso porvenir de la Facultad del Colegio del Rosario, pero siglo y medio después renacería.

LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO
Médico Rosarista


BIBLIOGRAFIA
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2 -Ariza Alberto E, Fr. Cristóbal de Torres, O.P. Ed. Kelly, Bogotá, 1974, 139p
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6 -Ibañez Pedro M. Crónicas de Bogotá. Editorial A B C, Bogotá, 1951, Tomo I, 475p
7 -Ibañez Pedro M. Crónicas de Bogotá. Editorial A B C, Bogotá, 1951, Tomo II, 498p
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9- Murillo Sarmiento Luis María, La cátedra de medicina en el Colegio Mayor de Nuestra del Rosario, de la Colonia a los albores de la República, en Revista Poliatría Vol 1, No. 2, 41-45, 1993
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11 -Pinilla Monroy Germán, Los conflictos interiores de Mutis, en Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario 73;35-44:1973
12 -Rodríguez Avellaneda A. José, Fray Cristobal de Torres Fundador del Colegio del Rosario en Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario 74;95-106:1974
13 -Soriano Lleras Andrés, La Medicina en el Nuevo Reino de Granada, durante la conquista y la colonia. Editorial Kelly, Bogotá, 2a. Ed. 1972, 348p.

1 comentario:

eva dijo...

Magnifico recordar al gran cientifico andaluz Celestino Mutis, desde nuestra humilde libreria EL ELEFANTE DEL RASTRO nos unimos al Segundo Centenario, poniendo a disposicion de toda persona interesada, varios ejemplares de la obra Flora de la real expedición botánica del nuevo Reino de Nueva Granada.

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Un saludo,